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La Comunidad Homosexual Argentina (CHA) presentó  en el Senado de la Nación el libro Adopción. La caída del prejuicio (Proyecto de Ley Nacional de Unión Civil), que recopila la opinión de profesionales sobre la adopción en parejas homosexuales. Del lanzamiento participaron la senadora Diana Conti y el titular de la CHA, César Cigliutti.

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20-11-2004

La CHA presentó su libro sobre adopción


La obra incluye artículos de la psicoanalista Eva Giberti, de la jueza de Familia Graciela Medina, autora del proyecto de ley de unión civil en la Ciudad de Buenos Aires, y el investigador del Conicet Juan Carlos Volnovich.
 
La CHA está terminando la redacción del proyecto de ley nacional de unión civil que será presentado a las cámaras legislativas a más tardar en diciembre de este año.
 
Pero el primer paso para conseguir el consenso necesario para que la ley sea tratada con éxito en el Congreso fue dado con la presentación de este libro, que, compilado por Jorge Horacio Raíces Montero, psicólogo clínico y encargado del área salud de la CHA, da cuenta de la experiencia de parejas del mismo sexo en torno de la adopción. Eva Giberti, Alfredo Grande, Juan Carlos Volnovich, Jorge Garaventa e Isabel Monzón son algunos de los profesionales que participan y dan cuenta de que, como se señala en las conclusiones, "la ciencia admite que los niños y niñas que crecen con padres gays, lesbianas, travestis, transexuales, bisexuales o intersexo se desarrollan en forma normal en lo cognitivo, social, emocional y sexual", pensando lo normal como un equilibrio dinámico y no como una ausencia de conflicto, pues eso escapa a la especie humana.
 
La posibilidad de la adopción es una de las diferencias fundamentales respecto de la unión civil que rige en la ciudad de Buenos Aires, ya que ésta no puede influir sobre el derecho de familia que corresponde al ámbito nacional. Y es por esto que el libro se plantea como una movida fundamental en la estrategia por conseguir el consenso que se necesita para abrir el debate en torno de los plenos derechos de las parejas del mismo sexo. "Lo gracioso -dice Cesar Cigliutti, presidente de la CHA- es que algunos de estos trabajos fueron encargados por diversas asociaciones profesionales justamente para alejar la posibilidad de que podamos adoptar. Ese fue el caso de la Asociación de Pediatras Americanos, con sede en Nueva York, que tuvo que admitir que la orientación sexual de quienes ejercen las funciones maternas y paternas no genera ninguna patología en particular."
 
Como lo hizo en el ámbito de la ciudad, la CHA pretende que el proyecto ingrese en la Cámara de Diputados con la firma de por lo menos un integrante de todos los partidos que la integran. Y, aunque no anticipan nombres, aseguran que ya están comprometidos los partidos mayoritarios -PJ, UCR, ARI- y "por supuesto los de izquierda".
 
La de la CHA, sin embargo, no es la única estrategia que está moviendo fichas en el tablero de las nuevas familias. La Coalición Nacional por la Unión Civil, que reúne a más de 30 agrupaciones en todo el país y en la que participa Las Fulanas, con María Rachid a la cabeza, se ha propuesto apoyar "cualquier proyecto que impulse en todo el territorio nacional la legalización de las parejas del mismo sexo", aunque no contemplen el derecho a adoptar, como es el caso que la diputada del ARI Laura Musa viene tratando de impulsar hace cuatro años. "Si sale primero ese proyecto igual lo vamos a considerar un paso adelante que nos permite pensar en seguir trabajando para conseguir el derecho a la adopción, la herencia y a ser reconocidas como familia", dice Rachid quien, mientras busca junto con su pareja mujer un embarazo por fertilización asistida, planea otra movida: "Utilizar la vía judicial para que podamos tener la patria potestad compartida de nuestro hijo o hija. Así fue como se empezaron a formar las primeras familias en Estados Unidos".
 
Anticipo del libro "Adopción, orientación y deseo"
 
Por Jorge Garaventa *
 
Almudena es una joven española de 19 años, a la que conocí en un foro electrónico sobre adopción. Un día me escribe en privado: "Soy la hija de Manuel y Pablo" (asiduos participantes del foro), los cuales habían mencionado en su momento que eran una pareja homosexual y eran padres adoptivos de una niña. El desarrollo psicoemocional de Almudena tira por la borda las manifestaciones prejuiciosas acerca de los trastornos identificatorios, labilidad identitaria y sobre todo esquemas preformados de elección de objeto amoroso. La joven es heterosexual, mas, si no lo fuera nada de lo afirmado antes perdería sustento.
 
La teoría de la degeneración, que hizo escuela largamente en ámbitos científicos y silvestres sustentaba la tesis de que a padres heterosexuales, hijos heterosexuales, por lo que un hijo homosexual sería producto de la degeneración de lo normal.
 
Tributaria de aquella teoría surge ésta que dictamina que a padres homosexuales, hijos homosexuales. Almudena y tantos otros conocidos hoy gracias a los estudios de los pediatras norteamericanos (citados seguramente en este libro), serían degenerados. ¡No!, dice el patriarcado, son normales por casualidad pero seguramente profundizando en sus cualidades psíquicas se descubrirán las huellas patológicas de la situación antinatural a la que fueron sometidos.
 
Para algunas personas es horroroso que se permita que un niño o una niña abandonados sean adoptados por homosexuales. No hay la misma manifestación de horror hacia el maltrato cotidiano, las vejaciones, abusos y violaciones que suelen sufrir a veces en sus hogares de origen, o siempre, en las instituciones de internación.
 
La pregunta básica que subyace es si la orientación sexual de una persona que quiere adoptar es determinante para sus chances de lograrlo.
 
Si bien podría argumentarse erróneamente que la cuestión de fondo pasa porque la sociedad determina que el niño debe ser criado en una situación de familia clásica, con roles claros y funciones anatómica y socialmente determinadas, este argumento escatima la cuestión que lo que subyace es la discriminación hacia la homosexualidad, los miedos, los prejuicios y el horror que esto despierta.
 
La cuestión de que las trabas para la adopción monoparental son infinitamente menores, salvo en aquellos casos en que se sospecha de la orientación sexual del solicitante abonan estos dichos.
 
El determinar la aptitud de alguien para adoptar, situación que creo que debe establecerse fehacientemente no pasa, al menos desde la perspectiva psicológica, por la orientación sexual sino por otras cuestiones entre las cuales el deseo de tener un hijo no es precisamente menor.
 
* Autor de uno de los artículos del libro Adopción, proyecto de ley nacional de unión civil.

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Dirección General de Niñez y Adolescencia: pasado, presente y futuro del trabajo por los chicos en riesgo

Las crisis imponen la agenda. Seguir sus ritmos y desplegar mecanismos de defensa o adaptación es muy complejo, sobre todo para organismos burocráticos, de grandes estructuras y desplazamientos a veces, y por distintas razones, un tanto lentos. La Dirección General de Niñez y Adolescencia (DGN) es un buen ejemplo de una de esas organizaciones que tiene que luchar contra graves problemas, mediar las urgencias y planificar sobre un futuro incierto.
La DGN tiene 20 Jardines Maternales, 7 Centros de Atención Familiar, Juegotecas, un espacio de turismo social llamado “Puerto Pibes”, el CAINA (Centro de atención Integral de la Niñez y Adolescencia), Andamio y Piedra Libre (Hogares de tránsito) y convenio con más de 30 hogares de la Capital Federal. Todas estas herramientas son trabajadas por la licenciada Carmen Frías, directora del organismo, y un grupo que intenta subsanar los padecimientos que muchos chicos y grandes arrastran de tiempo, potenciados y multiplicados por la crisis de fines de 2001.
A pesar de estos espacios y las ganas de trabajar, distintas limitaciones perturban el desenvolvimiento en la crisis social. El presupuesto que se ejecuta proviene de la gestión anterior, así como los programas, a los que si bien se los ha marcado con la impronta que consideran deben llevar en la presente gestión -comenzada en enero de 2004- ya vienen definidos de antemano, lo que implica un escaso margen de maniobra, pocas posibilidades de salirse de los marcos fijados, de aplicar concepciones propias y conducirse de manera pertinentes en relación a los nuevos escenarios. Porque los escenarios cambian.

“En sus inicios, en los primeros años de la década del ´70, la Dirección de Niñez operaba con dos programas básicos: Jardines Maternales y Centros de Acción Familiar, dispositivos que apuntaban no tanto a la educación como a la contención social, especialmente en relación al aporte nutricional, calórico”. Estos son los primeros años de la línea de tiempo que desarrolla Carmen Frías, que continua metiéndose en la década que sigue, la de los ´80, la del regreso a la democracia. “El por entonces intendente Julio Saguier comprendió que esos mecanismos no daban abasto, no eran suficientes ni funcionales a una problemática que se iba haciendo evidente. Terminada la represión, con riesgos mucho menores de ser corridos de las calles, encarcelados y reprimidos, un número importante de chicos comienza a verse en las calles. La evidencia de la situación de crisis es la que hace pensar en que nuevos formas de trabajo deben disponerse, ya que el aporte calórico en jardines o comedores no es suficiente: hay chicos que viven en plazas, calles, debajo de la autopista”. Así, a mediados de la década del ´80, se establecieron lugares, programas para el trabajo desde el juego, la recreación.
Los ´90 son otra etapa. “Luego, a partir de la firma de la Convención por los Derechos del Niño, se toma conciencia, y el marco legal lo permite, de la necesidad de la prevención. Originar otra línea de trabajo complementaria y quizá más importante, una línea que no tuviera sentido reparatorio. Surge el modelo de intervención preventorio en temas de niñez, impulsado desde organismos oficiales en conjunto con el desarrollo de ONGs, que hacen su aporte al trabajo desde infancia. Son los programas que denominamos posconvención. Estas son las dos líneas de trabajo principal: Preventorio y Reparatorio. La convención y la ley 114 de Protección Integral de la Niñez y Adolescencia abren nuevas posibilidades de trabajo, asientan un marco legal y una concepción de esta etapa de la vida que impulsa a un cambio sustantivo en el desarrollo del trabajo”. Con estos términos, la licenciada Frías se refiere a los lineamientos de la actividad en relación a infancia y adolescencia en riesgo.
Hoy se toma como alternativa para chicos que están en calle y no pueden volver a sus casas, a sus familias -ya que las condiciones ambientales no están dadas para ello-, la inclusión en una casa o espacio perteneciente a alguna Organización No Gubernamental (ONG) que trabaje de acuerdo a lo que pauta la Convención. “Lo importante es no hacer una lectura estática de la realidad del chico. Las realidades de ellos son dinámicas, y en esos términos hay que pensar”, señala Eduardo Urueña, asesor de la DGN. Las instituciones son estáticas, las realidades son dinámicas.
Esto también parece reflejarse en las palabras de Frías: “Los chicos en el año 2000 vivían en una situación bien distinta a la que atraviesan los chicos hoy, en el 2004. Se podían ver chicos en situación de calle, adultos muy fisurados por la vida en situación de calle, pero lo que no se veía hasta hace unos años, históricamente, eran familias en situación de calle. No se veía una familia completa armando su casita precaria debajo de la autopista. Estaba el pibe que se había rajado de su casa, el adolescente en calle, pero no se veía el chico que para comer revuelve la basura, como se ve hoy. Eso superó todo, no hay presupuesto que baste. Claro, un presupuesto atado es peor aun, más atados estamos”.
La cuestión es demasiado compleja como para simplificarla, de muchas cosas depende el cambio efectivo como para tener una política acorde a la problemática. Como dice Frías en la editorial que abre la página web de la Dirección de Niñez (www.dirgralnin.gov.ar) “La posibilidad de llevar a cabo una transformación está sujeta a la necesaria modificación de los paradigmas que orientan la intervención estatal. Es en este sentido que la Dirección General de Niñez y Adolescencia posee como objetivo prioritario asegurar el acceso universal e igualitario de los niños/as y adolescentes a sus derechos”. Para consolidar los derechos, la Directora esboza una estrategia: “Tendríamos que sentarnos todos juntos para pensar cómo reformular ciertas cosas, desde el Estado y desde las ONG. Creo profundamente en la articulación Estado-ONG, en tanto el Estado no se siga corriendo, desplace toda la responsabilidad sobre ellas y encima las rete porque no hacen lo que el Estado dejó de lado, y en tanto que la sociedad civil no tenga la postura de decir el Estado no hace nada más que darme un monto de contraprestación por lo que yo hago con lo cual no me puede exigir nada. Ambas posturas impiden el desarrollo de una política seria”.
Según Eduardo Urueña, “el campo de trabajo es mucho más amplio que el chico, el niño, la persona. El campo de trabajo es el niño y la salud, la justicia, la educación, el trabajo conjunto con distintos organismos que trabajan en áreas. Acá no se trata sólo de atender al chico presente, el que está delante nuestro, se trata de abarcar el problema en sus distintos frentes”. Para ello, uno de los dispositivos son los hogares: “En lo relacionado a hogares, hacemos un acompañamiento de la tarea que hacen. No es un esquema persecutorio ni controlador si no que es un esquema de trabajo en las tareas específicas del hogar”, continúa el licenciado Urueña, ejemplificando parte de la labor.

La postura de la DGN está, también, planteada en su página en internet:
“Desde esta área de gobierno consideramos necesaria la puesta en vigencia de políticas públicas -económicas, sociales, laborales, educativas, etc.- que aseguren el desarrollo integral de la infancia y la adolescencia. Sólo la instrumentación de políticas de carácter integral y preventivo permitirá superar la brecha existente entre los derechos proclamados, tanto por la Convención Internacional de los Derechos del Niño (con jerarquía constitucional a partir de la reforma de nuestra Constitución Nacional en 1994) como por la Ley 114 de Protección Integral de los Derechos de niños y adolescentes de la Ciudad de Buenos Aires, y su vigencia social”.
Para 2005 se prevén nuevas instancias, “apertura de Paradores, sobre todo. Además, contar con una línea telefónica propia. Otro de los proyectos que tenemos para el año que viene es la descentralización del equipo de unidad móvil. Necesitamos más gente que trabaje en este equipo, con nuevos móviles en zona norte y zona sur de la ciudad, además de una articulación grande con el Consejo de los Derechos. Queremos replicar algunos proyectos muy interesantes que están algo acotados a ciertos lugares, queremos que se amplíe el número, que abarquemos más superficie de trabajo con dispositivos que funcionaron bastante bien”.
Un punto importante es acercar a los chicos mayores al mundo del trabajo. “Es central empezar a trabajar con los mayores en la inserción laboral, el aprendizaje de oficios con chicos que en sus familias o grupo cercano no cuentan con experiencia de trabajo, nunca vieron a alguien trabajar, no saben lo que es, por lo tanto desconocen lo que es la disciplina del laburo, porque no lo pudieron aprender de nadie”. Estas son ideas fuerza de la Dirección General de Niñez para el año entrante.
“Lo que marca la diferencia, la impronta de esta gestión es la prevención. Prevenir que no suceda para no estar peor”, destaca Eduardo Urueña siguiendo la línea argumental desarrollada hasta el momento. “Puerto Pibes es justamente un espacio que apunta a esto. Es una experiencia piloto. Se forma a chicos, líderes comunitarios, y se los contrata para que sean multiplicadores de nuestros esquemas de trabajo, repliquen el trabajo que se hizo con ellos, porque ellos fueron chicos que en su momento estuvieron dentro de la Dirección (DGN)”, concluye Frías.
Y así es que, con Formación, Reparación, Prevención y Reinclusión como objetivos centrales de trabajo, la Dirección General de Niñez y Adolescencia de la Ciudad de Buenos Aires intenta poner coto a una situación cada vez más preocupante. Pero este trabajo, para su consecución, requiere de más involucrados, de personas que trabajen, acompañen y propaguen la temática dentro de la sociedad, buscando la concientización sobre el problema, cobijando la esperanza de que algún día la dinámica propia y la fuerza del trabajo alcanzarán a la crisis y la relegarán.



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