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Evaristo Carriego en el barrio de palermo

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EVARISTO CARRIEGO(1)

Jos» Gabriel *


* Destacado ensayista y escritor argentino de origen espałol. Sus obras m…s significativas: "La fonda", "La bandera celeste", "Vida del General Lamadrid" y "Vida y muerte en Arag€n"

  1. Acompałan la presente edici€n las nota publicada en la revista "Pegaso" de Montevideo, de Vicente A. Salaverry y la de AnĂbal Ponce, aparecida en la revista "Nosotros", de Buenos Aires.

 

UNA VIDA SIMPLE

 

 
Naci€ Evaristo Carriego, poeta de Buenos Aires, el dĂa 7 de mayo de 1883, en la ciudad de Paran…, capital de la provincia de Entre RĂos.

En la polĂtica y en el periodismo entrerrianos, a fines del siglo ôltimo figur€ con singular relieve un Evaristo Federico Carriego, afamado, sobre todo Ç y tambi»n temido Ç como polemista. Era el abuelo del poeta. Tuvo un hijo, llamado Evaristo Federico tambi»n. Cas€ este ôltimo con doła Angela Giorello, en la misma ciudad de Paran…, y de esa uni€n naci€ nuestro poeta, que como el padre y el abuelo, se llam€ Evaristo Federico.

Hasta 1887, Carriego permaneci€ en su ciudad natal. A los cuatro ałos de edad, la familia se traslad€ a Buenos Aires. Residi€ dos meses aquĂ; luego por espacio de dos ałos, en La Plata, y por ôltimo, en 1889, se radic€ definitivamente en la capital federal. TenĂa entonces el chico seis ałos y fue enviado a la escuela primaria. Se mostr€ sumamente aplicado al estudio. Desde el comienzo, dio prueba de una memoria excepcional. Cuentan los suyos, que, a poco de iniciado en la escuela, vino a casa y se puso a leer de corrido las p…ginas de un texto escolar: las habĂa aprendido de memoria, punto por punto, en una lectura de la maestra.

La primera escuela a que concurri€, era particular: la de las sełoritas Negri, conocidas educadoras argentinas. Curs€ en ella los tres primeros grados; del tercero al sexto, estudi€ en la escuela pôblica RodrĂguez Peła. Concluidos los estudios elementales, inici€ los secundarios; rindi€ hasta el tercer ało, incluso, en el colegio nacional Sarmiento, entonces denominado colegio nacional Norte. HabĂa mostrado afici€n por la carrera de las armas, y tent€ el ingreso en el Colegio Militar; pero, examinado fĂsicamente result€ corto de vista, por lo que no fue admitido en el instituto. Entonces, dej€ todo estudio regular y se dedic€ a vagar y a leer a discreci€n sin guĂa ni m»todo.

Por el momento, como puede verse, la vida de Carriego es de una simplicidad exterior absoluta. Su infancia, tuvo hogar, paz, letras y una gran franquicia familiar para tentar la realizaci€n de sus aspiraciones. Y asĂ fue toda su vida, pl…cida exteriormente, sin objeto inmediato y sin motivos de voluntad. Hasta aquella gran capacidad mnem€nica y aquella cortedad visual que habĂa revelado de niło, fueron luego sus caracterĂsticas m…s notables.

VivĂa a la saz€n en la casita de Palermo que fue su atalaya espiritual m…s destacada y que todavĂa ocupan los suyos. El barrio Ç hoy modernizado, limpio, recogido, comôn, sin malevos ni conventillos -, era lo que el Maldonado actualmente: un suburbio miserable, destartalado, lleno de chicos y de roła, aunque, en realidad, no fue nunca exactamente el que nos pint€ Carriego, que se parece mucho m…s al de la Boca. Carriego, alternaba sus lecturas con picarescas correrĂas por el barrio, en las que, segôn sus compałeros de entonces, nunca se mostr€ demasiado audaz. EspĂritu esencialmente imaginativo, sentĂa las cosas con una intensidad que le impedĂa afrontarlas airosamente. M…s tarde, le veremos convertido en un exaltado Quijote interior, con apariencia y hechos de un corderillo.

Sus lecturas, eran casi exclusivamente literarias e hist€ricas. De historia, le cautivaba la vida de napole€n, que conocĂa muy bien; en literatura, tenĂa marcadas preferencias por la poesĂa y la novela rom…nticas. Nadie como Hugo, con su grandilocuencia verbal, para encender sus entusiasmos de adolescente; nadie como Dumas, con su habilidad en la intriga caballeresca, para satisfacer su exaltada imaginaci€n. Y, tanto en historia como en literatura, le atraĂa particularmente todo lo que llevase un sello de heroĂsmo deslumbrante. Por eso amaba tanto a don Quijote, tambi»n, y por eso (aunque con un cierto dejo ir€nico que, por lo menos, salvaba la natural distancia entre uno y otro personaje) rememoraba con cariło a Juan Moreira. TodavĂa recuerdan sus hermanos lo dado que era a luchar y a canchar con ellos, queriendo imitar al gaucho diestro y corajudo. Por cierto que, a pesar de ser el mayor, era como el m…s debilucho, no siempre lograba vencerlos, y cuando no los vencĂa directamente, les hacĂa trampas.

Debi€ empezar a escribir versos, de los diez y ocho a los veinte ałos. A los veinte, le vemos introducido ya en los cĂrculos intelectuales de la capital. El primero que frecuent€, fue la redacci€n de La Protesta. "La Protesta" Ç dice M…s y PĂ, - era entonces no un diario anarquista, terrible y pavoroso, sino un simple diario de ideas, donde se hacĂa m…s literatura que acracia y donde el encanto de una bella frase valĂa m…s que todas las aseveraciones de Kroporkine o de Jena Grave" (1). A todos los concurrentes a su redacci€n (en esa »poca, libre de policĂas disfrazados de anarquistas), los unĂa, antes que una convenci€n ideol€gica explĂcita, el supuesto de una comunidad de aspiraciones intelectuales y la actitud verbal rebelde (esa sĂ, comôn, sin duda alguna) ante la corrompida sociedad burguesa, que habĂa que destruir. No era una doctrina polĂtica, claramente comprendida y acatada con toda responsabilidad, la que los movĂa: era un vago Ç y muy noble, es claro Ç sentimiento de justicia y de elevaci€n, que de socialismo y anarquismo no tenĂa m…s que el nombre.

Carriego, en ese cĂrculo era un sołador m…s. A medida que fue avanzando en ałos, el sentimiento nacionalista Ç un sentimiento casi patriotero Ç fue ganando su coraz€n. En plena juventud, hablaba con un primitivo tono patri€tico, escudado en un impreciso ideal americanista o criollista, y esa fue probablemente, su actitud m…s sincera en la cuesti€n social. Sin embargo, en sus veinte Ç en la »poca de La Protesta, - aparecĂa como un defensor del internacionalismo que aôn hoy habrĂa resultado izquierdista en nuestros partidos obreros. Tres sonetos hay de esa »poca suya que no figuran en ninguna de las ediciones de sus versos y que de seguro recuerdan muy pocas personas. Est…n publicados en la revista La Gaceta (2), ya desaparecida, y se titulan Los Desheredados, Patria... y Demoliendo. En el primero, canta a

Los que lloran su noche entristecida
sin creer en la aurora del małana;
Pero que enarbolan
el negro pabell€n de su miseria,
Donde
...impresa
con sangre est…, la roja Marsellesa
de la triunfal revoluci€n futura!

En el segundo, reniega de "la patria que avasalla la libertad", anhela "la patria universal del hombre" y promete no "quemar el incienso de su canto"

En los altares de un ideal mentido!

En el tercero, por fin, repitiendo con otro motivo la idea contenida en los anteriores, toma como sĂmbolo de la revoluci€n al albałil, que,

Cantando gime, y en su af…n profundo
parece que a los grandes de este mundo
profetizara en sus vibrantes tonos
que ante el golpe y la fuerza destructora
de la social piqueta redentora,
caer…n deshechos los podridos tronos!

El acento de estos versos, es vibrante y claro. Lo es igualmente el de otra composici€n por el estilo, publicada en MartĂn Fierro pocos meses despu»s y no reproducida tampoco en volumen. Se titula De la vida y es, ciertamente, segôn uno de sus propios versos, como el "Miserere fatal de los jornales", en el que va implĂcita una honda rebeldĂa social, la rebeldĂa del que ve pobres de cuerpo y de alma por culpa de los malditos opresores, a los pobres. Con todo Ç insisto Ç no serĂa lĂcito suponer en ninguno o casi ninguno de los tertulianos de La Protesta, una adhesi€n franca al credo socialista; y en Carriego, menos aôn. Era el suyo, m…s bien, un socialismo sentimental, cuyo m€vil lo constituĂa el deseo de redimir a los pobres de su miseria, sin saber por qu» medios. El final mismo del tercero de los sonetos glosados ("caer…n deshechos los podridos tronos") indica claramente que daba a su actitud un exclusivo significado polĂtico, es decir, que atribuĂa la causa de los males sociales a determinadas formas de gobierno pôblico, no a la propia constituci€n de la sociedad, como habrĂa correspondido. Por lo dem…s, en esta su primera posici€n avanzada, hay que ver, ante todo, el resultado de una natural sugesti€n del medio que frecuentaba.

Literariamente, una an»cdota que refiere M…s y PĂ, da idea clara de la situaci€n de Carriego en esta »poca. Cuenta M…s y PĂ que, hall…ndose una tarde en la redacci€n de La Protesta, le oy€ a un desconocido, a su lado, pronunciar el nombre de Almafuerte. "Arroj» la pluma Ç ałade Ç e interviniendo un poco brutalmente en la conversaci€n, interrogu»:

- ŻQu» dice usted de Almafuerte? Ç El joven desconocido me mir€ un momento con pequełos ojos de miope y en vez de responder interrog€ a su vez:

- ŻY usted, qu» opina de »l? Ç Yo, respondĂ, que es el primer poeta de nuestra lengua. - ŻY usted? Ç Lo mismo digo ...compałero! (4)

Con veintiôn ałos de edad, un af…n socializante muy noble, Almafuerte por poeta supremo y Juan M…s y PĂ como amigo y conmilit€n (pues desde ese mismo momento se hicieron muy amigos), vemos, pues, a Carriego incorporado al ambiente literario porteło, donde poco antes nadie conocĂa su nombre. Era la »poca de los cen…culos literarios en Buenos Aires. En caf»s, en redacciones de peri€dicos, en viviendas particulares, en todos lados se formaban pequełos cĂrculos de escritores, donde diariamente se fundaba alguna revista y se ejercitaba el ingenio en chistes de oportunidad. Carriego, se introdujo con gran facilidad en todos ellos. "Mientras lo dem…s (vuelve a hablar M…s y PĂ) se retraĂan o buscaban el natural encasillamiento de un grupo determinado, Carriego estaba en todos y vivĂa con todos. El caf» de los Inmortales, y el s€tano del Royal S»ller, la Brasileła y el Bar Luzio, le vieron asiduo concurrente. Frecuent€ la redacci€n de La Naci€n y la de éltima Hora. No desdeł€ los grupos modestos de principiantes y fue acogido en los m…s altos. Puede decirse que nadie como »l entr€ m…s f…cilmente en todos los ambientes, nadie supo hacerse aceptar con mayor prontitud".

M…s que sus versos, era su persona lo que asĂ atraĂa. No faltan quienes conservan de »l todavĂa una impresi€n poco grata. Y, en efecto, por momentos, especialmente en los corrillos de caf», gustaba de hablar con cierta suficiencia de sĂ mismo, proclamando su talento, con lo que daba una sensaci€n antip…tica de petulancia. Tal comportamiento, sin embargo, no era m…s que el resultado de moment…neas ofuscaciones suyas ante la incomprensi€n de los dem…s; era, por otro lado, el achaque inevitable en todas estas tertulias de literatos y periodistas, donde se juega a la burla y a la hipocresĂa y donde es necesario ser superficialmente chistoso, o se es pedante, so pena de pasar por poco. Cuando en el cĂrculo o redacci€n se le recibĂa con franqueza, o cuando daba con el amigo dispuesto a escucharle con cariło, era modesto, humilde y de una ingenuidad infantil. Entonces, estaba en lo suyo y cautivaba.

De 1904 a 1908, entrado ya de lleno en la vida literaria, public€ muchas composiciones po»ticas en diarios y revistas, particularmente en Caras y Caretas cuyas p…ginas popularizaron pronto su nombre. Por el alma de don Quijote Ç la poesĂa que luego sirvi€ de inicial a Misas Herejes Ç da cuenta detallada de su espĂritu en esta »poca. Aborrece hondamente el af…n positivista del medio,

Porque asĂ van las cosas: la m…s simple creencia
requiere el "visto bueno" y el favor de la Ciencia:
si a ella no se acoge no prospera y, acaso,
su propio nombre pierde para tornarse "caso".
Le disgusta, asimismo, la manĂa ir€nica del ambiente:
Pero me estoy temiendo que venga algôn chistoso
con s…tiras amables de burlador donoso,
o con mordacidades de socarr€n hiriente,
y descubra, tan grave como ir€nicamente
- a la sandez de Sancho se le llama ironĂa Ç
que mi amor al Maestro se convierte en manĂa. (6)

Contra este positivismo rampl€n y este h…bito burlesco (caracterĂsticas que todavĂa lo son hoy, en gran parte, de nuestro ambiente literario), Carriego invoca al idealista y tr…gico h»roe manchego,

al énico, al Supremo, al famoso Caballero
a quien "pide" que siempre "le" tenga de su mano.

Al mismo tiempo, se siente enojado por los poetas decadentistas y preciosistas, que, a pesar de haber iniciado ya su decadencia en la capital, todavĂa dominan sobre los dem…s, excepto sobre Almafuerte. Le enojan, en particular, porque los supone acaramelados, afeminados. En su sinceridad m…s Ăntima, era una mujercita, y no de otra manera podĂa haber llegado, como lleg€, a sentir tan intensamente el dolor de los que sufren en silencio. En sus versos, los hombres sufren femeninamente, como sufre »l mismo en su vida. No obstante, de palabra profesaba el culto de la maschilit… (es insuperable este vocablo italiano), el culto criollo del coraje - ƒcuidado que nadie pensara que no era capaz de pelear con la partida, fac€n en mano, o trompearse con el mejor, o aun de llevarse un mundo por delante!;- y vedle, tan suave en sus hechos, ensalzando, contra los poetas versallescos, la rudeza hombruna:

Si de estas cuerdas mĂas, de tonos m…s que rudos,
te resultasen …speros los rendidos saludos,
y quieres blandos ritmos de credos idealistas,
aguarda delicados poetas modernistas
que alabar…n en oro tus posibles desdenes
coronando de antorchas tus olĂmpicas sienes,
devotos de la blanca lis de tu aristocracia,
con que ilustro los rojos claveles de mi audacia;
o espera, seductora, decadentes orfebres
que graben tus blasones en sus creadoras fiebres:
yo, trabajo el acero de temples soberanos:
los sonantes cristales se rompen en mis manos. (7)

Constante era su preocupaci€n por dar una sensaci€n de hombrĂa.

Le hemos conocido socialista e internacionalista detonante en La Protesta. Ahora, Carriego se ha hecho nacionalista. Otro resultado de su fastidio para con los poetas decadentes. No hablaban esos poetas sino de personas y cosas extranjeras y extraterrestres. Carriego, por oponerles la vida local y real del suburbio, que sentĂa, cae en una confusi€n ideol€gica y adopta un patriotismo elemental, un patriotismo con frecuencia agresivo Ç observa M…s y PĂ, - ese patriotismo que tiene por caracterĂstica notable la xenofobia, y es, m…s bien que amor a lo de casa, odio sistem…tico a todo lo de fuera. Por fortuna, de ello no queda m…s que el recuerdo de los que le escucharon.

Su vida, la empleaba en estos momentos en charlar, en escribir, en dormir...No tenĂa necesidad de trabajar para ganarse el sustento. SolĂa permanecer en cama hasta cerca del mediodĂa. Cuando, por casualidad, se levantaba m…s temprano, iba a pasear por los jardines de Palermo, donde m…s de una vez lo encontraba todo taciturno algôn amigo. Cuando no, despu»s de almorzar leĂa o escribĂa un rato; luego salĂa en direcci€n a la casa de algôn compałero; por lo regular, a la de M…s y PĂ, "all… en la calle Suipacha y Cangallo Ç dice este ôltimo, - un tercer piso cuya terraza delantera nos permitĂa perder horas y horas en est…tica contemplaci€n, discutiendo, algunas veces sobre todo lo existente, las m…s de ellas atendiendo yo los interminables mon€logos de Carriego" . De regreso en su casa, en seguida de cenar tomaba la calle otra vez y volvĂa a visitar a un amigo o se metĂa en el caf», donde se reunĂa con otros colegas. El caf» a que concurrĂa con mayor asiduidad, era el de los Inmortales, nombre que le dio »l mismo, segôn la cr€nica contempor…nea de una revista ya muerta, Papel y Tinta. AllĂ, en un bulliciosos corro de bohemios, ante una mesa con vacĂas tazas de caf», permanecĂa horas y horas en charla continua y en un abandono absoluto del mundo exterior. Le gustaba recitar sus versos, lo que, dado el privilegio de su memoria, hacĂa sin tropiezo. A las tantas de la noche, dejaba el caf» y, casi siempre acompałado por alguno de los contertulios, a quien seguĂa recitando versos y m…s versos, tomaba camino de Palermo. Con algunas visitas dominicales al autor del Misionero, en La Plata, fue lo que hizo hasta su muerte.

En 1908, apareci€ su primer y ônico libro, Misas Herejes, cuyo contenido se conocĂa ya casi totalmente por las publicaciones en los peri€dicos. La crĂtica, le dispens€, en general, una acogida favorable; sobre todo, a causa de su aparente sentido realista y en oposici€n a las corrientes simbolistas que la poesĂa argentina habĂa llevado hasta una exageraci€n insoportable. Los amigos y admiradores, en crecido nômero, le ofrecieron un banquete de homenaje. Fue su consagraci€n definitiva Ç e inmerecida, ciertamente, con ese mal libro Ç en nuestro medio intelectual y artĂstico.

Despu»s de aparecido el libro, continu€ publicando versos en las revistas. Tambi»n hizo periodismo an€nimo, alguna que otra vez. En La Raz€n, apareci€ algôn reportaje suyo, uno de ellos a Martiniano Leguizam€n, cuya obra nacionalista Ç ni que decirlo Ç admiraba especialmente. En el borrador de ese reportaje, que tengo a la vista, escribe Carriego: "quien haya leĂdo Montaraz, Alma nativa, etc»tera, sabr… que son el documento m…s admirable de nuestra literatura criollista, al par que la m…s fiel, la m…s veraz interpretaci€n del ambiente en el cual se desarrollan los episodios tr…gicos, »picos o picarescos que rigen los diversos motivos del libro". En un peri€dico, La Uni€n, de Rauch (prov. de Buenos Aires), public€ versos s…tiros sobre la polĂtica local, y en la revista policial L.C., de aquĂ, unas d»cimas en lenguaje lunfardo, bajo el seud€nimo de El Barretero. A la vista tengo tambi»n los borradores de un artĂculo festivo sobre los desmanes de la tiranĂa de Rosas, escrito para esa revista y que no se si lleg€ a publicar. El papel, ostenta el membrete rojo del caf» Don Quijote...Ninguno de estos trabajos tiene otra significaci€n que la que puede d…rseles biogr…ficamente.

En su vida, la ônica variante que introdujo despu»s de publicado su libro, apenas merece recordarse: un enredo amoroso, no muy pasional, por cierto, con una temporera. Es el ônico amorĂo que se le conoce.

La jovialidad con que en un principio le conocimos, en los ôltimos ałos de su vida fue cediendo notablemente a la melancolĂa y al retraimiento espiritual a que tampoco en los comienzos se habĂa mostrado ajeno. Son los ałos en que canta dulcemente y resignadamente a todos los que sufren en silencio. Ha hecho a n lado el adem…n descompuesto de su h»roe favorito; ha podado su pluma de las estridencias rom…nticas. Ahora, ni grita ni gesticula; ahora ni conoce a los hacedores del mal, ni le importan, sean ellos el prometido que, un buen dĂa, sin saberse por qu», abandon€ a la novia "con toda la ropa hecha", o el "sin vergœenza que no la hizo caso despu»s...", o el padre que "grita, brutal, borracho Ç como siempre que vuelve de la cantina", o, en fin, todos los que maltratan a Mamboret… por el barrio. S€lo ve, s€lo busca al paciente, a "la muchacha que siempre anda triste", a "la enferma que trajeron anoche", al "hombre que tiene su secreto", al "silencioso que va a la trastienda", a los que, en torno a la mesa rezan

la oraci€n, noche a noche tartamudeada,
por aquella perdida, desamorada,
que hace ya cinco meses dej€ el hogar. (8)

ŻQui»n fue el malvado?. No lo sabe, no quiere saberlo. Don Quijote, impaciente ante el mal, ha cedido el puesto a un franciscano. Ya no intenta castigar a los pecadores: prefiere sufrir con los tristes, haci»ndose hermano de ellos en dolor. Ahora es cuando Carriego est… en plena posesi€n de su espĂritu. En sus versos, de continente sereno, hay un h…lito de tragedia inquietante. S€lo el sentimiento de lo fatal los inspira.

Siempre se habĂa mostrado extremadamente aprensivo. En su casa, apenas se atrevĂan a darle noticias de muerte: lo desazonaban por completo. En sus ôltimos ałos, esta aprensi€n suya fue mucho m…s intensa, agravada aôn con el fallecimiento de su padre, ocurrido poco antes del suyo. ParecĂa que s€lo hallaba alivio en las confidencias amistosas, que se procuraba cada vez con mayor af…n. Uno de sus confidentes Ăntimos de estas horas, fue Marcelino del Mazo, a cuya solicitud se debe en buena parte el enaltecimiento de la memoria de Carriego.

FĂsicamente, aunque de constituci€n bastante d»bil (era flaco, de regular estatura, apariencia un poco vasta en conjunto, de ojos hondos, en contraste notable con su tez p…lida), nunca habĂa dado muestra de serio malestar. A fines de 1911, tuvo un ligero ataque de apendicitis, que por entonces se atribuy€ a una indisposici€n. El ataque, se renov€ a mediados de 1912, tambi»n levemente. El primero de octubre del mismo ało, se sinti€ atacado por tercera vez; pero ahora, de tal suerte que se vio obligado a guardar cama en seguida. Doce dĂas permaneci€ en el lecho. El trece, a la madrugada, falleci€. (9)
 

 
NOTAS

  1. Juan M…s y PĂ. "El poeta Evaristo Carriego" rev. "Renacimiento", Buenos Aires, marzo y

  2. junio de 1913.

  3. "La Gaceta", de JoaquĂn Fontenla; rev. Quincenal, NÉ 10, julio 31 de 1904, Buenos Aires.

  4. "MartĂn Fierro", de Alberto Ghiraldo; rev. Semanal. NÉ 36, noviembre 14 de 1904, Buenos Aires. Esta composici€n, las tres anteriores y otra de "El almanaque de La Protesta" del mismo ało son, seguramente, las primeras que public€. La firma (Evaristo F. Carriego) comprendĂa entonces la inicial de su segundo nombre, que despu»s dej€ de usar.

  5. ArtĂculo citado.

  6. "Por alma de don Quijote", de "Misas Herejes".

  7. Id.

  8. "En su °lbum" (a la sełora Sylla Silva de M…s y PĂ), de "Misas Herejes".

  9. "Por la ausente", de "La canci€n del barrio" (poemas p€stumos).

  10. La creencia comôn, es que muri€ tuberculoso. El propio M…s y PĂ, que lo trat€ tan Ăntimamente, en el estudio mencionado dice: "La enfermedad que comenzaba a minar su organismo..." Con palabras parecidas se expresan casi todos los que fueron sus amigos. Por mi parte, sin rechazar definitivamente tales versiones, me ha parecido prudente aceptar por ahora la informaci€n de sus deudos. Por prudencia tambi»n, no he querido acoger las mil an»cdotas de diversa Ăndole que cuentan todos los que dicen haber conocido a Carriego personalmente, aunque con ello, la biografĂa que dejo trazada aparezca, quiz…, demasiado esquem…tica.

 

II

LA POESčA ARGENTINA HASTA CARRIEGO

Antes de entrar en el an…lisis de la obra de Carriego, convendr… dar una informaci€n general de la poesĂa argentina hasta la aparici€n de nuestro poeta, para facilitar su ubicaci€n hist€rica.

Entre dos ramas, paralelas entre sĂ, se divide la historia de la poesĂa argentina desde sus comienzos (1830): la pura y la mestiza, la nativa y la extranjera, la criolla y la europeĂsta (el nombre no importa mayormente ahora). Vamos a considerarlas por separado.

La rama mestiza o extranjera o europeĂsta, tiene cuatro perĂodos definidos: el rom…ntico, el clasicista, el modernista y el de conciliaci€n. El primero, va de 1830 a 1880, y lo llena la obra de cuatro poetas: EcheverrĂa, M…rmol, Andrade y Ricardo Guti»rrez. El segundo, de 1880 a 1895, y lo representan Guido y Spano, Obligado y Oyuela. El tercero, comprende de 1895 a 1905, con Lugones como sełor. De 1905 a 1907, hay un intervalo de desorientaci€n, con las exageraciones modernistas, por un lado, y el disgusto que empezaban a provocar esas exageraciones, por otro. Si quisi»ramos caracterizar con algôn nombre este breve perĂodo de transici€n, Ricardo Rojas serĂa el adecuado; su obra negativa, contiene todo lo malo del modernismo llevado a su extremo, y todo lo malo de la reacci€n clasicista mal entendida: curiosa dualidad de un poeta, que se funde con su origen en una ônica causa: falta de inspiraci€n. En 1907, surge Branchs, y, a la inversa de Rojas, se incorpora todo lo bueno de lo anterior, de manera que su obra constituye el cuarto perĂodo, o sea, el conciliatorio, en que aparecen aquilatadas las conquistas duraderas del modernismo, del clasicismo y del romanticismo.

En el arte, los nombres de escuelas o tendencias se han creado para lo accesorio. El arte verdadero, en todas las »pocas, en todas las latitudes, no tiene m…s que un nombre: arte, y esa es la representaci€n de la realidad Ç ya existente o ya posible Ç a trav»s de los estados de …nimo. Aun los nombres de g»neros Ç lĂrica, epopeya, dram…tica, novela, etc. Ç se refieren a meros procedimientos. Naturalmente, hay »pocas en el arte, y con las »pocas, gustos o tendencias. En momentos dados, los artistas siguen m…s o menos fielmente a la realidad observada, se preocupan m…s o menos por lo que es o por lo que pudiera ser; prefieren unos u otros temas; adoptan unos u otros modos de expresi€n. Entonces es cuando puede hablarse de clasicismo, de romanticismo, de naturalismo, de simbolismo y de todos los ismos imaginables. Pero esos nombres, son siempre adjetivos, y , una de dos: o pueden aładirse al t»rmino arte, o no tienen significaci€n. Si lo segundo, no hay por qu» tenerlos en cuenta; si lo primero, no representan otra cosa que una variante superficial en la esencia artĂstica, que es: satisfacci€n del anhelo imaginativo por medio de los elementos que nos proporciona la realidad. Un centauro, es ya la encarnaci€n viva de un elemento fant…stico. Por eso a la vuelta de innovaciones y revoluciones, siempre bulliciosas, lo simplemente adjetivo va elimin…ndose poco a poco, y queda como ônico objeto perdurable aquello que observa ese justo medio realista.

Siendo tal la naturaleza del arte, la condici€n principalĂsima de su originalidad no puede ser otra que el contenido de la emoci€n del medio circunstante al artista. Ricardo Rojas, precisamente, tan mal poeta, lo ha formulado concluyentemente como crĂtico: "El arte que se universaliza es el que vive por el aliento de la tradici€n y por la emoci€n del paisaje nativo, como los poemas hom»ricos o el Romancero del Cid" (1). No hay m…s que aładir, que el paisaje puede ser, indistintamente, nativo o adoptivo, con tal de que se sepa adoptarlo Ăntimamente.

Esto sentado, Żqu» grado de originalidad y, por lo tanto, de universalidad y, por lo tanto, de verdadero arte ofrece la poesĂa argentina en la rama sełalada?. Parece que, en la sola calificaci€n que le hemos dado Ç mestiza, extranjera, europeĂsta - , est… ya contenida la respuesta conveniente: ninguna, o muy poco menos, es su originalidad. Estar dentro de una tradici€n, no es copiar o imitar lo pasado, sino adecuar el pasado al presente; no es permanecer estancados en ningôn instante pret»rito, sino ubicarse en lo dado y remozarlo con la evoluci€n de la sensibilidad. Ahora bien, los rom…nticos y los clasicistas argentinos (estos ôltimos, mayormente, y de ellos, mayormente aôn, Guido y Oyuela), se estancaron en lo pasado, y los modernistas, ignoraron deliberadamente todo lo que les era anterior en la lengua en que se expresaban y en su historia nacional. Unos por anquilosados y otros por renegados, ambos permanecieron, pues, fuera de la tradici€n, ambos carecieron de originalidad. Por lo que toca a la emoci€n del paisaje nativo, ninguno supo darla tampoco. De los modernistas, no hay que hablar, pues adrede se extrałaron de su medio. Los anteriores, tuvieron la intenci€n de pintar y cantar las personas y las cosas de aquĂ; pero sojuzgados enteramente por los rom…nticos y clasicistas espałoles o franceses, no las vieron, a pesar de que otra cosa parezca decir la frecuente menci€n de sus nombres. Si los modernistas (y con esto no se dice nada de DarĂo) pertenecen, en calidad de imitadores, a la historia del simbolismo y el decadentismo po»tico franc»s, Andrade, Guti»rrez, M…rmol, EcheverrĂa, Oyuela, Obligado, Guido y CĂa. Entran, como poetas de segundo orden, en una historia del romanticismo y del clasicismo espałol. Tal vez se excluye parcialmente Obligado, en cuanto por su Santos Vega puede figurar, aunque secundariamente tambi»n, dentro de la rama criolla de la poesĂa, de que en seguida se va a hablar.

No sucede exactamente lo propio con Enrique Branchs. Le ha faltado audacia en todo sentido, a este poeta; en formas y en temas, esto es, en espĂritu, ha sido excesivamente conservador. TenĂa aôn la preocupaci€n literaria de la poesĂa de los motivos y de la correcci€n formal. En una palabra: como todos sus antecesores en el paĂs, fue demasiado literato todavĂa. ŻNo hizo un libro con cien sonetos?. Ni uno m…s, ni uno menos, y sonetos todos. Y m…s habl€ de lo que aprendi€ en los libros que de lo que pudo ver y sentir directamente en la vida. Sin embargo, desde el punto de vista de la tradici€n, ni se petrific€ enteramente, ni fue renegado. Con una cultura cl…sica s€lida y un claro sentido de la evoluci€n de la lengua, supo situarse en el pasado y avanzar, aunque tĂmidamente. Ni es un dĂscolo a la manera de Lugones, ni un arcaĂzante como Oyuela. Es un hombre que sabe expresarse en el lenguaje culto de su »poca. (Claro est… que, todo esto, sin tener en cuenta la primera parte de El cascabel del halc€n, acrobacia lujosa de un conocedor del idioma y nada m…s). En cuanto respecta a la palpitaci€n de su medio, tambi»n supo a veces darla en su obra con la aplicaci€n a motivos del ordinario vivir en su ciudad. En »l concluye la poesĂa argentina importada de Europa, y con »l da el primer fruto, por d»bil que sea, a la historia universal del arte.

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Al tratar de la rama pura, nativa o criolla de nuestra poesĂa nos encontramos con que ya no podemos establecer distinci€n por tendencias. énicamente nos es dado dividirla por nombres de personalidades. Si se ha reparado bien en todo lo dicho hasta ahora, este solo detalle bastar… para presumir que es otra la opini€n que va a merecernos la poesĂa argentina que pasamos a estudiar: es esencial y no ofrece notables variedades formalistas.

En el otro campo, hemos podido dar nombres y fechas precisas para la iniciaci€n. AquĂ, no disponemos de la misma facilidad: la poesĂa nativa, comienza con los dichos populares, con las coplas de los payadores ignorados, que corren an€nimamente, de boca en boca, entre el pueblo, desde los primeros pasos de la formaci€n del car…cter nacional. Yendo a lo impreso, sin embargo, y ya de personalidad m…s definida, Hilario Ascasubi (nacido en 1807), es, posiblemente, el iniciador, con Santos Vega, Aniceto el Gallo, Paulino Lucero. Le siguen Estanislao del Campo y Jos» Hern…ndez (nacidos los dos en 1834), el primero, con Fausto, con MartĂn Fierro el segundo.

Si las caracterĂsticas de esta poesĂa est…n ya diseładas claramente en los poemas de Ascasubi, y en Estanislao del Campo, se acusan con m…s precisi€n, no cabe duda de que en MartĂn Fierro adquieren una expresi€n definitiva y alcanzan el m…ximo de potencialidad artĂstica. Lugones, es un poeta mediocre; pero es un excelente crĂtico, un hombre despierto, un espĂritu avisado, y su juicio sobre MartĂn Fierro, que tantas resistencias provoc€ hace seis ałos, entre los eruditos del paĂs, es, seguramente, terminante, por m…s que reduzca su obra po»tica a la nada en que acabamos de situarla nosotros tambi»n. An…logo fen€meno ocurre con Rojas, si bien, siendo inferior a Lugones como poeta, lo es tambi»n como crĂtico. Su juicio sobre MartĂn Fierro, lanzado a la par del de Lugones e igualmente resistido en el medio intelectual del paĂs, coincide con »l en considerar a la obra de Hern…ndez como la piedra angular de la literatura argentina. Es, en la Argentina Ç afirma Rojas, - lo que en Francia la Canci€n de Rolando, lo que en Espała MĂo Cid; (2) es Ç corrobora por su parte Lugones Ç una verdadera epopeya de la raza gaucha y evoca los poemas de Homero. (3). Sin duda alguna.

Los dem…s poetas que hemos mencionado, fueron literatos, ante todo. ŻNos habremos entendido bien acerca del sentido de esta palabra, literato?. La literatura, para el escritor, es lo que el instrumento para el obrero de cualquier oficio: un medio de realizaci€n. En consecuencia Ç sea el escritor poeta, cientĂfico, fil€sofo, etc. Ç la literatura es lo primero que debe aprender a manejar; pero, asĂ como el carpintero no puede confundir nunca los instrumentos de que se vale en su trabajo, con el obrero que realiza, el escritor no debe tampoco tomar la literatura Ç su medio de obra Ç como un fin. No todos est…n dotados de las aptitudes naturales para saber deslindar a tiempo estos campos; la mayor parte, se queda en los medios, como si constituyesen el ônico fin de su actividad. Entonces, surge el literato. AsĂ fueron literatos todos nuestros rom…nticos y clasicistas y modernistas, y lo son lo m…s de nuestros escritores de hoy.

Es, justamente, lo contrario de lo que sucede con Hern…ndez. Careci€ de cultura literaria este poeta; pero, hubi»rala tenido o no, el caso es que no lleg€ nunca a tomar la literatura como un fin. Se aplic€ a la vida, observ€ a la vida, sinti€ la vida. ŻLa habrĂa expresado mejor si hubiera adquirido un dominio m…s seguro de su t»cnica? Es cosa que no nos interesa. Cuando no se maneja bien la literatura y no se tiene genio tampoco, se puede censurar la incorrecci€n literaria. En el caso de Hern…ndez, serĂa pueril esta censura al lado de la grandeza artĂstica de su obra. MartĂn Fierro, refleja fielmente una »poca, un medio, un paĂs, con sus seres, sus cosas, su lenguaje, su mentalidad, sus sentimientos: basta.

He ahĂ una obra original. Es de la pasta de todas las obras de arte que se universalizan.

Despu»s de Hern…ndez, Obligado (el Obligado de Santos Vega) que se puede contar como un intento de perfeccionamiento literario de la poesĂa criolla. Mucho m…s instruido que el autor de MartĂn Fierro, Obligado adecenta, por asĂ decirlo, a Hern…ndez, a del Campo y a Ascasubi, y, por momentos, en una forma algo m…s correcta, logra dar la emoci€n del paisaje nativo. Pero, era demasiado literato para avanzar un paso sobre Hern…ndez; no consigui€ alleg…rsele siquiera. La preocupaci€n por la correcci€n, por la decencia, por la literatura, por lo consagrado, no le permite librarse de un t»rmino medio sin fuerza de originalidad. Despu»s de Hern…ndez, aôn despu»s de del Campo, aôn despu»s de Ascasubi, no tiene objeto.

Almafuerte, es el primero que, en esta rama de nuestra poesĂa, es decir, en nuestra poesĂa, da una nota nueva al arte despu»s de MartĂn Fierro, Hasta Almafuerte, la poesĂa es epopeya y es drama; en Almafuerte, es lĂrica y did…ctica, principalmente. Cuesti€n de g»neros. En el fondo, una y otra es sinceridad artĂstica, es liberaci€n de la literatura. No soli€ caer Hern…ndez en vicio literario; Almafuerte, cay€ muchas veces. Con frecuencia es, lisa y llanamente, un literato como todos los dem…s, decidor de palabras sin sentido cabal, o con el sentido que quiera d…rseles; pero tiene obra suficiente de artista verdadero, de artista original, para suplir, con creces, todas las deficiencias que en ese sentido puede ofrecer. Hern…ndez, hizo hablar al gaucho, Almafuerte, es el gaucho de Hern…ndez, ciudadanizado, que habla por su cuenta. Con la mentalidad, los sentimientos, la filosofĂa, la mora, en fin, del gaucho, y la visi€n de la ciudad nueva, habla, truena en nombre de una raza que se extingue en la inevitable evoluci€n.

Otros poetas que sentĂan su medio y su »poca, surgieron bajo la »gida de Almafuerte. Ninguno tiene mayor significaci€n. Federico Guti»rrez, tal vez es el ônico que, en tĂmidos tanteos, consigue dar algunas notas tĂpicas del ambiente suburbano; pero se eclipsa totalmente al lado de Carriego, al que es necesario llegar para encontrar un nuevo y vigoroso elemento de la poesĂa nativa.

En una comparaci€n somera de ambas corrientes de nuestra poesĂa, pronto se advierte un detalle: el paralelo progreso formal de las dos, un poco m…s acentuado, naturalmente, en la europeĂsta. Los rom…nticos, se limitan al empleo del endecasĂlabo y el octosĂlabo, en sus ritmos corrientes, como sus cong»neres espałoles; los cl…sicos (porque es necesario convenir en que Ascasubi, del Campo y Hern…ndez son nuestros cl…sicos en la poesĂa), apenas usan otro metro que el octosĂlabo y la d»cima como estrofa. Los clasicistas, amplĂan sus medios con el dodecasĂlabo y el alejandrino; Almafuerte, avanza hasta el ex…metro. Los modernistas, no conocen limitaci€n de metros. Branchs, se contiene un tanto, y, sin descuidar una sola de las buenas formas modernistas, da un valor especial a los cl…sicos moldes castellanos, cosa an…loga, en parte, a lo que sucede con Carriego. En este paralelismo, adem…s, se advierte una constante influencia formal de la corriente mestiza sobre la criolla.

Por otra parte, en la evoluci€n de la poesĂa patria, es de notar tambi»n este fen€meno comôn a ambas corrientes. La ciudad, va invadiendo al campo progresivamente, hasta excluirlo casi por entero. Es lo que veremos en Carriego, poeta de Buenos Aires.

 
NOTAS

  1. Citado por Roberto F. Giusti, en "Nuestros poetas j€venes"

  2. Ricardo Rojas, conferencia inaugural de la c…tedra de literatura argentina, en la Facultad de FilosofĂa y Letras, 1914.

  3. Leopoldo Lugones, conferencias sobre el payador, en el teatro Ode€n, 1914.

 

III

UN APRENDIZ DE POETA

En vida, como queda dicho, Carriego no dio a conocer m…s que un libro, Misas Herejes. A su muerte, se encontraron ordenados por su mano los materiales de otro, sin tĂtulo, y una obra dram…tica en un acto y en prosa, Los que pasan, estrenada luego, el 16 de noviembre de 1912, en el teatro Nacional. Revisando sus papeles, que su hermano Julio conserva con todo cariło, he hallado, por mi parte, los manuscritos de tres composiciones po»ticas m…s, una de ellas, muy extensa, una parodia licenciosa, no exenta de ingenio, del Edipo. Estos escritos, los dem…s mencionados en el capĂtulo I, y algunos otros que quiz… figuren por ahĂ en revistas olvidadas o en poder de particulares amigos del poeta, constituyen toda su obra literaria. Para juzgarlo completamente, sin embargo, basta con tener en cuenta el volumen de poesĂas que, como homenaje a su memoria, editaron despu»s de su muerte sus amigos y admiradores. El libro, fue preparado por Enrique Carriego, hermano de Evaristo, y Marcelino del Mazo y M…s y PĂ, y contiene Misas Herejes Ăntegro, con m…s los poemas que tenĂa ordenado el autor mismo, para la publicaci€n. Es el volumen que nos va a servir de guĂa en adelante.

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En cinco partes distintas se divide Misas Herejes: "Viejos sermones", "EnvĂos", "Ofertorios galantes", "El alma del suburbio" y "Ritos en la sombra", mencionadas segôn el orden de colocaci€n que tienen en el libro. Las tres primeras y la ôltima, ofrecen un mismo car…cter. Las tendremos, pues, en cuenta como una sola, dejando de lado "El alma del suburbio", que significa un adelanto sobre las anteriores y como el puente de tr…nsito a La canci€n del barrio. (1)

Al trazar su biografĂa, Carriego se nos mostr€ ya como un enemigo del modernismo ambiente. Recu»rdese la poesĂa dedicada a la sełora Sylla Silvia de M…s y PĂ:

Si de estas cuerdas mĂas, de tonos m…s que rudos
te resultasen …speros los rendidos saludos,
y quieres blandos ritmos de credos idealistas,
aguarda delicados poetas modernistas...

Manifiestamente contrario a los poetas decadentes, creĂa, pues, opon»rseles con su obra. He aquĂ, no obstante, que, sin quererlo, sin pensarlo, era m…s decadente y m…s simbolista y m…s preciosista que ninguno. En esa misma composici€n glosada, a rengl€n seguido de su expresi€n ir€nica contra los modernistas, escribe:

Palmera brasileła, que al caminante herido
ofrendaras tus d…tiles de Pasi€n y de Olvido,
en el Desierto énico: tô eres la apoteosis
que, nimbando de incendios sus fecundas neurosis,
cruzas por los vaivenes de sus hondos desvelos
como si fueras Luna de sus noches de duelos.
Para hallar algo tan enf…tico, tan abstruso, tan enrevesado, tan ridĂculo como esos seis versos, es necesario recurrir.... a Carriego, ya sea en esa composici€n (escrita toda ella en el tono de la muestra), ya en otras muchas de Misas Herejes (tĂtulo de por sĂ simb€lico, abstruso, enf…tico tambi»n). No estar…n dem…s algunos ejemplos:
 
En un largo alarido de tristeza
los heraldos, sombrĂos, la anunciaron,
y las faunas errantes se aprontaron
a dejar el amor de la aspereza. (2)

. . . . . . . . . . . . .

Que tus p…lidas princesas de inefables corazones
lleven lirios de tus rimas a un olĂmpico PaĂs ...
con las hostias fraternales de tus suaves comuniones
que el orfebre de los triunfos en tus lĂricos blasones,
grave todos sus laureles con olivo y flor de lis. (3)
. . . . . . . . . . . . . . . . .
En la gran copa negra de la sombra que avanza
quiero probar el vino propicio a la ałoranza. (4)
. . . . . . . . . . . . . . . .
La Epopeya del Triunfo se ha anunciado sonora
al galope del rojo centauro de la Aurora
que llega, como heraldo de la Ciudad lejana,
precursor del saludo, del laurel y la diana. (5)
. . . . . . . . . . . . . . .
...Y despu»s de beber de tus castalias,
como en lago de amor tranquilo y terso,
ƒte besar» las sienes con un verso
para calzar de nuevo las sandalias! (6)
. . . . . . . . . . . . . .
Fue al surgir de una duda insinuativa
cuando hiri€ tu severa aristocracia,
como un sĂmbolo rojo de mi audacia,
un clavel que tu mano no cultiva. (7)
. . . . . . . . . . . . .
Y, asĂ, en tu vanidad, por la impaciente
condena de un orgullo intransigente,
mi rojo heraldo de amatorios credos....(8)
. . . . . . . . . . . .
Como las nerviosas manos de mi amada,
que, en largas teorĂas de gestos cordiales,
devotas del dulce crimen amatorio,
degœellan mis mansos corderos pascuales! (9)
. . . . . . . . . . . . . . .
En un carro triunfal hecho de auroras,
y envueltas en flotantes muselinas,
con impudor de audacias femeninas
han llegado las nuevas doce horas. (10)
. . . . . . . . . . . . . .
Cuando escucho el rojo violĂn de tu risa,
en el que olvidados acordes evocas,
un c…lido vino Ç licor de bohemia Ç
me llena el cerebro de môsicas locas. (11)
. . . . . . . . . . . . . . .
Enfermizas plenitudes
de emociones amatorias
modernismo de lo Raro,
de embriagueces ilusorias,
que disfrazan las crudezas de sus credos materiales,
como f€rmulas severas
de blasones impolutos,
que, discretos, disimulan
los salvajes atributos,
las paganas desnudeces de las fuerzas genitales. (12)

Pero, basta.

En los pasajes transcriptos y en otros muchos m…s que se pudieran transcribir, Carriego aparece con todos los vicios del modernismo, elevados al cubo. La vida que vive, no existe para »l al ponerse a escribir. Ha leĂdo libros, ha leĂdo versos, libros y versos en los que tampoco la vida conocida directamente, palpitaba, y se ha creado una vida que quiere expresar: la vida de lo raro, de lo ex€tico, de lo enfermo, de lo lôgubre, una vida infectada de todo mal, y mentida, por otra parte. Y si alguna vez, por casualidad, repara en la vida que le toca de veras, tampoco puede verla al desnudo, tal como es, sino revestida de todo el f…rrago de im…genes que le han dejado las lecturas mal digeridas. Ha de decir que intent€ darle un beso a una mujer, y que ella, intransigente, interpuso su mano entre ambas bocas (y esto no se sabe sino despu»s de muy penosos esfuerzos), pero no, decirlo asĂ, serĂa pedestre, no serĂa po»tico, y entonces, llama "clavel" y "rojo heraldo de amatorios credos" a sus labios, y al acto negativo de la hembra, la ejecuci€n del clavel con "la guillotina de sus nobles dedos". Ha de alabar a una buena sełora brasileła, cuya amorosa atenci€n significa