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Finca
La Anita nace a principio de los noventa de una idea, casi
obsesión: llevar adelante una experiencia única
en una vieja finca en Mendoza, en la ladera de los Andes.
Manuel y Antonio Mas, mendocinos, profesionales, decidimos,
aprovechando las bondades del lugar, los suelos y el clima,
poner en práctica, inflexiblemente, un proyecto inédito
en la actual vitivinicultura argentina.
Confinar en una finca, en setenta hectáreas de viñedos,
el intento de cultivar uvas de la mejor calidad, seleccionar
de cada cosecha los mejores frutos y, dentro de la finca,
evitando traslados que deterioran, eligiendo los momentos
más oportunos de cosecha y acompañando a las
uvas en todo su itinerario, producir nuestros vinos.
Nuestro modelo es el de antiguas bodegas artesanales, que
inmigrantes europeos desarrollaron en Mendoza a fines del
siglo XIX, siguiendo tradiciones aún vigentes en las
mejores casas vinícolas del viejo continente. Intentamos
rescatar estas usanzas, desplazadas en las últimas
décadas por el fenómeno de la producción
masificada, que se generalizó en nuestro país
conspirando contra la calidad de los vinos argentinos.
Orgullosamente podemos afirmar que Finca La Anita es única
en nuestro medio en el seguimiento de estos preceptos.
Sólo utilizamos uvas de nuestra producción y
elaboramos vinos sólo cuando éstas alcanzan
niveles de calidad que son nuestra preocupación fundamental.
Nuestros primeros varietales pertenecieron a la cosecha de
1993.
Producimos sólo cantidades muy limitadas de vinos,
lo que nos permite hacer un seguimiento intenso de cada momento
de la elaboración. Los dejamos descansar en el clima
del suelo en que nacieron, los embotellamos luego del reposo
que necesitan y los ofrecemos a nuestros amigos en la esperanza
de que, año a año, los vinos de Finca La Anita,
sean interpretados como fruto del esfuerzo que depositamos,
no en desarrollar un proyecto comercial de vasta extensión,
sino en la idea de que cada botella lleve en sí la
historia de la cosecha a que pertenece, del procedimiento
usado para su vinificación, del esmero y exigencia
depositados en cada elaboración limitada de un vino
de nuestra marca.
Mínima.
En el corazón de la finca, un viejo galpón alberga
nuestra bodega. Un recinto pequeño en el que
se muelen nuestras uvas, se las acompaña en sus fermentaciones,
descansan nuestros vinos hasta que los embotellamos, vestimos
las botellas y los ofrecemos a nuestros amigos. Todos los
procesos que se suceden desde la uva hasta el vino embotellado,
ocurren en la bodega de Finca La Anita.
Allí recibimos nuestras uvas recién cosechadas.
Allí se las deja enfriar, allí los hombres de
Finca La Anita, los mismos que las cultivaron, los que las
cosecharon, las acompañan en sus etapas de transformación
hacia nuestros vinos. Hemos optado por tanques de acero inoxidable
para los procesos de fermentación, y por barricas de
roble francés, de los bosques de Alliers para el descanso
de los vinos hasta su embotellado. En nuestra bodega sólo
ingresan las mejores uvas de cada cosecha, para pasar por
la experiencia mágica de, cada año, convertirse
en los vinos que, en potencia, encierran en sí.
Nuestra
finca, setenta hectáreas de ladera de la cordillera
de los Andes.
Al pie de los picos más altos, alejada de centros urbanos,
de rutas pavimentadas, entre la cordillera y las sierras de
Lunlunta, se recuesta al sol, Finca La Anita.
Dividida en ocho cuarteles, cuadros de viñedos en los
que cultivamos variedades de las mejores vides. Rodeada de
álamos, bañada por el sol de la montaña
y el reflejo de las nieves permanentes. Suelos aluvionales,
secos, porosos. Clima de desierto montañoso, riguroso
en los fríos del invierno y de días calurosos
de verano.
Noches de estrellas y de aire fresco de montaña. A
mil metros sobre el nivel del mar, en el silencio de las alturas,
crecen las vides que depuramos constantemente, buscando el
desarrollo de los mejores clones.
Sólo utilizamos procedimientos orgánicos en
el cultivo. Agua, la fertilidad del suelo estimulada únicamente
con abonos naturales, severas podas invernales para limitar
los rendimientos en beneficio de una concentración
potente de los aromas y sabores en nuestras cosechas.
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