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Marton Andina es una bodega, dedicada a elaborar nobles vinos
en partidas limitadas. Ubicados en Mendoza, en las mejores
zonas de producción de Argentina, hacemos artesanalmente
vinos superiores, obtenidos de estratégicos terruños.
Nuestros vinos son concebidos desde la viña como la
manifestación de un ideal. Hacemos vinos que nos dan
placer y nos dan orgullo, vinos para nuestra satisfacción
y para alegría y satisfacción de quienes nos
beben.
En nuestras fincas y en nuestra bodega realizamos el apasionante
proceso de plasmar en un fluido, en un mágico elixir,
nuestro interior y nuestra esencia, esencia que es la sangre
vital de nuestra cultura, la milenaria cultura del vino.
En bodega se cuenta con toda la tecnología necesaria
para poder concebir con éxito los grandes vinos buscados.
Esta tecnología posibilita conservar las virtudes que
las uvas traen del viñedo, favoreciendo su adecuada
transformación en vino.
Contamos con maquinaria especial, adecuada a los grandes vinos
que elaboramos. Nuestra idea es aportarle flexibilidad a la
elaboración con la posibilidad de elaborar en diferentes
terruños. Para ello nuestro equipamiento es dinámico.
Contamos con moledoras, prensas y equipos de frío que
podemos trasladar sin problemas a donde creamos conveniente.
Nuestros viñedos más destacados se ubican en
la zona alta del Río Mendoza, en las comarcas de Perdriel
y Lunlunta. En Lunlunta contamos con cuatro hectáreas
de un viñedo muy particular, exclusivo, en la ladera
de las Cuchillas de Lunlunta o Sierras de Lunlunta. El otro
viñedo es Perdriel, una centenaria viña ubicada
en la zona más destacada para el malbec Argentino.
Perdriel es nuestra casa, allí vivimos y nuestra integración
con la viña es absoluta.
Por elección, siempre estuvimos ligados a la montaña,
a los cerros y a las sierras de nuestro país. Desde
Salta hasta la Patagonia, desde Mendoza a las Sierras Atlánticas,
nuestra historia se hizo alimentándose y regándose
con los cielos y aguas de las altas cumbres. Nuestro destino,
fue siempre el destino de las piedras, los ríos, la
nieve y las vides. Y ese destino nos siguió hasta nuestros
vinos. Aprendimos en los cerros a respetar la vida y la vid.
Plantamos en las sierras y cultivamos en sus laderas. Crecimos
en las montañas y allí nace y crece nuestro
vino.
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