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Palermo, como barrio tradicional de esta cosmopolita ciudad,
tiene todo tipo de restaurrantes étnicos a disposición.
¿Quién puede dudar que en nuestra ciudad se
respira ese aire gastronómico internacional? Cuando
se va a estos restaurantes, uno se prepara. Uno va bien acompañado,
se viste bien, al tono, y antes de entrar a cualquiera de
ellos, por ejemplo uno italiano, ya va pensando en beber un
buen vino, por que no un Chianti, para acompañar cualquiera
de sus deliciosos platos.
Al entrar uno quiere ver una mesa bien servida, con manteles
coloridos y servilletas al tono, una buena canasta con panes
frescos de todo tipo, unas copas relucientes y los cubiertos
bien lustrados y ordenados.
Cada cosa en su lugar. Uno imagina unas fotos de paisajes
italianos en las paredes, de Roma, el Coliseo, Capri, o algún
otro paisaje característico. Y hasta soñaría
con que le toquen la mandolina y le canten Torna Sorrento
al costado de la mesa. Pero bueno, tampoco es cuestión
de exagerar demasiado. Con comer bien en agradable compañía
en un lugar acogedor alcanza y sobra. Si mientras escribo
esto ya se me está haciendo agua la boca.
Para ser bien itálicos hay que comer bien, salir del
restaurante con unos cuantos kilos de más. Así
que empecemos con la entrada. Una mozzarella en carroza, una
pimentonada o una buena bandeja de quesos y fiambres.
Es allí cuando empezamos a degustar el vino y a ponernos
alegres. Y por que no pedir unos Bulbos de Hinojo al estilo
de Abulia, un plato con hinojos, aceitunas negras, tomates,
queso mozzarella y tomillo. Ya cuando habremos terminado esas
delicias en grata compañía, nos habremos bajado,
como mínimo, media botella del vino, siempre alertas
a pedir la segunda botella pues aún falta el plato
principal.
Cuando llega el momento pedimos el Penne con Berenjenas y
Pimientos, y también las Sardinas con Tallarines, un
plato para cada uno a compartir, obvio. Este último
plato aparte de lo enunciado trae también hinojo, pasas,
piñones, algo de cebolla y bastante condimento. Ya
por ese entonces la primer botella habrá sido historia.
Y los colores del mantel, las fotos, y la luz que entra desde
la ventana será todo más brillante. Compartiendo
y conversando amigablemente, habremos terminado vino y comida,
todo junto, claro, antes de pedir el postre. ¿Qué
cual es el postre? Obvio, Almendras Lucane y betún
de Moka.
Después del café, a recorrer las calles de Palermo.
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