Barrio de Palermo de la Ciudad de Buenos Aires Argentina radio palermo fm
buscar en palermo
Palermonline publicidad 1001

El Portal del Barrio de Palermo Soho, Hollywood, Madison, Sensible, Las Cañitas, Villa Freud o Guadalupe, Queens Outlet y Av. Córdoba

Compartir en Facebook Noticias Del BarrioDePalermo

1. Fantasía y ciencia ficción
Monstruos, duendes y platos voladores
Durante todo el mes de Enero 2007

Fuente: palermonline
Fecha:

2. malba.cortos
La jetée (Francia, 1962), de Chris Marker
Jueves y viernes a las 18:00. Entrada libre y gratuita

3. Estreno internacional I

En el hoyo (México, 2006), de Juan Carlos Rulfo
Sábados y domingos a las 17:00

Función especial

Del olvido al no me acuerdo (México, 1999), de Juan Carlos Rulfo
Viernes 19 a las 18:304. Estreno internacional II
Moolaadé (Senegal | Francia | Burkina Faso | Camerún | Marruecos | Túnez, 2006), de Ousmane Sembene
Sábados y domingos a las 20:00

5. Continúa

Río arriba (Argentina,2004), de Ulises de la Orden
Sábados y domingos a las 18:30


6. Ciclo Petrobras

El hombre de la esquina rosada (Argentina, 1961) de René Mujica, basada en un cuento de Jorge Luis Borges
Viernes 19 a las 21:00. Entrada libre y gratuita


7. Grilla de programación

5. Ciclo Petrobras
El hombre de la esquina rosada (Argentina, 1961, 65’) de René Mujica, basada en un cuento de Jorge Luis Borges.
Viernes 19 a las 21:00. Entrada libre y gratuita
Un hombre sale de la cárcel y se va poblando gradualmente por el fantasma de otro y por una venganza que le es ajena pero que asume como propia.
Esta película es una de las mejores que inspiró la literatura de Borges y constituye, además, una excepción a la independencia de las obras incluidas en este ciclo ya que fue producida por la tradicional empresa Argentina Sono Film. Sin embargo, el carácter renovador del cine previo y posterior de Mugica justifica su exhibición en este contexto.

6. Grilla de programación
Jueves 4
14:00 La mosca, de David Cronenberg
16:00 Omicron, de Ugo Gregoretti
18:00 malba.cortos: La jetee, de Chris Marker *
18:30 El enigma de otro mundo, de Christian Nyby
20:00 La sonámbula, de Fernando Spiner
22:00 La última ola, de Peter Weir
00:00 Metrópolis, de Fritz Lang+ MV
Viernes 5
14:00 Martín, de George A. Romero
16:00 Alphaville, de Jean Luc Godard
18:00 malba.cortos: La jetee, de Chris Marker *
18:30 El planeta infernal, de Mario Bava
20:00 Alien, de Cameron Diaz
22:00 Hace un año en Marienbad, de Alain Resnais
00:00 Identificación de una mujer, de Michelangelo Antonioni
Sábado 6
13:45 El día que paralizaron la tierra, de Robert Wise
15:20 La niebla, de John Carpenter
17:00 En el hoyo, de Juan Carlos Rulfo
18:30 Río arriba, de Ulises de la Orden
20:00 Moolaadé, de Ousmane Sembene
22:10 Stargate, de Roland Emmerich
00:00 Solaris, de Andrei Tarkovsky
Domingo 7
13:45 La fortaleza maldita, de Michael Mann
15:30 Los guerreros del viento, de Hayao Miyazaki
17:00 En el hoyo, de Juan Carlos Rulfo**
18:30 Río arriba, de Ulises de la Orden
20:00 Moolaadé, de Ousmane Sembene**
22:10 Zardoz, de John Boorman
Jueves 11
14:00 Capricornio uno, de Peter Hyams
16:00 Pánico en el año cero, de Ray Milland
18:00 malba.cortos: La jetée, de Chris Marker *
18:30 Frankenstein, de James Whale
20:00 La novia de Frankenstein, de James Whale
22:00 El hijo de Frankenstein, de Rowland V. Lee
00:00 El hombre que cayó a la tierra, de Nicolas Roeg
Viernes 12
14:00 Beetlejuice, de Tim Burton
16:00 Adiós querida luna, de Fernando Spiner
18:00 malba.cortos: La jetée, de Chris Marker *
18:30 La invasión de los usurpadores de cuerpos, de Don Siegel
20:00 La invasión de los usurpadores de cuerpos, de Philip Kaufman
22:00 1984, de Michael Radford
00:00 El amanecer de los muertos, de George Romero
Sábado 13
13:30 Judex, de Georges Franju
15:20 La noche del cazador, de Charles Laughton
17:00 En el hoyo, de Juan Carlos Rulfo**18:30 Río arriba, de Ulises de la Orden
20:00 Moolaadé, de Ousmane Sembene**
22:10 Jasón y los argonautas, de Don Chaffey y Ray Harryhausen
00:00 Excalibur, de John Boorman
Domingo 14
13:30 Outland, de Peter Hyams
15:20 Scanners, de David Cronenberg
17:00 En el hoyo, de Juan Carlos Rulfo**
18:30 Río arriba, de Ulises de la Orden
20:00 Moolaadé, de Ousmane Sembene**
22:10 Bésame mortalmente, de Robert Aldrich
Jueves 18
14:00 La maldición del demonio, de Jacques Tourneur
16:00 La zona muerta, de David Cronenberg
18:00 malba.cortos: La jetée, de Chris Marker *
18:30 Reanimator, de Stuart Gordon
20:00 La mancha voraz, de Irvin S. Yeaworth Jr
22:00 Escape de Nueva York, de John Carpenter
00:00 El horror de Dunwich, de Daniel Heller
Viernes 19
14:00 El gato negro, de Edgar Ulmer
16:00 Los niños del Brasil, de Franklin J. Schaffner
18:00 malba.cortos: La jetée, de Chris Marker *
18:30 Del olvido al no me acuerdo, de Juan Carlos Rulfo
20:00 El juego de la guerra, de Peter Watkins
21:00 Petrobras: El hombre de la esquina rosada, de René Mujica
22:15 La maldición del demonio, de Jacques Tourneur
00:00 Suspiria, de Dario Argento
Sábado 20
14:00 El hombre sin brazos, de Tod Browning + MV
15:00 El mundo en peligro, de Gordon Douglas
17:00 En el hoyo, de Juan Carlos Rulfo**
18:30 Río arriba, de Ulises de la Orden
20:00 Moolaadé, de Ousmane Sembene**
22:10 Onibaba, el mito del sexo, de Kaneto Shindô
00:00 Invasión, de Hugo Santiago
Domingo 21
13:00 Picnic en las rocas colgantes, de Peter Weir
15:10 Farenheit 451, de François Truffaut
17:00 En el hoyo, de Juan Carlos Rulfo**
18:30 Río arriba, de Ulises de la Orden
20:00 Moolaadé, de Ousmane Sembene**
21:10 Los niños del Brasil, de Franklin J. Schaffner
Jueves 25
14:00 La fortaleza maldita, de Michael Mann
16:00 Domingo negro, de Mario Bava
18:00 malba.cortos: La jetée, de Chris Marker *
18:30 El juego de la guerra, de Peter Watkins
20:00 Dark Star, de John Carpenter
22:00 Venecia rojo shocking, de Nicholas Roeg
00:00 Un millón de años AC, de Don Chaffey


Viernes 26
14:00 Alphaville, de Jean Luc Godard
16:00 Dr. Jekyll & Mr. Hyde, de Rouben Mamoulian
18:00 malba.cortos: La jetée, de Chris Marker *
18:30 El retrato de Jennie, de William Dieterle
20:00 Stargate, de Roland Emmerich
22:00 Los mil ojos del Dr. Mabuse, de Fritz Lang
00:00 Solaris, de Andrei Tarkovsky

Sábado 27
14:00 La maldición del demonio, de Jacques Tourneur
15:30 Los guerreros del viento, de
17:00 En el hoyo, de Juan Carlos Rulfo**
18:30 Río arriba, de Ulises de la Orden
20:00 Moolaadé, de Ousmane Sembene**
22:10 La noche de los muertos vivos, de George Romero
00:00 Venecia rojo shocking, de Nicholas Roeg
Domingo 28
13:30 Onibaba, el mito del sexo, de Kaneto Shindô
15:20 La noche del cazador, de Charles Laughton
17:00 En el hoyo, de Juan Carlos Rulfo**
18:30 Río arriba, de Ulises de la Orden
20:00 Moolaadé, de Ousmane Sembene**
22:30 La invasión de los usurpadores de cuerpos, de Don SiegelMV: Música en vivo


Entrada General: $7.- Estudiantes y jubilados: $3.5
* Entrada libre y gratuita hasta completar la capacidad de la sala.
** Entrada especial: $12.- Estudiantes y jubilados: $6



1. Fantasía y ciencia ficción

Monstruos, duendes y platos voladores
Durante todo el mes

Durante el mes de enero, malba.cine realiza un repaso por el cine fantástico y de ciencia ficción, de la mano del escritor Elvio E. Gandolfo. El autor de La reina de las nieves y Ferrocarriles argentinos sostiene, como John Carpenter, que "creer en el fantástico es, también, creer en el cine" y, en ese sentido, ha seleccionado cincuenta films entre los que se encuentran grandes clásicos (como Solaris, de Tarkovski; Metropolis, de Fritz Lang; Alien, de Ridley Scott; Frankenstein, de James Whale o el corto La jetée, de Chris Marker). Pero también se exhiben películas menos célebres que merecen revisarse -como Pánico en el año cero, de Ray Milland, Onibaba, de Kaneto Shindo, o El juego de la guerra, de Peter Watkins). La mayor parte de los films se verán en copias nuevas.
Elvio E. Gandolfo nació en 1947. Es narrador, poeta, traductor, editor y periodista. Codirigió con su padre Francisco la revista El lagrimal trifurca. Trabajó en las revistas El péndulo, Diario de poesía, V de Vian y en los diarios La Opinión, Clarín y La Capital. Publicó los libros de cuentos La reina de las nieves (CEAL, 1982), Sin creer en nada (Puntosur, 1987), Dos mujeres (Alfaguara, 1992), Ferrocarriles Argentinos (Alfaguara, 1994), Parece mentira (Fin de Siglo, 1993) y Cuando Lidia vivía se quería morir (Perfil, 1998). Su novela Boomerang (Planeta, 1993) fue finalista del Premio Planeta 1992. En 2006 publicó Ómnibus (Interzona). En 2007 aparece su Libro de los géneros (Norma). Trabaja en el suplemento cultural del diario El País, de Montevideo, y en las revistas Noticias y La mujer de mi vida. Vivió más de veinte años en Rosario; actualmente, lo hace entre Montevideo y Buenos Aires.

La mosca (The Fly, EUA, 1986) de David Cronenberg, c/Jeff Goldblum, Geena Davis, John Getz, Joy Boushel. 100’.
Como el original de 1958, es una variación de la Bella y la Bestia. Ahora interviene la genética: hay órganos que cambian de a poco, y un asco progresivo que pone a prueba el amor sin límites de Geena Davis. Aparte de la veteranía de Cronenberg en el uso de los cuerpos para provocar horror y extrañeza, es memorable la actuación de Jeff Goldblum, con algo de insecto ya cuando camina con su cuerpo normal. Después va soportando la sobrecarga de maquillaje y efectos especiales sin rebajar el nivel de emoción y terror. Los tramos finales son a la vez patéticos y escalofriantes.
Omicrón, la fogosa criatura del planeta Ultra (Omicron, Italia / Francia, 1964) de Ugo Gregoretti, c/Renato Salvatori, Rosemary Dexter, Ida Sarasini. 89’.
Un parásito estelar se apodera del cuerpo de Renato Salvatori, un obrero italiano, y lo somete a incontables pruebas y situaciones de peligro o diversión. Lee o maneja máquinas a velocidades inhumanas, o usa su "visión de rayos X" para ver como son las clases altas en ropa interior. Muy europea, la película se acerca al tono directo y alegórico de los cuentos filosóficos de Voltaire, por ejemplo. En el caso de la ciencia ficción anglosajona, recuerda el humor que ejercía en sus relatos cortos el ahora olvidado Robert Sheckley (que dio pie a un film italiano exitoso: La décima víctima). Gregoretti ejerce su propio humor, entre ácido y directo.
El enigma de otro mundo (The Thing from Another World, EUA, 1951) de Christian Nyby, c/Kenneth Tobey, Margaret Sheridan, Robert Cornthwaite. 87’
Aunque figure Nyby, fue Howard Hawks quien produjo, planeó y supervisó el rodaje de esta adaptación de un relato clásico de John W. Campbell, que en 1982 volvería a filmar John Carpenter. Hay diálogos veloces, un grupo que se va armando para enfrentar la amenaza, y una relación sentimental que crece entre abundantes y rápidos diálogos, y la necesidad de ser profesionales: Hawks puro. Es memorable la sencillez de un recurso (un círculo de hombres que se va ampliando sobre el hielo blanco) para dar una idea del tamaño amenazante de una nave estelar sin mostrarla.


La sonámbula (Argentina, 1998) de Fernando Spiner, c/Eusebio Poncela, Sofía Viruboff, Noemí Frenkel, Lorenzo Quinteros. 107’.
Un director argentino con dos esfuerzos complejos en el campo de la ciencia ficción es algo fuera de lo común. En este caso se sumerge además en un guión con bemoles, con cierto "tono Oesterheld" en el desfile de personajes variados, y en el nostálgico desplazamiento temporal del final. Es fundamental la presencia de Eusebio Poncela, y los cameos recordables de gente como Urdapilleta, Briski y otros. Tiene debilidades, tropiezos y limitaciones de presupuesto, pero en conjunto queda adherida a la memoria.
La última ola (The Last Wave, Australia, 1977) de Peter Weir, c/Richard Chamberlain, Olivia Hammett, David Gulpilil, Frederick Parslow. 106’.
Es el momento adecuado (granizadas, vientos y lluvias record que golpean por sorpresa) para ver este título de la etapa australiana de Weir. De a poco un abogado blanco y elegante se va sumergiendo en el clima de creencias y alucinaciones del mundo indígena, al defender a uno de ellos. Pronto se ve sumergido literalmente en las profecías sobre esa última ola que cerrará un ciclo de la civilización. Impecable manejo del clima y el suspenso, en un director que conservaría su interés por el mundo natural aun en sus títulos más comerciales y hollywoodenses (Tarjeta verde, o Capitán de mar y guerra).
Metropolis (Ídem., Alemania, 1926) de Fritz Lang, c/Brigitte Helm, Gustav Frohlich, Alfred Abel, Rudolf Klein-Rogge. 90’.
Es tan influyente, a su manera, como El acorazado Potemkin y tiene un tono "camp" casi delirante en su visión de las relaciones entre patrones y obreros, o en la bondad sin límites de una mujer, como solo una mente alemana puede imaginarla. El peso estético y la creatividad está en los decorados, en la visión global del futuro, y en el montaje rítmico con que el agua invade salones subterráneos enormes. Esa suma de aciertos geniales fue lo que marcó a la ciencia ficción en películas futuras, de modo directo o indirecto (como a través de Blade Runner). El ritmo pide música a gritos. En esta proyección la acompañará en vivo la National Film Chamber Orchestra, que coordina Fernando Kabusacki.
Alphaville (Ídem., Francia, 1965) de Jean-Luc Godard, c/Eddie Constantine, Anna Karina, Akim Tamiroff, Howard Vernon, Christa Lang. 95’.
Demostración casi soberbia de cómo se puede armar un clima futuro a partir de decorados mínimos, autos normales o las calles de París reinventadas. Bastan los ángulos de cámara, o la creación de escenas "shocking", como la ejecución de disidentes que van cayendo en una piscina. Está la musa godardiana (Anna Karina), y una idea básica: el Amor triunfa sobre la frialdad de la deshumanizante computadora Alpha 60. Todo podría ser hasta un poco tonto de no mediar la presencia de Eddie Constantine y sus mejillas poceadas, que aportan el cruce refrescante con la "serie negra".
El día que paralizaron la Tierra (The Day the Earth Stood Still, EUA, 1950) de Robert Wise, c/Michael Rennie, Patricia Neal, Hugh Marlowe, Sam Jaffe, Billy Gray. 92’.
La solidez multiuso de Wise (como otros de su época filmó todo tipo de género) le hace mucho bien a un argumento que podría haber culminado en un Mensaje Liberal demasiado obvio. Un extraterrestre llega a la tierra y lo hieren. A pesar de eso, una vez que se informa sobre el estado de las cosas, exige el fin de las guerras, y la paz. Para lograrlo detiene toda energía en el planeta (truco que usaría de otra manera Cameron en la versión completa de Abismo). Muy buena dirección de actores, narración fluida que resiste el paso del tiempo, y música de Bernard Herrmann.
La niebla (The Fog, EUA, 1980) de John Carpenter, c/Adrienne Barbeau, Jaime Lee Curtis, Hal Holbrook, Janet Leigh, John Houseman. 91’.
El prólogo (viejo lobo de mar charlando con niños, objetos eléctricos que se ponen a andar solos) ya hace pegar un par de saltos. Después el terror crece y se diversifica. Detrás, en la Historia del lugar, hay una culpa colectiva, social. En el presente, apenas una locutora de radio nocturna y algunos habitantes luchan contra una horda de piratas espectrales y crueles y, sobre todo, la niebla, que va contra el viento y que ataca impulsada por -o impulsando la- música de Carpenter. Está entre la media docena de clásicos de un maestro del género.


Stargate (Ídem., EUA, 1994) de Roland Emmerich, c/Kurt Russell, James Spader, Viveca Lidfors, Jaye Davidson. 119’.
Pura ciencia ficción, en el sentido más amplio, directo y popular del término. Un arqueólogo y un batallón de soldados cruzan el tiempo y el espacio a través de una Puerta, y se sumergen en un mundo alternativo. A partir de allí los efectos especiales no fallan, y el argumento recoge todos los factores que funcionaban en los años ’50: acción, inventiva, tensión entre soldados y civiles, y mucha aventura. Es un alivio que la zona visual (esencial) tenga matices claramente europeos, alemanes, sin repetir la textura del cine estadounidense. Se trata más bien de las estampas coloridas de los libros de aventuras del siglo XIX y principios del XX.
Solaris (Solyaris, URSS, 1972) de Andrei Tarkovski, c/Natalya Bondarchuk, Donatas Banionis, Jüri Järvet, Vladislav Dvorzhetsky. 165’.
Algún adepto a la comparación fácil habló de "la respuesta soviética a 2001". Otros, en cambio, dicen que es "una película que te cambia la vida". Algo que suena exagerado hasta que llega la toma final. Basada en una gran novela del polaco Stanislas Lem, es una de las obras maestras del otro gran cineasta ruso de todos los tiempos (cronológicamente el primero es Eisenstein). De manera enloquecedora, el poder de su país le costeó a Tarkovski películas caras y arriesgadas y lo sometió después a presiones crueles, destructivas (como a Eisenstein). El planeta en forma de océano del título es demoledor sin saberlo: se limita a corporizar los deseos de quienes lo visitan, y los enloquece. El montaje, las actuaciones y la energía de las emociones son simplemente inexplicables en palabras: por una vez, para eso está el cine.
La fortaleza maldita (The Keep, EUA, 1983) de Michael Mann, c/Scott Glenn, Ian McKellen, Alberta Warson, Jürgen Prochnow, Gabriel Byrne. 95’.
La idea de un lugar oculto en los Cárpatos rumanos que contiene una Maldad insondable, y que liberan las tropas nazis, para que un Hombre que viene de otros tiempos la enfrente, no parece el plato ideal para Michael Mann, uno de los grandes cineastas de Hollywood. La filmó poco antes de dedicarse a la exitosa serie Miami Vice. Conserva su poder de sugestión, su energía, y hasta la tendencia de Mann a la sobrecarga de sentido. Como dijo la revista británica Time Out: "su intento de agregar un análisis de la atracción emocional del fascismo simplemente no funciona al juntarse con el formato de cómic al estilo de la revista Heavy Metal."
Los guerreros del viento (Kaze no tani no Nausicäa, Japón-1984) de Hayao Miyazaki. Largometraje de animación. 85’.
El japonés Miyazaki ha dado algunos de los largometrajes animados más complejos de los géneros fantástico y de ciencia ficción. Aquí habla de una región protegida y pacífica, en un mundo post-catástrofe, que de pronto se ve invadida por máquinas voladoras, la guerra y, lo peor de todo, una amenaza terminal para la ecología. Las escenas de vuelo de seres aislados o de máquinas son memorables, verneanas. Como siempre, construye un universo coherente y misterioso a la vez.
Zardoz (Ídem., Gran Bretaña, 1974) de John Boorman, c/Sean Connery, Charlotte Rampling, Sara Kestelman, Sally Anne Newton. 105’.
Un mundo de fantasía futura bien descripto cae en ropajes y escenas kitsch cuando debe mostrar a la clase privilegiada (y débil) que sostiene la vida salvaje de los Exterminadores. Uno de ellos (Connery) logra entrar en la cabeza de piedra voladora que circula por los cielos, entregando armas a sus soldados. La zona argumental primero atrae y después provoca la sonrisa, incluso la carcajada. La zona visual del film mantiene hoy en cambio toda su potencia, gracias a la intuición y energía de Boorman. El realizador la filmó poco después de tratar de hacer (infructuosamente) una versión de Tolkien, y se basó parcialmente en El mago de Oz.
Capricornio Uno (Capricorn One, EUA, 1978) de Peter Hyams, c/Elliott Gould, James Brolin, Brenda Vaccaro, Sam Waterston, O. J. Simpson. 123’.
Autor de al menos un clásico del formato policial (Bullit) Hyams suele ser más bien lo que denominan "un buen artesano". Aquí emplea sus talentos profesionales para expresar una de esas ideas simples que parecen convertirse después en verdades. Se anuncia un vuelo a Marte, anuncio que deja al mundo en estado de suspenso. Pero los astronautas son llevados a un desierto para escenificar un descenso sobre el planeta rojo que no tendrá lugar en la realidad. La idea encajaba a tal punto con las sospechas paranoicas de ese mismo público
mundial del ‘70, que tal vez haya dado pie a la leyenda urbana (o cósmica) de que el alunizaje de 1969 tampoco tuvo lugar.
Pánico en el año cero (Panic in Year Zero, EUA, 1962) de Ray Milland, c/Ray Milland, Jean Hagen, Frankie Avalon, Mary Mitchel. 93’. Doblada al castellano.
Uno de los pocos títulos filmados por el actor Ray Milland, se dedica a pintar con energía infrecuente una ciudad de Los Ángeles post-nuclear. Una familia huye a los bosques y las montañas y va descubriendo la necesidad de la violencia extrema para sobrevivir. Según Time Out "se presenta como un recordatorio extraordinario de hasta donde pueden acercarse la avant-garde y las películas populares en épocas de inquietud social. La primera media hora es una serie interminable de coches medio ruinosos cruzando la pantalla, primeros planos de un dial de radio sin sentido, y los intentos frenéticos de los personajes por pensar ‘lo impensable’: casi podría ser un corto experimental. (…) Frankie Avalon es casi la única diferencia."
El hombre que cayó a la Tierra (The Man Who Fell to Earth, Gran Bretaña, 1976) de Nicholas Roeg, c/David Bowie, Rip Torn, Candy Clark, Buck Henry. 140’.
Roeg cuenta la llegada a la Tierra de un extraterrestre delgado y extravagante (David Bowie). Primero vive la aventura de ir recorriendo un planeta que solo conocía por transmisiones televisivas. Después experimenta la otra cara de la moneda: el costo de la vida emocional, y las traiciones de gente en la que confiaba. Ese proceso va rebajando su aura inicial y lo convierte casi en un pobre tipo, en una segunda parte progresivamente claustrofóbica y triste. Laberíntico, extenso y subyugante, con momentos que inspiraron a muchos directores de videoclips, absorbe sus propios excesos en la melancólica convicción del conjunto.
Beetle Juice (Ídem., EUA, 1988) de Tim Burton, c/Michael Keaton, Alec Baldwin, Geena Davis, Jeffrey Jones, Winona Ryder, Sylvia Sidney. 92’.
Una historia de fantasmas como pocas. La pareja que forman Geenna Davis y Alec Baldwin es feliz hasta la estupidez. Pero se caen al río y salen convertidos en fantasmas. Cuando regresan a su hogar lo encuentran ocupado por una pareja tan cuadrada como ellos eran felices. Solo la hija de los ocupantes (muy joven Winona Ryder) se contacta con ellos. Michael Keaton participa como una especie de pistolero lunático de lo sobrenatural. Una avalancha de inventiva visual, desparpajo expresivo y poesía demente, incluso para los standards de Burton.
Adiós querida Luna (Argentina, 2004) de Fernando Spiner, c/Alejandro Urdapilleta, Alejandra Flechner, Gabriel Goity, Claudio Rissi, Horacio Fontova. 100’.
En el año 2056, tres astronautas argentinos llegan a la luna con la misión de destruirla, pero quedan varados a la espera de órdenes y a merced de los peligros que suponen el aislamiento espacial, el peligro de la locura y un extraterrestre cachondo, de apellido García. En esta segunda incursión en los cielos de la ciencia ficción, Spiner rebaja la seriedad futurista y por momentos seudopoética de La sonámbula y aprieta el acelerador de la parodia. Como es habitual en el género, cada situación se ha construido a partir de improvisaciones pero es evidente que su ejecución final se ha logrado después de refinar cuidadosamente cada gesto, cada frase, cada matiz. En razón de ese rigor es que el film puede alternar con fluidez escenas de humor grueso (como el brillante remate del film) con otras de una elegancia digna de Alphone Allais (como una extraña situación en clave de deja vu).
Orwell 1984 (1984, Gran Bretaña, 1984) de Michael Radford, c/John Hurt, Richard Burton, Susana Hamilton, Cyril Cusack. 113’.
Película muy inglesa (sólida, cuidada, tristona), basada en una antiutopía clásica de George Orwell. Como el original literario, es sobre todo incómoda: en ese mundo hay grandes limitaciones económicas, afectivas, simplemente humanas. La vigilancia es total y permanente: en vez del Panóptico foucaultiano, la cara hosca del Gran Hermano ve todo. Rasgo típico del cine inglés decente: las actuaciones son buenas, en especial en el duelo entablado entre John Hurt y Richard Burton, y bordean lo teatral. Los colores son apagados, azulados, en esa sociedad demasiado parecida a la imagen que Occidente se hacía de la Unión Soviética, por una parte, o a las restricciones de la inmediata postguerra inglesa en que fue escrito el libro, por otra.
El amanecer de los muertos (Dawn of the Dead, EUA, 1978) de George Romero, c/David Emge, Ken Foree, Scott Reiniger, Gaylen Ross, Tom Savini. 140’.La continuación de La noche de los muertos vivientes proporciona un shock tras otro a lo largo de más de dos horas, sin que decrezca la tensión. En ese aspecto es un triunfo de la coreografía de la acción y el montaje. Además ofrece una visión salvaje y directa de Romero sobre la sociedad de consumo americana. Como metáfora obvia, buena parte del metraje ocurre en un gran supermercado. Otro director a veces abiertamente político del género (John Carpenter) dijo alguna vez que los "muertos vivientes" de Romero no son más que las masas del Tercer Mundo al asalto del Primero. Se verá en versión completa, sin cortes.
Judex, el justiciero (Judex, Francia / Italia, 1963) de Georges Franju, c/Channing Pollock, Francine Berge, Edith Scob, Michel Vitold, Sylva Koscina. 104’.
Un homenaje elegante, poético y esencialmente fiel al espíritu de las antiguas películas mudas de Louis Feuillade. Más cercana a la aventura lírica surrealista que al folletín en su pintura del choque entre el Bien y el Mal, incluye un atmosférico baile de máscaras inicial. Es un film que por momentos ejerce la prestidigitación, y por momentos el erotismo, en la figura de Francine Bergé enfundada en un traje negro de gata.
La noche del cazador (The Night of the Hunter, EUA, 1955) de Charles Laughton, c/Robert Mitchum, Shelley Winters, Lillian Gish, James Gleason, Billy Chapin, Sally Jane Bruce. 93’.
Única y maravillosa obra del gran actor que fue Charles Laughton, su relativo fracaso inicial (comprensible por su profunda originalidad expresiva), no hizo más que aumentar el impacto para las generaciones anteriores. Su centro es un villano inolvidable: Robert Mitchun como predicador solo interesado en hacer el Mal, aunque en sus manos se lean las dos palabras: amor y odio. Es él quien lleva adelante la acción. Entretanto dos niños logran escapar, una y otra vez, por un río de riberas que exhiben animales comunes que parecen fabulosos. Una Shelley Winters ahogada y serena, sentada en su coche en el fondo del río, es una majestuosa, inolvidable secuencia onírica.
Jasón y los argonautas (Jason and the Argonauts, Gran Bretaña, 1963) de Don Chaffey, c/Todd Armstrong, Gary Raymond, Nancy Kovack, Honor Blackman. 104’.
Como en otros casos, el plato fuerte no está en el director, ni en los actores, ni en el productor, sino en los increíbles efectos especiales que consigue Ray Harryhausen con su animación cuadro a cuadro. Su participación impone un mundo visual cercano al del cromo (o "figurita"), mágicamente animado. Transmite además un dinamismo y joie de vivre notables, incluso cuando describe momentos de crueldad o muerte. En un desfile de seres extraños y muy idiosincrásicos, el ejército de esqueletos animados que brotan del suelo blandiendo espadas se adhiere a la memoria.
Excalibur (Ídem., Gran Bretaña, 1981) de John Boorman, c/Nicol Williamson, Nigel Terry, Helen Miren, Nicholas Clay, Cherie Lunghi, Patrick Stewart, Liam Neeson. 140’.
Un vehículo extenso por demás, sobrecargado, mezcla de ópera alemana, musical de Hollywood y endeblez de videoclip. Una vez más (como en Zardoz), lo que salva el día es el instinto visual de Boorman. Basada en La muerte de Arturo de Malory, el lujo de los trajes y armaduras, el estilo chiflado con que Nicol Williamson hace de mago Merlín, la violencia considerable, y el sexo autoconciente pero presente, construyen un producto lento y gigantesco.
Atmósfera cero (Outland, Gran Bretaña, 1981) de Peter Hyams, c/Sean Connery, Peter Boyle, Frances Sternhagen, James Sikking. 109’.
Un lugar del espacio cerrado, claustrofóbico, penumbroso alberga este western con salsa de ciencia ficción. Sean Connery es el sheriff enviado a deshacer entuertos en una colonia minera con malvados paradigmáticos. Al revés que en las películas de cowboys, sin embargo, en vez de avanzar en línea recta el argumento se despliega con un tono encerrado y laberíntico. La balacera final se complica por el carácter cerrado del entorno, y la relativa falta de gravedad.
Scanners, los amos de la muerte (Scanners, Canadá, 1980) de David Cronenberg, c/Jennifer O’Neill, Stephen Lack, Patrick McGoohan, Michael Ironside. 103’.
Hasta ese momento de su carrera, fue la película más comercial y estructurada de Cronenberg. Dos bandos de telépatas luchan por el poder con la intensidad de "samurais mentales", según los bautizó alguien. Como siempre en Cronenberg, hay una fascinación por el modo de deformarse y cambiar de los cuerpos (en este caso las cabezas). La toma en que a un burócrata bigotudo y sonriente le estalla espectacularmente la suya en una sala de
conferencias, mientras la foto de su tarjeta de identidad sigue sonriendo, es uno de los grandes momentos de la ciencia ficción y el terror. Todo se tensa hasta lo imposible, en un final de subtonos entre sexuales y místicos, a la vez confuso y poderoso.
La maldición del demonio (Curse of the Demon, Gran Bretaña, 1958) de Jacques Tourneur, c/Dana Andrews, Peggy Cummins, Niall McGinnis. 83’.
Una adaptación que mejora y potencia el ya extraordinario relato original: "El maleficio de las runas" de M. R. James. Comienza con una secuencia de persecución, miedo y muerte rápida y violenta, luego crece lentamente, y culmina con una larga secuencia primero dentro de un tren y después sobre las vías, ejecutada con mano a la vez segura y aérea. Tan inclasificable como, en otro género, Bésame mortalmente de Robert Aldrich, muestra una vez más el talento excepcional de Tourneur. El cabezudo carnavalesco que agregaron los productores para representar al demonio es desopilante, pero la atmósfera creada por Tourneur es tan profunda, que no acusa el impacto.
La zona muerta (The Dead Zone, EUA-1983) de David Cronenberg, c/Christopher Walken, Brooke Adams, Tom Skerritt, Herbert Lom. 103’.
Uno de los temas más adecuados a priori para los excesos de Cronenberg, termina por ser uno de sus títulos más serenos. Basado en una excelente novela de Stephen King, se acerca, más que al terror, al clásico tema del outsider con poderes que tantas veces (en Slan, Más que humano, Juan Raro) ha presentado la ciencia ficción. Christopher Walken estructura una composición memorable como un telépata profético que va viendo destruida por su capacidad especial tanto su vida como su amor por una mujer. Ambigua y fascinante en los aspectos políticos del final.
Re-Animator (Ídem., EUA, 1985) de Stuart Gordon, c/Jeffrey Combs, Bruce Abbott, Barbara Crapton, Robert Sampson. 86’.
Basada en un relato de H. P. Lovecraft, en principio puede parecer una falta de respeto absoluto al maestro de lo macabro. Pero ocurre que se trata, ya en el texto original de H. P. L., del único intento por construir un relato de sangre y horror como los que aparecían en los pulps: explícito y un poco grosero. Gordon exagera la grosería, tanto sanguinolenta como sexual, pero en general sigue las peripecias del original. El humor áspero y explosivo le da una dimensión adicional a lo que podría haber sido un inocuo ejemplo más de la película splatter para adolescentes.
La mancha voraz (The Blob, EUA, 1958) de Irvin S. Yeaworth, c/Steve McQueen, Aneta Corsaut, Earl Rowe, Olin Howlin. 86’. Doblada al castellano.
Un meteoro aterriza cerca de un pueblito con un trozo de materia pegajosa que empieza a devorar todo, y a crecer. El rebelde Steve McQueen (cerca de su debut en el cine) termina por liderar a un grupo de adolescentes que en vez de atacar a la sociedad deciden defenderla. La básica honestidad del relato no disimula las limitaciones de algunos trucos, aunque la secuencia donde "la mancha" entra a comer en un cine es muy buena. El nombre de la actriz protagonista es poco verosimil: Aneta Corseaut. Trivia: el tema musical "The Blob", de Burt Bacharach y Hal David, integró la lista de los 40 más vendidos. Lo interpretaba el grupo de los Five Blobs.
Escape de Nueva York (Escape from New York, EUA, 1981) de John Carpenter, c/Kurt Russell, Lee Van Cleef, Ernest Borgnine, Adrienne Barbeau. 99’.
El presidente de Estados Unidos (nada menos que un quejoso Donald Pleasance) es secuestrado por las bandas de criminales que habitan una Manhattan rodeada por un muro de seguridad. El mercenario Snake Plissken (Kurt Russell) logra filtrarse obligado por el celo del guardián Lee Van Cleef. Lo que sigue es historieta pura. A la vez más política, más anarca y más irónica, Escape de Los Ángeles (1996) fue una continuación que superó a la primera parte.
El horror de Dunwich (The Dunwich Horror, EUA, 1970) de Daniel Haller, c/Sandra Dee, Dean Stockwell, Ed Begley, Sam Jaffe. 90’.
Encargado de la dirección de arte en algunas películas de Roger Corman, aquí Haller intenta por segunda vez la adaptacion de grandes relatos de Lovecraft. Le va mejor que en la primera, Muere, monstruo, muere, donde se metía nada menos que con "El color que cayó del cielo". El horror de Dunwich, en cambio, se acerca más al terror convencional y Haller acierta en varios
planos. Entre otros, consigue sugerir más que mostrar francamente al monstruo. Recrea además el Mal que viene del pasado remoto, y el cruce de libros antiguos y peligrosos, con el Necronomicon a la cabeza.
El gato negro (The Black Cat, EUA, 1934) de Edgar G. Ulmer, c/Boris Karloff, Bela Lugosi, David Manners, Jacqueline Wells, Lucille Lund. 65’.
Muy mentado pero poco visto, con un talento especial para visualizar personajes torturados de la serie negra (en Detour), o lanzarse a empresas incomparables como El gato negro, Ulmer es considerado "el más oscuro de los emigrados alemanes a Hollywood". Aquí desencadena un festín de climas e imágenes expresionistas, con Boris Karloff y Bela Lugosi acechándose en una casa de diseño á la Bauhaus. A ese ámbito del Mal llega una pareja de recién casados, bocadillos fáciles para Karloff, que resultan meros testigos de la lucha de voluntades entre los dos archienemigos (Karloff se casó con la mujer de Lugosi y luego con su hija). Un triunfo del diseño extravagante y el placer estético, más que un relato de terror.
Los niños del Brasil (Boys from Brazil, EUA, 1978) de Franklin J. Schaffner, c/Gregory Peck, Laurence Olivier, James Mason, Lilli Palmer. 123’.
Exitosa explotación de un temor paranoico (el renacer del nazismo), en esta adaptación de un best-seller de Ira Levin construido para ser filmado. La acción salta de escenario todo el tiempo (los Alpes, el Amazonas, los bosques de Connecticut), los grandes hombres de ciencia mueren como moscas, y el Cuarto Reich parece a punto de ser realidad. El duelo interpretativo entre Gregory Peck (como nazi de gestos controlados), y Laurence Olivier (composición clásica, imitando los tics del Simon Wiesenthal real) termina por descarrillar en la locura.
El juego de la Guerra (The War Game, Gran Bretaña, 1965) de Peter Watkins. 48’.
La BBC encargó a Watkins hacer un "documental del futuro": qué pasaría en una población inglesa si la golpeara la guerra nuclear. La descripción resultó a la vez tan documental y tan semejante a los excesos "sociales" del nazismo (a partir de caras y costumbres totalmente británicas), que la institución prohibió su exhibición en TV por "demasiado realista". No hay sin embargo excesos sangrientos: el blanco y negro es opaco, y los habitantes normales del lugar acentúan su conducta de ovejas, porque ya han visto que si se revelan, son sumariamente ejecutados. Un tour de force.
Suspiria (Ídem., Italia, 1977) de Dario Argento, c/Jessica Harper, Stefania Casini, Joan Bennett, Alida Valli, Flavio Bucci, Udo Kier. 82’.
Una estudiante de ballet llega en medio de la noche y la tormenta a una academia de baile donde ocurren cosas espantosas. Argento deja de lado toda pretensión argumental, y desencadena una avalancha de efectos de gran eficacia. Más que una serie de crímenes, o de conductas psicóticas, es un gran guignol a todo trapo, con una gran belleza en el uso del color y los encuadres, y música a todo volumen.
El hombre sin brazos (The Unknown, EUA, 1927) de Tod Browning, c/Lon Chaney, Joan Crawford, Norman Kerry, John Sainpolis. 60’.
La inclinación del director de Freaks por lo morboso encuentra una encarnación excepcional en el tirador de cuchillos sin brazos (sí: los tira con los pies) que interpreta Lon Chaney, en una de sus mejores actuaciones. La trama es clásica: se enamora de Nanon (Joan Crawford) para ver como se le escapa de entre las manos que no tiene, detrás de un hombre más apuesto. Muchos la consideran la mejor de las colaboraciones entre Browning y Chaney.
El mundo en peligro (Them!, EUA, 1954) de Gordon Douglas, c/James Whitmore, Edmund Gwenn, John Weldon, James Arness. 94’.
Arquetipo del cine de "grandes bichos" de los años ’50, y una de las mejores películas de ciencia ficción de esa década. Su tema se volvería rutinario con el tiempo: insectos agigantados por las radiaciones atómicas empiezan a poner en peligro la sociedad humana. El enfoque es documental, realista, y tuvo el impacto suficiente para convertirlo en un título de éxito inmediato. Lo siguieron, previsiblemente, películas como Tarántula (1955) y El escorpión negro (1959).
Picnic en las rocas colgantes (Picnic at Hanging Rock, Australia, 1975) de Peter Weir, c/Rachel Roberts, Doming Guard, Helen Morse, Jacki Weaver. 110’.
Un grupo de alumnas y su institutriz visitan un paisaje australiano agreste y sugestivo, y desaparecen. Nunca se explica del todo qué pasó. Eso da pie para lograr imágenes hermosas y
levemente desenfocadas, como la suave descripción del despertar sexual de esas colegialas. Pero todo es envuelto por Weir en un encadenamiento tan obsesivo y ambiguo, casi un trance, de imágenes y sonidos, que esquiva todos los lugares comunes del psicoanálisis.
Fahrenheit 451 (Ídem., EUA, 1966) de François Truffaut, c/Julie Christie, Oskar Werner, Cyril Cusack, Anton Drifing, Jeremy Spenser, Mark Lester. 111’.
Muy agradable adaptación de un best-seller de Ray Bradbury. El original explicitaba más claramente el cortante impulso social represivo, que llevaba a la quema de todo libro y papel, y subrayaba el valor de los rebeldes que memorizan clásicos enteros. En la versión europea, impera un tono más opaco y pesimista, más cercano a 1984 o Un mundo feliz. Esencial el aporte de Oskar Werner (una Buena Persona que trabaja para el Poder) y el encanto irradiante de Julie Christie. Truffaut se dio un gusto: la música es de Bernard Herrmann, el compositor de Hitchcock.
Domingo negro (La maschera del demonio, Italia, 1960) de Mario Bava, c/Barbara Steele, John Richardson, Ivo Garrani, Andrea Cecchi. 83’. Doblada al castellano.
Basado en un cuento clásico de Gogol, Bava entrega una obra maestra en su primer largometraje a solas. Una mujer es castigada con la aplicación de una máscara con clavos en la brutal secuencia inicial. Dos siglos después la dama (Barbara Steele) regresa de la muerte con un amante vampirizado y ambos empiezan a vengarse de los descendientes de sus asesinos. Plagada de secuencias memorables, presenta además la idea, expresada con insólita energía, de que la sexualidad femenina es incontrolable, y que si es reprimida, siempre vuelve para vengarse.
Dark Star (EUA, 1974) de John Carpenter, c/Dan O’Bannon, Dre Pahnich, Brian Narelle. 83’.
El primero y menos típico film de Carpenter. Pensado en parte como parodia de 2001, mantiene hoy una frescura envidiable. Cuatro astronautas perdidos en el espacio desde hace tiempo entablan diálogos tan insensatos como sus actividades. HAL, la supercomputadora de 2001, es reemplazada por bombas automáticas y parlantes, que insisten en "hacer su trabajo": explotar. Pero antes discuten, discuten, discuten. El gran Dan O'Bannon escribió el guión, hizo los baratos y eficaces efectos especiales, es uno de los protagonistas, y muy probablemente se encargó de hacer la comida para todo el equipo, y lavar los platos.
Venecia rojo shocking (Don’t Look Now, Gran Bretaña, 1973) de Nicolas Roeg, c/Julie Christie, Donald Sutherland, Hilary Mason, Clelia Matania. 110’.
Basada en un buen relato de Daphne Du Maurier. Roeg cambia la ubicación de las escenas y los énfasis. Se mezclan la muerte accidental de una niña (secuencia inicial maestra), la culpa abrumadora, la visita a Venecia de la pareja que forman Donald Sutherland y Julie Christie (ambos en pleno esplendor de su glamour), una anciana ciega y vidente, y una de las mejores escenas de sexo del cine. El final, inexplicable y muy shocking, puede sorprender, o irritar. El montaje hace un uso digno de Peckinpah de la cámara lenta y la repetición de los movimientos, aquí más para acentuar la Fuerza del Destino que la violencia.
Un millón de años A. C. (One Million Years B. C., Gran Bretaña, 1966) de Don Chaffey, c/Raquel Welch, John Richardson, Percy Herbert, Robert Brown. 100’.
Plena prehistoria, cargada de bichos de distinto tamaño, incluidos dinosaurios y brontosaurios. En todo comentario de este film que se encuentre acompañado por una fotografía, ésta muestra a la joven Raquel Welch vestida con un inolvidable atuendo mínimo de piel. Pero el tono en suma honesto y entusiasta de esta película, rayana en la autoparodia, proviene de la excelente animación de animales por parte de Ray Harryhausen, el maestro del cuadro a cuadro.
Dr. Jekyll & Mr. Hyde (Ídem., 1932) de Rouben Mamoulian, c/Fredric March, Miriam Hopkins, Rose Hobart, Holmes Herbert. 97’.
Comienzan los años ’30 y el castrante código Hays todavía no pasa las películas por su cedazo disparatado. Tal vez por eso esta es la mejor adaptación de la novela corta clásica de Stevenson. Las calles de Londres aparecen como en sus páginas, cargadas de niebla que acentúa los momentos de progresivo descubrimiento de la verdad. Gran actuación de Fredric March, que subraya aún más la idea de estar viendo las dos mitades de una personalidad esquizofrénica, atrapada en la tensión entre las convenciones sociales y los deseos desencadenados.
El retrato de Jennie (Portrait of Jennie, EUA, 1948) de William Dieterle, c/Jennifer Jones, Joseph Cotten, Ethel Barrymore, Lillian Gish, Cecil Kellaway. 83’.
La idea del amor que trasciende el tiempo y el espacio se ha filmado muchas veces, pero aquí tiene un sabor especial. Un pintor (Joseph Cotten) se enamora de una muchacha (Jennifer Jones)
que lo inspira, hasta que va descubriendo que ella ha muerto hace tiempo. Gran fotografía atmosférica, desde el primer encuentro en el Central Park, hasta la tormenta marítima impresionante que preanuncia (muy románticamente) la separación final.
Los mil ojos del Dr. Mabuse (Die tausend Augen des Dr. Mabuse, Francia / Italia / Alemania, 1960) de Fritz Lang, c/Dawn Addams, Peter van Eyck, Gert Fröbe, Wolfgang Preiss. 122’. Doblada al castellano.
Más de una vez se ha mencionado este film casi como una autoparodia de El Dr. Mabuse (1922) y el magistral El testamento del Dr. Mabuse (1933). Pero parte de su tono un poco indeciso indica con claridad que el tiempo ha pasado: Lang ya ha atravesado (y cómo) el cine americano, y es casi un mito viviente (como tal lo mostrará tres años después Godard en El desprecio). La trama paranoide de Mabuse tratando de controlar el mundo con una red de cámaras ocultas, un Gert Froebe aún joven (menos imponente que en Goldfinger, apenas cuatro años posterior), indican que este tipo de tema, tratado de esta manera, resultaba ya demasiado germano, desubicando ante los ´60 que empezaban.Serie, remake y copia
Tres modos del reciclaje
1. Serie
Frankenstein (Ídem., EUA, 1931) de James Whale, c/Colin Clive, Mae Clarke, Boris Karloff, Dwight Frye, Edward Van Sloan, John Boles. 70’.
Uno de los clásicos absolutos del género de terror traslada la novela de Mary Shelley (o más bien, su adaptación teatral) con absoluta seriedad, incluso solemnidad, en un estilo cercano al expresionismo alemán. Un factor crucial es la actuación de Boris Karloff, que recorre las etapas de la vida, desde la inocencia de la infancia, pasando por el aprendizaje del lenguaje y el dolor o los conflictos, hasta la madurez y la violencia. Otro, el modo en que Whale juega el terror frontalmente, con picos absolutos como la escena con la niña junto al lago. En tercer lugar, el impecable maquillaje de Jack Pierce. Por último, la brillante coreografía de la persecución y ejecución final, contada en clave de linchamiento colectivo.
La novia de Frankenstein (Bride of Frankenstein, EUA, 1935) de James Whale, c/Boris Karloff, Colin Clive, Ernest Thesiger, Elsa Lanchester, Valerie Hobson. 75’
Aún más brillante y perfecta que la anterior, rebaja los decibeles terroríficos, para entregar una historia menos salvaje y más conmovedora. El aporte más nuevo es la actuación de Elsa Lanchester, con vestido largo, manos vendadas y el peinado tal vez más memorable del cine (otra vez Jack Pierce): una masa de pelo negro sacudida por la electricidad, con estratégicos rayos de canas blancas. Cuando por fin el monstruo y su supuesta novia se ven por primera vez, ella tiene una reacción normal ante su fealdad: sisea su rechazo. Es una gran escena de corazón destrozado. El monstruo se pone como loco, y destruye todo lo que está a su alcance, incluyéndose.
El hijo de Frankenstein (Son of Frankenstein, EUA, 1939) de Rowland V. Lee, c/Boris Karloff, Bela Lugosi, Basil Rathbone, Lionel Atwill. 99’.
Sin explicaciones, el monstruo ha sobrevivido otra vez para esta memorable aparición final de Karloff en la serie. Está acompañado ahora por Bela Lugosi como el jorobado que manipula al hijo del Dr. Frankenstein para que lo reviva, y usarlo con fines de venganza personal. Rowland V. Lee está a la altura del desafío. Aunque menos brillante y dinámico que los dos títulos de
Whale, el film usa con inteligencia y sobriedad sus sólidos decorados, reminiscentes de las películas de la productora alemana UFA. Aprovecha además a un buen elenco, donde figuran Basil Rathbone como el hijo, y Lionell Atwill como un inspector de policía a quien el monstruo le arranca dos veces el mismo brazo.


2. Remake

La invasión de los usurpadores de cuerpos (Invasion of the Body Snatchers, EUA, 1956) de Don Siegel, c/Kevin McCarthy, Dana Wynter, Larry Gates, King Donovan, Carolyn Jones. 80’.
Obra maestra de la paranoia de la Guerra Fría, basada en un relato de Jack Finney, es una fábula de sentido metafórico ambiguo, porque su búsqueda va más allá de la superficie ideológica: se la puede leer indistintamente como anticomunista o como antimacartista. Pero su fuerza reside en mostrar la delgada línea que separa una humanidad capaz de soltar su carga emocional de meros muñecos insensibles que cumplen fríamente con las reglas sociales. Además sondea la Mirada Médica a través de su protagonista, que poco a poco va dándose cuenta de que a su pueblo original lo va tragando la muerte en vida de habitantes antes queridos amigos o familiares, y hoy meros reflejos fríos, incomprensibles. El final donde el médico corre contra una corriente de coches tratando de avisar al mundo del peligro tiene una fuerza asombrosa. Se estrenó en Argentina con el título Muertos vivientes.
Los usurpadores de cuerpos (Invasion of the Body Snatchers, EUA, 1978) de Philip Kaufman, c/Donald Sutherland, Brookew Adams, Leonard Nimoy, Jeff Goldblum. 115’.
Han pasado más de veinte años, y lo que en Siegel era alarma y angustia aquí parece más cool, invadiendo lentamente la trama social, en plena época de la "generación del Yo", y la búsqueda de un cambio de vida. Ese cambio lo ofrecen con facilidad las célebres "chauchas gigantes del espacio exterior", que aquí reaparecen para chupar la médula esencial de los seres humanos. Sutherland es eficaz como el inspector de salud pública que procura escapar a la invasión, y Jeff Goldblum aporta su aspecto levemente alienígeno. En cameos especiales reaparecen, venidos de la película de 1956, Kevin McCarthy y el propio Don Siegel, como un taxista (abducido).3. Copia
El planeta infernal (Terrore nello spazio, Italia, 1965) de Mario Bava, c/Barry sullivan, Norma Bengell, Ángel Aranda, Evi Marandi. 86’. Doblada al castellano.
La trama es simple: una nave se pierde en el planeta Aura, y pide auxilio. Cuando llega el equipo de rescate, la nave ha desaparecido. De a poco se advierte que presencias incorpóreas quieren adueñarse de los astronautas, para salir del planeta. Mario Bava, un genio del terror, tenía la sencillez y la contundencia de lo que era: un encargado de efectos especiales de Cinecittá que sabía sacarle un rendimiento extremo a un trozo de madera o una roca de cartón, por el modo de iluminarlas y filmarlas. Aquí elabora un entorno extraño, donde astronautas muertos y enterrados resucitan. Poco a poco la tripulación es devorada. El detalle adicional es que buena parte del metraje se parece bastante a Alien, de Ridley Scott.
Alien, el octavo pasajero (Alien, EUA, 1979) de Ridley Scott, c/Tom Skerritt, Sigourney Weaver, John Hurt, Yaphett Kotto, Harry Dean Stanton. 117’.
La trama es muy simple: una nave recoge sin saberlo un bicho infernal en un planeta extraño. El Nostromo tiene tantos corredores y lugares oscuros como un castillo gótico que vuela. Pero Scott domina el arte de la visualización como un maestro del Renacimiento, y así esa idea derivativa (también lo acusaron de tomarla de un cuento de Van Vogt) resulta en un clásico absoluto, como ocurriría después con Blade Runner. El "bicho" diseñado por el suizo Giger marcaría la tónica de las próximas décadas para fabricar extraterrestres. El guión, aparentemente simple, oculta capas superpuestas de subtexto sexual, no solo en el carácter fálico y espermático del animal implacable, sino en la supervivencia final y única del eterno femenino: una guerrera un poco masculina, y su gato.
En el borde
Films que se ubican en los límites del género
Martin (Ídem., EUA, 1978) de George A. Romero, c/John Amplas, Lincoln Maazel, Christine Forrest, Elayne Nadeau, Tom Savini. 95’.
La unión del vampirismo y un director como George A. Romero (La noche de los muertos
vivientes) parecía prometer un festín de sangre. La primera escena (el desecamiento de una dama en el coche dormitorio de un tren) cumple a pleno, incluido el hoy convencional, explícito contenido sexual. Pero pronto la película pasa a un plano original, incluso incómodo. Un suburbio decadente de Pittsburgh alberga las actividades del conflictuado Martin, y el retrato de ese entorno es melancólico, sórdido. La ironía, incluso la sátira es aplicada a quienes quieren combatir a Martin (un vampiro "real") con armas tradicionales (ajo, crucifijo, estaca). Termina por ser un retrato ambiguo, nada complaciente, de una ciudad y una psicosis. En Pittsburgh nació Andy Warhol, a quien no le habría costado nada convertirse en el vampiro "Andy". Pero Warhol se fue, y Martin se quedó.
Identificación de una mujer (Identificazione di una donna, Italia / Francia, 1982) de Michelangelo Antonioni, c/Tomas Milian, Daniela Silverio, Christine Boisson, Sandra Monteleoni. 128’.
Un director de cine llega a su casa y estallan todas las alarmas automáticas. Después de dos horas de película, vuelve a la misma casa y todo es silencio y armonía. Entretanto se libra de dos mujeres, visita Venecia como nadie, y al fin sabe qué hacer con su oficio. Supuestos errores se convierten en virtudes: Tomas Milian, héroe de películas menores, tiene una cara de dispéptico perfecta para alguien colgado entre dos o tres películas posibles. Una secuencia magistral de carretera con niebla es casi género de terror de altura. Un sobrino preguntón insiste con la ciencia ficción, encarnada a su vez en el raro bulto de un árbol. Antonioni pisa en puntas de pie probabilidades futuras (¡nostalgia de Hollywood!), pero el accidente cerebral que lo golpeó las clausuró. Además, este título de 1982 pronostica con lucidez el mundo urbano posterior a los 90, con sus irritaciones, insensateces y peligros.
Hace un año en Marienbad (L’année derniere a Marienbad, Francia / Italia, 1961) de Alain Resnais, c/Delphine Seyrig, Giorgio Albertazzi, Sacha Pitoeff, Françoise Bertin. 94’.
No hubo delirio interpretativo que no se aplicara a este elegantísimo juego de ingenio y romanticismo cool cuando se estrenó. El tiempo ha seguido pasando, y hoy puede verse casi como un video-juego de género (el Film Intelectual), ejecutado con maestría por Resnais. Tan discreto y esencial como Chris Marker, Resnais tuvo que tolerar que la gente "del ambiente" dijera que Hiroshima mon amour y Marienbad eran películas que pertenecían más a Marguerite Duras y Alain Robbe-Grillet (escritores) que a él (director de cine). Hoy, cuando las películas de ambos escritores son bastante duras de soportar, la obra de Resnais sigue fluyendo como un río bretón, a veces tormentoso, a veces juguetón, esencialmente visual. El motor secreto de esta película es en buena medida el juego de manos con fósforos del impenetrable Sacha Pitoeff.
Bésame mortalmente (Kiss Me Deadly, EUA, 1955) de Robert Aldrich, c/Ralph Meeker, Albert Dekker, Cloris Leachman, Paul Stewart. 105’.
Preanunciando lo que va a verse, los títulos pasan al revés a toda velocidad sobre una ruta nocturna. Una rubia que corre descalza y desesperada se cruza con el convertible muy veloz de Mike Hammer. A partir de ahí, todo es original: desde el mensaje que deja la rubia en la mano de Hammer ("Recuérdame") hasta el final literal y totalmente explosivo. El argumento de aspecto policial va desembocando en una historia barroca, imprevisible, donde hasta el último papel es perfecto, a partir de ese inolvidable pedazo de carne insolente y "duro" que es Ralph Meeker como Mike Hammer. Lírica, salvaje, en contrastado blanco y negro, la valija que emite un resplandor extraño, y los "hombres de negro" que corren en la playa apocalíptica final fueron homenajeados por Tarantino, y redondean una obra maestra inclasificable.
Onibaba, el mito del sexo (Onibaba, Japón, 1964) de Kaneto Shindo, c/Nobuko Otowa, Jitsuko Yoshimura, Kei Sato, Jukichi Uno. 103’.
Madre e hija campesinas viven de matar samurais cuando pasan por un campo de hierba alta. Uno de ellos porta una máscara, que la madre le arranca y que usa para sus fines: impedir la relación, y sobre todo el sexo, de su hija con un vecino de su edad. La tensión crece implacable y violenta como un tren expreso, y culmina en esa antigua verdad: toda máscara que se lleva durante demasiado tiempo es imposible de sacar y termina por ser el rostro verdadero. Varias secuencias en blanco y negro, en especial el extenso enfrentamiento final bajo la lluvia, aprovechan al extremo los altos juncos sacudidos por el viento y son pesadillas inolvidables. La metáfora no puede ser más clara: nada detiene el impulso amoroso y sexual de una pareja joven, mucho menos una madre disfrazada de demonio.Invasión (Argentina, 1969) de Hugo Santiago, c/Lautaro Murúa, Olga Zubarry, Juan Carlos Paz, Roberto Villanueva, Martín Adjemián. 125’.
Dos guionistas fuera de serie –Jorge Luis Borges y Adolfo Bioy Casares-, se unen a un director que haría su carrera en Francia –Hugo Santiago-, y a algún elemento mitológico real –el músico Juan Carlos Paz- para producir un film fuera de todo tono definido. La ciudad es Aquilea, de hecho una Buenos Aires nocturna y mitológica, asediada por una invasión inexplicada, que amenaza la libertad. En blanco y negro, es inolvidable el uso repetido y sugerente en la banda sonora de los pasos secos, sincopados de los personajes que recorren esas calles silenciosas.malba.cortos
La jetée (Francia, 1962), de Chris Marker
Jueves y viernes a las 18:00. Entrada libre y gratuita
"Esta genialidad en forma de corto o mediometraje (29 minutos) no solo resplandece dentro del cine en general, sino también dentro de la obra de un original absoluto como Marker. Otro francotirador, Terry Gilliam, la rehizo en forma de largometraje, con mucha plata, Bruce Willis y el título 12 monos.
Hecha con fotos fijas, a puro montaje, comunica una historia de tiempo y espacio conmovedora, a partir de la voz en off y un solo instante móvil: un par de ojos que parpadean. Exagerando, podría decirse que si el cine desapareciera, su semilla, aquí presente, podría volver a inventarlo."
Elvio E. GandolfoSINOPSIS
Paris está desolado tras un gran ataque nuclear dentro de la III Guerra Mundial. Los pocos supervivientes están refugiados en el subsuelo de la capital. Aquí se realizan experimentos científicos, usando a determinadas personas como conejillos de indias, con el fin de viajar por el tiempo y encontrar ayuda tanto en el pasado como en el futuro. Muchos de los ’voluntarios’ mueren o se vuelven locos. Uno de estos individuos es elegido para dichos experimentos por su obsesión con una imagen del pasado: El rostro de una mujer al final del embarcadero de un aeropuerto...FICHA TÉCNICA
Dirección y Guión: Chris Marker | Producción: Anatole Dauman | Fotografía: Chris Marker, Jean Chiabaut | Música: selección de stock a cargo de Trevor Duncan | Edición: Jean Ravel | Narración: Jean Négroni | Elenco: Hélène Chatelain, Davos Hanich, Jacques Ledoux | Duración: 28’.


2. Estreno internacional I

En el hoyo (México, 2006), de Juan Carlos Rulfo
Sábados y domingos a las 17:00 México DF es enorme, la ciudad más grande del mundo. Para atravesarla, los conductores deben recorrer avenidas muy anchas y larguísimas. Ahora tienen también "el Periférico", una avenida que va por arriba de las casas, por el medio de la ciudad. Y el Periférico, además, sumó otro piso. Abajo van los coches en una dirección. Arriba, hacia otra. Si los dos pisos del del Periférico son un impacto urbanístico que cualquier visitante de la ciudad de México puede ver, En el hoyo permite meterse en su construcción. Y justamente En construcción, de José Luis Guerín puede servir como comparación. Hay algo en la respiración del segundo largometraje de Juan Carlos Rulfo que remite a la paciencia para observar del director catalán, a su capacidad para encontrar esa magia cotidiana que puede haber en la vida de una ciudad. Los obreros de esta construcción, cuya confianza ganó la atenta e inspirada cámara de Rulfo, son los apasionantes protagonistas humanos de En el hoyo. El gran personaje, sin embargo, es la ciudad de México. El "DF" se hace omnipresente en el tránsito y en el sonido de la obra, y se hace inolvidable en el hermoso y futurista plano final.FICHA TÉCNICA
Dirección y guión: Juan Carlos Rulfo | Producción: Juan Carlos Rulfo, Eugenia Montiel | Coproducción: La Media Luna Producciones S.A de CV (México DF) | Duración: 78’. Documental.

Función especial
Del olvido al no me acuerdo (México, 1999), de Juan Carlos Rulfo
Viernes 19 a las 18:30
La memoria y los recuerdos de un grupo de ancianos y adultos del estado mexicano de Jalisco. El pretexto es la búsqueda de Juan, del que nadie recuerda nada y, como si fuese un mito, nos lleva a descubrir a personajes entrañables.FICHA TÉCNICA
Dirección y guión: Juan Carlos Rulfo | Producción: María Fernanda Suárez | Fotografía: Federico Barbabosa | Edición: Juan Carlos Rulfo y Ramón Cervantes Audelo | Sonido: Evelia Cruz, Antonio Diego, Lena Esquenazi y Daniel Hidalgo | Música: Gerardo Tamez | Duración: 74'. Documental

3. Estreno internacional II
Moolaadé (Senegal, Francia, Burkina Faso, Camerún, Marruecos, Túnez, 2006), de Ousmane Sembene
Sábados y domingos a las 20:00 Con la medalla "Federico Fellini" otorgada por la UNESCO y premiada en la sección Un certain regard del Festival de Cannes 2003, finalmente se estrena Moolaadé del legendario Ousmane Sembene. Abordando diversas facetas de la historia colonial y la realidad social postcolonial, la consagrada producción fílmica del escritor y cineasta se configuró desde comienzos de los años sesenta en torno a la defensa del trabajador y campesino senegalés, al cuestionamiento de la burocracia y la nueva burguesía nacional. Reconocido como el padre fundador del cine africano subsahariano, luchador contra los monopolios de la distribución y exhibición, su obra involucra la búsqueda de un nuevo lenguaje que se nutre de la tradición oral regional y la utilización de las lenguas habladas en Senegal y países vecinos.
En Moolaadé, Sembenne construye una pequeña pero significativa épica a través de la rebelión contra el rito de la ablación, basado en la mutilación genital femenina. La historia tiene lugar en una aldea africana (de Burkina Faso) donde cuatro niñas a punto de ser sometidas a una intervención son protegidas por una mujer que ha salvado a su propia hija de esa práctica atroz. Dicha actitud de resistencia ante la tradición le acarrea problemas con parte de los pobladores, con los hombres que no están dispuestos a casarse con jóvenes no purificadas y con su propio marido, quien en una primera reacción la azota con dureza delante de la comunidad. Sin embargo, la firmeza de la convicción lleva a una discusión del tema ante los jefes tribales. Con el paso de los días, la tensión comunal se intensifica pero la muerte de algunas niñas por la ablación o al intentar huir de ella desencadena la revuelta de las mujeres de la aldea, quienes se enfrentan a las sacerdotisas partidarias del rito.FICHA TÉCNICA
Dirección y guión: Ousmane Sembene | Producción: Ousmane Sembene, Thierry Lenouvel | Fotografía: Dominique Gentil | Montaje: Abdellatif Raïss | Arte: Joseph Kpobly | Sonido: Denis Guilhem | Música: Boncana Maïga | Coproducción: Ciné-Sud Promotion, Filmi Domireew | Elenco: Fotoumata Coulibaly, Maimouna Hélène Diarra, Salimata Traoré, Dominique Zeïda, Mah Compaoré, Aminata Dao | Duración: 120’.

4. Continúa
Río arriba (Argentina, 2004), de Ulises de la Orden
Sábados y domingos a las 18:30
Rodada en escenarios naturales de la cordillera y editada al ritmo de la música original del maestro humahuaqueño Ricardo Vilca, vuelve a presentarse en Malba esta película que muestra las consecuencias que la industria del azúcar produjo en las comunidades kollas de la región de Iruya, Salta.
El documental cruza dos historias: la inmigración europea de principios del siglo XX y la desculturización de las naciones Kolla – Aymará en la región de Iruya, provincia de Salta. La visión del film, dirigido por Ulises de la Orden, surge de la mirada del protagonista, descendiente de aquellos inmigrantes; y el punto de vista de los actuales descendientes de los Kollas en Iruya. Este conflicto entre las dos culturas refleja una problemática humana, donde se pone en juego la tolerancia, el egoísmo y la libertad.
Un viaje en tren, a dedo, a pie y en lomo de burro desde la ciudad hasta lo más profundo de los Andes. Un viaje interior del director del film, que explora, desde su historia familiar -con un antepasado que explotó un ingenio azucarero- las consecuencias que la industria del azúcar produjo en las comunidades kollas de la región de Iruya.

FICHA TÉCNICA
Director: Ulises de la Orden | Guión: Paz Encina, Germán Cantore, Miguel Perez y Ulises de la Orden | Productores: INCAA, Universidad del Cine, Polo Sur Cine | Producción ejecutiva: Ulises de la Orden, Juan de la Orden y Kato Lajos | Director de fotografía: Lucio Bonelli | Montaje: Germán Cantore | Estructura: Miguel Perez | Música: Ricardo Vilca | Sonido: Mark Dickinson, Rufino Basavilbaso | Formato de proyección: Beta Cam / DV Cam. Duración: 72’. PREMIOS EN FESTIVALES INTERNACIONALES
- VI Festival Nacional de Cine Documental - Premio del público a la Mejor película y Premio del jurado al Mejor documental regional
- II Festival de Cine y video Latinoamericano de Buenos Aires - Premio al Mejor documental
- Festival de Toronto, Canadá "Planet in Focus" - Mención del juradoBIOFILMOGRAFÍA
Ulises de la Orden (Buenos Aires, 1970) es Licenciado en Cinematografía por la Universidad del Cine. Entre sus trabajos se destacan Río arriba, documental. Guionista, productor y director (2002 – 2004); Khankxa, guión para largometraje de ficción. Guionista (2004); En el silencio, documental. Guionista (2003), y en preproducción, Orillas en el tiempo, documentales para TV. Guionista y director (2001).



El portal del barrio de Palermo Palermonline. Noticias de Prensa independiente. Noticias para la Colección Historica Independiente. Construimos la Historia. Adherido a la Red de Medios Digitales. Miembro del Registro de Medios Vecinales de Comunicación de la Ciudad.

Paute publicidad en Palermonline.com.ar La Guia de Empresas y Servicios simplemente funciona.

Copyleft éstas notas pueden ser reproducidas libremente, total o parcialmente (siempre que sea con fines no comerciales), aunque agradeceríamos que citaran la siguiente fuente: http://www.palermonline.com.ar


2007
Palermonline.com.ar
El Medio Digital de Información del barrio de Palermo.




Guia de Empresas de Palermo
- Empresas y Negocios de Palermo
Buscador por Orden

A
B C D E F
G
H I J K L
M N O P Q R
S
T U V W
X Y Z
- Moda & Fashion
- Arte & Fotografía
Turismo
- Mapa de Palermo
- Deportes
- Reportajes
- Turismo Palermo
- Museos
- Bibliotecas
- Las Noticias
- Videos
Idiomas
- Palermo in English
- Palermo in italiano
- Palermo en Frances