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Santa Fe Palermo


Por Rubi M. Rubens

Santa Fe

Tal como ocurre desde hace varios años, la Primavera entrará en Buenos Aires por la avenida Santa Fe. Es una tradición -una tradición joven, que forma parte de la vida moderna de nuestra ciudad-, una simpática costumbre, que lleva al público a volcarse hacia la Gran Vía del Norte para tributar la bienvenida a la estación más alegre del año. Y, realmente, la gente que el 21 de setiembre transita por la avenida Santa Fe es espectadora de este gran teatro al aire libre que se prolonga desde la plaza San Martín hasta Riobamba: arte, belleza, son los números de atracción. Se corta el tránsito a los vehículos, se ruega que el buen timepo sea compañía constante de la jornada y ... arriba el telón para la gran fiesta!
Pero que privilegio tiene la Avenida Santa Fe sobre otras arterias porteñas para que, por identificación consigo misma, sea la elegida de la Primavera?
Dentro de la historia nacional, donde tantas calles han sido escenario de hechos gloriosos o dieron ambiente a una época, Santa Fe pasó inadvertida. Era campo abierto, sobre el linde de la ciudad; luego se transformó en camino y se pobló de quintas. Con el tiempo, el camiino se hizo calle, y las quintas, caserones señoriales: por su ruta se llegaba a los portones de Palermo, y a través de ellos se iniciaban viajes hacia los pueblos suburbanos que año tras año iban integrándose a la populosa urbe. Cuatro han sido las denominaciones que le correspondieron en el tiempo: la primera fue San Gregorio, a partir de 1774. Tras las invasiones inglesas, el virrey Santiago de Liniers quiso honrar a los oficiales que se habían distinguido en las jornadas heroicas de 1806 y cambió la nomenclatura de algunas calles: a San Gregorio le correspondió el nombre de Pío Rodríguez. Por su parte, tras la Revolución de Mayo, el gobierno patrio resolvió borrar todo aquello que recordara el antiguo dominio hispánico y la calle fue conocida, sencillamente, como Estrecha. Y estrecha era. Hasta que Bernardino Rivadavia la dotó de su verdadero destino, ordenando en 1822 el ensanche de la calle Estrecha y dándole el nombre que aún lleva: Santa Fe.
Pero el trecho comprendido entre la plaza San Martín y la Avenida Callao mantuvo la estrechez característica del Buenos Aires del 900, hasta tal punto que recién por el año 1930 quedó decretado el ensanche de ese tramo. Y fue así como, poco a poco, los modernos edificios de cemento han ido reemplazando a las antiguas residencias, y uno a uno fueron desapareciendo los amplios zaguanes y las rejas voladas.
El vendedor de telas y cintas ascendió a dueño de una tienda o una sedería; aparecieron las casas de arte, las florerías, las confiterías.... y, por último, las galerías. No hay duda que, con todos estos atributos, habría de convertirse en la arteria preferida de la mujer porteña.