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Los españoles quieren ser como Beckham, con el Euro por los nubes, llegan al barrio de palermo pijo y se compran todo, desde zapatos a departamentos. Se sienta como los magnates del petróleo. La plata dulce no es potestad solo de los Argentinos. (lo que no saben o no les avisaron es que se les va a terminar).


Fuente: Ernesto Magneto desde Madrid para Palermonline
Fecha:
15 de Noviembre 2007

Los españoles denominan a Palermo a la altura de Juan B Justo como "Palermo Pijo"

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El término pijo puede tener diferentes acepciones:

- En lenguaje vulgar, sinónimo de pene. En Argentina y Uruguay, se usa "pija".

- Persona que pertenece a la tribu urbana de los pijos. También se usa como término despectivo para hacer referencia a personas de clase alta o a individuos que hacen ostentación de su riqueza a través de pertenencias como su coche o su ropa (generalmente de gama alta).

- Interjección coloquial que puede expresar sorpresa, sobresalto, enfado u otras sensaciones. Se usa tanto en la Región de Murcia, como en la provincia de Albacete, en España. Se utiliza "¡Pero pijo!", "¡Vaya un pijo!", "Vete al pijo" o "¿A dónde pijo te crees que vas?".

Joven, generalmente de posición social elevada, que sigue la última moda y tiene unos modales y una forma de hablar afectados y muy característicos: los pijos llevan ropa de marca.

pijo en España lo utilizamos para referirnos a personas con dinero que le dan mucha importancia a la ropa de marca y sitios de moda, utilizando expresiones que a ellos les hacen sentir diferentes.
Generalmente un pijo es aquella persona que tiene lo que quiere y sólo piensa en aparentar y ser el mejor.
Además su forma de hablar es bastante marcada y sin sentido.

UN PIJO DE VERDAD
Carlos III Hijo de Felipe V y de Isabel Farnesio, nace en Madrid en 1.716 y morirá tambien en Madrid en 1.708.



El nuevo imperio español Gracias al fortísimo euro, destinos exclusivos como Tokio o Nueva York se vuelven baratos y Buenos Aires, una baratija marroquí.

Madrid Que sí, que el pan está carísimo, la gasolina más y de las hipotecas ni hablamos. Y es cierto que, de tanto sable, uno acaba como un faquir cada vez que sale a cenar. Pero los rigores de un euro fortísimo y unos precios desbocados también tienen sus compensaciones. Y, a día de hoy, la mejor manera de desquitarse es viajar al extranjero: ¿cuántos españoles habrían creído hace sólo una década que recorreríamos el mundo pasmados por las gangas de las ciudades más exclusivas del planeta?

  Estas semanas, la moneda única alcanzó un máximo histórico al cambiarse por 1,45 dólares. Por cada dos euros nos dan casi tres billetitos verdes, lo que supone un ahorro instantáneo en los países que emplean la divisa estadounidense como referencia. Aunque nuestros exportadores estén al borde del colapso, se trata de una oportunidad única para ver mundo sin palparse la cartera. «Ahora mismo, hay poquísimos destinos fuera de Europa y Rusia que resulten caros para el bolsillo español», asegura Jesús Martínez, presidente de la Federación Española de Asociaciones de Agencias de Viajes (FEAAV).

Adiós a los cafés a mil pelas

Aferrados a la locomotora comunitaria, los españoles se han lanzado a explorar territorios vedados hasta la fecha. Japón es el caso paradigmático: si antes abundaban las historias de terror sobre cafés a mil pesetas, ahora los turistas regresan sorprendidos por unos precios más que razonables. «Es cierto que en los ochenta Tokio costaba el doble que Madrid, pero ahora está a la par o incluso más barato», asegura Alicia Grao, que organiza viajes a ese país desde hace dos décadas. «Cuando vienen japoneses a vernos, se sorprenden de que paguemos doce euros por un menú, cuando ellos pueden almorzar estupendamente por cinco o seis».

  Mientras los precios europeos se han disparado, en Japón llevan estancados una década. Además, el yen se ha depreciado una barbaridad frente el euro, así que todo nos sale aún más económico. En 1994, Grao vendía «tours» de siete días por 360.000 pesetas, equivalentes a 2.167 euros; pasados trece años, un viaje similar sale por 1.695 euros. Y su agencia, Kublai, ofrece opciones todavía más económicas, como una visita a Tokio de cuatro días por menos de mil euros. Así, ya no resulta descabellado irse de puente al gigante asiático y volver cargado de cachivaches electrónicos y modelitos de las tiendas de Shibuya.

  Habituados a padecer sudores fríos cada vez que se enfrentaban a una factura en el extranjero, muchos españoles todavía no han asimilado su nuevo estatus de privilegio. Aunque les habían asegurado que Tokio ya no es lo que era, Inma Carreras y Gonzalo Ruiz aterrizaron allí este verano temiéndose una clavada. Una una noche se colaron en el restaurante panorámico del Dome Hotel para disfrutar de las vistas del piso 43. Ante las suspicaces miradas del «maître», echaron un vistazo a la carta, convencidos de que no podrían permitírselo. «Pero resulta que era asequible y nos metimos una cena de lujo por menos de veinte euros», asegura.

  Tras décadas de vivir del turismo ajeno, ha llegado el turno de que los españoles repartamos fortuna por otros países. En los cinco continentes, los comerciantes se estremecen de excitación al contemplar los rollizos fajos de euros de los turistas patrios. Porque, a golpe de visa oro, en el extranjero nos hemos labrado fama de buenos huéspedes y mejores consumidores. «Las encuestas aseguran que somos los clientes más apreciados del mundo por detrás de los japoneses y los estadounidenses», afirma Martínez. «A los españoles nos gusta salir en condiciones, lo de ir apretados no va con nosotros, aunque luego se pasen apuros económicos».

  Un claro ejemplo es Nueva York, donde nos conocen desde hace tiempo como los «give me two» («dame dos»), por la respuesta más común ante los jugosos chollos que se encuentran en Manhattan. Ya ha dejado de ser noticia que los españoles crucen el Atlántico para hacer sus compras navideñas, pero la fortaleza del euro intensificará la peregrinación durante este otoño: las agencias ya han detectado un tirón en los viajes transatlánticos. Y, en algunos casos, el viaje no es un mero caprichito, sino una peculiar forma de economizar: con lo que te «ahorras» en iPods y Levi's, puedes pagarte de sobra el viaje.   Los cazagangas más contumaces pueden apuntarse a uno de los «tours» más deseados de este otoño: el que recorre los principales escenarios de «Sexo en Nueva York». Además de visitar los apartamentos de las protagonistas y tomar un cóctel en sus bares predilectos, los peregrinos harán escala en algunos de los templos del «shopping» retratados en la serie. ¿Dónde si no puede uno hacerse con unos zapatos de Jimmy Choo como los de Sarah Jessica Parker por apenas 400 dólares (277 euros)?

  Quiero ser como Beckham

  Gracias al avance del euro, ni siquiera el lujo más ostentoso está fuera del alcance de nuestros bolsillos. Uno de los destinos de moda entre los españoles más abiertos de miras es Dubai, esa oda al consumismo feroz que el príncipe Mohammed Bin Rashid Al Maktoum está construyendo en pleno desierto árabe. Con el reclamo de famosos como David Beckham o Rod Stewart, que se han comprado espectaculares villas en este emirato, el número de visitantes foráneos se está disparando. Es cierto que los hoteles están repletos casi todo el año y salen caros, pero el resto de precios resultan asequibles. «El transporte, las comidas o las excursiones cuestan la mitad que en España», asegura Nicholas Rhodes, que dirige desde Marbella la agencia Gulf Options, especializada en la zona. «La bajada del dólar ha ayudado mucho, sobre todo a los que antes estaban al borde de no poder permitírselo y ahora sí que pueden».

  Cuando lanzó la empresa hace un año, apenas cerraba dos o tres operaciones al mes. En estos momentos, su clientela se está duplicando cada mes y ahora manda al emirato a 40 o 50 españoles a la semana. Algunos van al desierto, otros se relajan en la playa, pero la mayoría acaba picando en los centros comerciales más rimbombantes del planeta, que suelen abrir las 24 horas del día. Joyas de oro, prendas de seda, ropa de marca, trajes a medida… Todo a precios de locura, especialmente durante los «shopping festivals», cuando hay rebajas de hasta el 70 por ciento. «Poco a poco, Dubai se está quitando la fama de lujo inaccesible», asegura Faysal Mnawar, que coordina la zona para la agencia de viajes Argonauta.

  Pero si alguien quiere gangas de las buenas, que se vaya a Buenos Aires. Durante un tiempo se la conoció como «la París de América» no sólo por su bellísima arquitectura, sino por sus escandalosos precios. Sin embargo, por obra y gracia del «corralito», se ha convertido en uno de los destinos más asequibles del planeta. «Llegas y pareces un millonario, porque todo cuesta la cuarta parte», explica Ángeles Martín, que acaba de regresar de Argentina.  

Colas de «gallegos»   Allí hay que cambiar el «chip» a la hora de hacer compras: las marcas internacionales salen caras, pero el producto nacional está tirado. Además de sabrosísimos vinos y pieles de una calidad alucinante, destacan los jóvenes diseñadores de Palermo, el barrio más moderno de la ciudad. Las colas de «gallegos» en las tiendas evidencian que los precios bonaerenses permiten que hasta un «mileurista» se sienta como un magnate del petróleo por un día.  

Dicen los expertos que el euro seguirá por las nubes a medio plazo. Pero no nos fiemos, porque esto de las divisas es una montaña rusa de imprevisible recorrido. Hace apenas un lustro que el euro se cambiaba 0,85 dólares, así que salir fuera nos costaba casi el doble que ahora. Y si no es por ver mundo, salgamos al extranjero para aprovechar las gangas de Manhattan. ¿A alguien se le ocurre una forma más placentera de «ahorrar» dinero que ir de compras por la Quinta Avenida?

Nueva York

   Vuelos: desde 350 euros.   Hoteles: algo más caros que en España. Pero, ¿quién necesita algo más que una cama estando en Nueva York?   Comidas: uno puede dejarse una fortuna en restaurantes de superlujo como Masa o Nobu. Sin embargo, si se trata de ahorrar, los típicos perritos calientes cuestan un dólar.

  Compras: el paraíso para los turistas cargados de euros. En perfumes, aparatos electrónicos y ropa de marca, el ahorro oscila entre el 20 y el 40 por ciento. Y eso sin tener en cuenta las rebajas...

 




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