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FUMAR ES UN PLACER GENIAL, SENSUAL...
Autora: Lic. Lina Altieri


Sin duda. Mal que les pese a los cruzados del antitabaquismo y a cuantos encarnan lo que Vargas Llosa llama el “fascismo de la salud”, quienes escudándose en el dudoso derecho de velar por nuestro bienestar dictaminan que no debemos, entre otras cosas, fumar.

Sin duda, fumar es un placer. Pero, ¿qué es el placer?


Se podría contraponer “placer” a “dolor”, e incluso plantear que ambos conceptos se excluyen mutuamente, pero quizás sea mejor tratar de lograr una definición sin apelar a esta oposición. En tal caso, podríamos decir que el placer consiste en la satisfacción de ciertas necesidades; en un sentimiento de bienestar; en una exaltación del cuerpo, o de la psiquis, o del alma. Pero no siempre coinciden estos predicados con el sujeto “placer”.
La dificultad de la definición obedece a la variada gama de contextos en que el término puede utilizarse, y por otra parte, al problema de la subjetividad. Dos grandes escuelas filosóficas se han ocupado de pensar qué lugar ocupa el placer desde el punto de vista ético.

El hedonismo, aparecido en Grecia unos cuatrocientos años antes de la era cristiana, considera al placer como el fin de las actividades morales, por lo tanto, bueno en sí mismo, y al dolor malo en sí mismo.
Para el ascetismo, corriente nacida en la antigüedad clásica y de gran desarrollo dentro del cristianismo –particularmente, para Weber, en el protestantismo-, por el contrario, el placer es fundamentalmente malo. Esto es siempre así, más aún cuando se trata de placeres sensibles, referidos al cuerpo; la actitud moral correcta sería abstenerse, no abandonarse a ellos, para lo cual el alma y el cuerpo deben ser entrenados.

Ambas escuelas tuvieron diversas interpretaciones a lo largo de la historia del pensamiento, se imbricaron con otras corrientes y generaron combinaciones de notoria influencia. Tanto es así, que hoy los términos hedonista y ascético son adjetivos de uso bastante frecuente en el lenguaje común.

Un filósofo griego del siglo IV a.C., Epicuro, halló algo así como una síntesis superadora de estas dos posiciones antagónicas respecto del placer. Comenzó por plantear una doble necesidad: eliminar el temor a los dioses y el miedo a la muerte. Sobre esta base Epicuro construyó su ideal de vida tranquila, con la felicidad como bien supremo. La felicidad se logra a través de la autonomía, o autarquía, y del desprendimiento del dolor, la pena, el temor y las preocupaciones. No se trata de la ausencia de estos estados afectivos, sino de su dominio. El logro de la felicidad exige en manejo, una combinación de los placeres, de tal manera que no perjudiquen el bienestar total del individuo, y Epicuro no considera el bienestar en forma superficial, sino profunda y abarcativamente, tanto en el plano físico como en el mental. La filosofía, dice Epicuro, es inútil si no cura los sufrimientos del alma.
Pretendemos, con todas las consideraciones precedentes, ensanchar un poco el horizonte desde el cual se piensa el tema del fumar.

Si prendemos un cigarrillo tras otro sin siquiera apreciar su aroma y su sabor; si fumamos subrepticiamente en un pasillo debido a prohibiciones hipócritas; si encendemos nuestro tabaco con culpa por el futuro cáncer de pulmón, inevitable, según algunos; si, en fin, fumamos con semejante carga de presión en nuestro ánimo, cualquiera sea su origen y su fundamento, está fuera de duda que el placer no vendrá a la cita.

Fumar es un placer genial, sensual y varias cosas más, si tenemos la suficiente lucidez como para querer que lo sea, si estamos en posesión de este placer y ejercemos su manejo. Si lo inscribimos en el contexto de una vida placentera y voluntariamente feliz. Este gobierno inteligente a nivel pulsional, que además de Epicuro tiene como otras fuentes a autores tan insignes como Spinoza, Freud y Sartre, entre muchos otros, nos permitirá fumar, comer, beber y conjugar todos los otros verbos nacidos de la maravillosa multiplicidad de nuestra vida. Nunca fue una buena receta reducir, excluir o amputar posibilidades; de lo que se trata es de saber conciliarlas.
Esto, si hablamos de la vida. Porque si de lo que hablamos es de dejar de vivir, el tabaco es un medio tan eficaz como cualquier otro.

1 - La Lic. Lina Altieri es Psicoanalista, Psicóloga Clínica y Profesora de Filosofía – Tel.: 4807-4529. Vea su página web en www.gruporecoleta.com.ar

 

 

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