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Ser homosexual en el Infierno palestino-israeli
Las principales víctimas del conflicto palestino-israelí
son los niños, las mujeres y los homosexuales. Para
un homosexual palestino, la vida en las calles de la ciudad
israelí no es fácil, pero parece mucho mejor
que la de quienes no pueden dejar sus comunidades de Gaza
y Cisjordania.
Se calcula que más de 350 palestinos homosexuales
la mayoría hombres- tratan de sobrevivir en
Israel, con el riesgo de ser expulsados por considerárseles
ilegales o, aun teniendo permiso de residencia,
porque la policía los vea como amenaza a la
seguridad. Para los expertos de Amnistía Internacional,
una vez que los homosexuales llegan a Israel, el mayor
de sus problemas es que los obliguen a regresar a territorio
palestino. Estas personas, generalmente, aprenden
pronto el hebreo, y a menudo tratan de disimular su acento
árabe.
Los que se dedican a la prostitución saben oler
de lejos a los policías encubiertos. Explica
un miembro de Agudah (organización de gays, lesbianas,
bisexuales y transexuales en Israel) que los homosexuales
palestinos palestinos pueden ser perseguidos y castigados
por sus familiares, ya que consideran que violan el
honor de la familia.
En los territorios de Gaza y Cisjordania el delito
de sodomía se castiga con una pena que puede
ir de dos a nueve años de cárcel (pero el
acusado ha de ser sorprendido en el acto). La mayoría
de la población palestina es de religión islámica,
y el islamismo considera que la homosexualidad es un pecado.
Muchos palestinos niegan la existencia de homosexuales en
sus familias e, incluso en sus pueblos.
La sociedad israelí, en cambio, es considerada una
de las mas avanzadas en cuanto a los derechos de los homosexuales
(aunque hay grupos ultraderechistas que condenan la homosexualidad).
Los homosexuales palestinos refugiados en Israel son en
ocasiones acusados por sus compatriotas de informantes
o espías.
Un miembro de Naciones Unidas que trabaja por los derechos
humanos en Palestina explica que la homosexualidad
es vista por muchos palestinos como algo contra la naturaleza
y no es difícil que se relacione con el espionaje
o la colaboración, delitos contra la nación.
Dice, además, que no hay redes de apoyo a homosexuales
en territorio palestino.
Con bombas explotando cada semana en Israel, y los habitantes
de los territorios palestinos viendo como se construye un
muro de separación que dificulta mas aun su dura
vida, las tragedias que viven las mujeres y los homosexuales
cada vez peor tratados- no parecen importar mucho.
Testimonios
Cuentan que, hace unos meses, un cocinero gay de Nablus
que intentó huir a Tel Aviv fue dejado en un foso,
sin agua ni alimentos, hasta que murió de hambre
y sed. Otro testimonio indica que cuando Ben, un londinense
de 34 años, y su novio palestino Ahmad (que trabaja
en Londres como traductor de árabe) fueron a Ramallah
como amigos- a visitar a la familia de Ahmad, encontraron
en la puerta de la casa familiar un cartel que les informaba
de las cinco formas de muerte prescritas por el Islam para
los homosexuales (lapidación, quema...). Se marcharon
ese mismo día.
Shaul es un hombre judío que tiene una bonita casa
en Jerusalén; su novio palestino a quien conocio
en 1999- teme pronto ser deportado por las autoridades israelíes,
y él ha sido acusado de ayudar a un extranjero
ilegal. Pueden arrestarles y separarlos en cualquier
momento. Se han dirigido al primer ministro, Ariel Sharon,
pidiéndole que les permita seguir amándose.
Un centro gay de Jerusalén, Open House, ha solicitado
colaboración a distintas organizaciones internacionales
para resolver casos como este.
Un muchacho palestino gay de 20 años, Eid, afirma
que un grupo radical islámico le pidió que
cometiera un atentado suicida para limpiar su pecado.
Se negó y consiguió huir; está trabajando
como camarero en un bar de Tel Aviv y desea marcharse a
Europa o a Canadá, pues teme ser asesinado en cualquier
momento.
Khalil, por ejemplo, huyó de Cisjordania después
de que su padre y sus hermanos le dieran una brutal paliza
porque parecía gay; comenta que no deja
de tener pesadillas en las que ve a sus familiares golpearle
hasta matarlo. Un amigo, Ali, cuenta que fue torturado por
policías palestinos y le pidieron que diera los nombres
de otros homosexuales. Logró escapar a Israel con
papeles; ahora le hubiera resultado mucho más
difícil.
La constante sonrisa de Anwar un palestino de 26 años-
no parece propia de quien ha sido tratado peor que un criminal
por ser gay. Hace cuatro años fue sorprendido por
su hermano mayor en la cama con un hombre. Le pegó,
se lo contó a su padre, y este amenazó con
matarlo si volvía a suceder. Sucedió, un año
mas tarde, con un tipo que lo delató a la policía.
Su padre no lo mató, pero fue arrestado y lo colgaron
del techo por los brazos. Horas después que sus excrementos
hubieran manchado los pantalones, le tiraron un balde de
agua fría encima. Luego lo metieron en una celda
oscura, desnudo. Fue liberado meses después, tras
duros interrogatorios en los que lo golpearon para que diese
nombres de otros homosexuales (aunque no los dio). Ahora
trabaja vendiendo frutas en un mercado y sueña con
escapar a Tel Aviv. Allí a nadie le importa
si eres gay, dice. Sabe que siendo ilegal, podrían
deportarlo. ¿Y que pasaría entonces? Me
matarían, responde Anwar.
Dentro de la zona de bares, clubs y sex shops de Tel Aviv,
de noche, las luces de neon iluminan a un grupito de chaperos
palestinos con el pelo engominado y camisetas ceñidas
que aguardan la llegada de algún cliente. Dos personas
de Agudah están ahí también, como muchas
noches. ¿Necesitas condones?¿Has comido
hoy?, les preguntan. Uno, al que llaman Joel, dice
que consiguió escapar de Nablus después que
le hicieran cortes en brazos y piernas con cristales y le
pusieran en las heridas detergente, solo por ser gay.
Esta viviendo con dos amigos en un edificio abandonado y
su mayor deseo es ir a Paris.
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Este sábado 20 de noviembre se llevó a cabo
la XIII Marcha del Orgullo Gay Lésbico Travesti Transexual
Bisexual (GLTTB) y la III Contramarcha del Orgullo Gay Lésbico
Travesti Transexual Transgénero Bisexual (GLTTTB)
Unas 3000 personas se dieron cita para la celebración
que como todos los años mostró su colorido
desde la Plaza de Mayo hasta el Congreso Nacional en la
tradicional caminata de Noviembre para exigir a los gobernantes
la igualdad de derechos mostrando la visibilidad de nuestro
colectivo.
Desde las primeras horas de la tarde se realizó en
la Plaza de Mayo la Feria de la Diversidad. Poco después
llegaron grupos católicos que repudiaban la Marcha,
y se agolparon frente a la Catedral Metropolitana para protegerla
de posibles pintadas de los manifestantes, como las que
se hicieron al año pasado. Para evitar este tipo
de acciones, y choques entre los grupos reunidos, el viernes
por la tarde, el juez federal Daniel Rafecas había
ordenado colocar un vallado no sólo la Catedral sino
también al Cabildo, la Jefatura de Gobierno porteño
y la Legislatura. También hubo un despliegue policial
como no había sucedido en ninguna de las Marchas
antecesoras.
No me parece mal que protejan los edificios públicos.
Así como no entramos a las iglesias tampoco vamos
a pintarlas, pero no podemos controlar que vayan cuatro
a la marcha con aerosoles. Hay que destacar que nosotros
desde la CHA nos ocupamos de proteger personas y ellos están
preocupados por proteger edificios públicos,
señaló César Cigliutti, titular de
la Comunidad Homosexual Argentina
Poco después de las 19hs, la Caravana arranco su
paso firme hacia el Congreso, donde se encontraba el escenario
en el que se leyeron los discursos reivindicatorios y los
shows programados para la ocasión.
Pero también, como desde hace tres años, un
grupo de activistas organizó la denominada ContraMarcha
que escudada en consignas contra el Código Contravencional
y las políticas represivas de la seguridad, se reunieron
en el mismo sitio que la Marcha oficial dado que de otra
manera no lograrían la convocatoria deseada, para
leer su manifiesto.
La primera Marcha del Orgullo nació en un contexto
de continuas razzias, edictos policiales y con el peso de
ser los culpables de la peste rosa, cuando tener
un hijo/a homosexual, lesbiana o travesti todavía
era considerado por la mayoría de la gente como una
vergüenza para toda la familia, una desgracia que había
que ocultar frente a vecinos, amigos y otros familiares,
dado que los padres vivían con la culpa de considerarse
responsables de la elección de vida de su hijo. La
sociedad en su conjunto consideraba que eran enfermos o
degenerados a los que había que tolerar, pero manteniéndolos
lejos porque vaya uno a saber...
La vuelta de la democracia parecía no haber alcanzado
a las minorías sexuales y fue así que en 1992
un puñado de activistas se atrevió a marchar
reivindicando un hecho antirepresivo que marcó la
historia de la comunidad en todo el mundo: el 28 de junio
de 1969, en Nueva York, siguiendo una tradición de
control y hostigamiento, la policía entró
en el pub Stonewall Inn, pretextando una supuesta falta
de permiso para vender bebidas alcohólicas. Aquel
día ocurrió lo imprevisto y el resultado fue
el inicio de una refriega que pronto se extendió
por las calles cercanas. Durante varias horas, las locas
de taco-aguja resistieron el embate policial con improvisadas
barricadas, piedras y varios detenidos.
Veintitrés años después de Stonewall,
en Buenos Aires, realizar una Marcha del Orgullo todavía
era algo revulsivo. En primer lugar, significaba mostrarse
públicamente frente a la sociedad que consideraba
que tenían que ocultarse. En segundo lugar, era hablar
de orgullo frente a la idea de una sexualidad vergonzante.
Finalmente, era decirles a los que trataban de asumir una
sexualidad contrahegemónica que había otras
personas con elecciones similares y que había un
camino diferente al de ocultarse o pedir disculpas. Se podía
luchar.
Históricamente, las movilizaciones populares en nuestro
país se realizan de Plaza Congreso a Plaza de Mayo.
Ésta, como era de esperar, fue al revés: se
marchó de Plaza de Mayo a Congreso para exigir libertades
y derechos negados. Nació entonces un hecho político
que reivindicó las luchas más ricas de nuestra
comunidad. Ahí estuvo también la memoria de
los compañeros asesinados del Frente de Liberación
Homosexual (FLH), de los desaparecidos y torturados con
más odio por su condición sexual o identidad
de género.
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