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imanes para autos camionestas y utilitarios Iman Cristina Kirchner se merece el paro por tiempo indeterminado. Cualquier idiota sabe que la acumulación del capital comienza en el campo. Así ocurrió en nuestro propio país antes de su industrialización, desde comienzos del Siglo XX en adelante.

Fuente:
Ernesto Sociedad Rural  Magneto para palermonline
Sección: Cristina y sus idiotas.
Fecha: 29 de marzo de 2008


Nos une el espanto
. Ella no tiene el poder ni el gobierno.

Desmechados K
Patiar el problema para el lunes es un hecho infantil. El campo no tiene sábados y domingos.

El peronismo esta partido al medio y Los gobernadores están más apretados que nunca. Los k no son lo que eran antes del conflicto.

 

936 propietarios controlan 35 millones de hectáreas, a razón de 38.000 ha cada uno, mientras casi 150.000 propietarios tiene 2.200.000 ha, a razón de 16 ha cada uno.  

El gobierno intentó timar al campo en la sala de situación en la Casa de Gobierno con anununcios lunaticos de Fernandez. Pasar el problema para el lunes es una declaración de guerra. Al final no tienen un proyecto de país.

La semana que viene llega la represión. Y algún que otro muerto. Obvio los muertos siempre los pone el pueblo.

El conflicto del campo no es meramente político y nos afecta en nuestra vida cotidiana. En muchos negocios y supermercados de Palermo escasean productos que forman parte elemental de nuestra alimentación. No hay MAS carne.

Domingo de Asado en Palermo cancelado, por enKulamiento femenino.

Comienzan a escasear los lácteos. Otros productos se disparan. Hace ya trece días que el campo está en huelga y se ha puesto firme para impedir el aumento de las retenciones, que las quiere llevar casi hasta el cuarenta y cinco por ciento, al menos en el caso de la soja.

Así, mientras que el gobierno no parece estar dispuesto a dar marcha atrás. Las organizaciones del campo, de la Sociedad Rural (los grandes propietarios) a la Federación Agraria (los chacareros), se encuentran totalmente rebalsadas por sus bases.

Es cierto que el campo ha ganado mucho dinero últimamente, especialmente con la exportación de soja y sus derivados. Pero menos del diez por ciento tiene el sesenta por ciento de las explotaciones agrícolas. Y el sesenta por ciento de los productores no llega al diez por ciento de las tierras. Y, así, mientras el aumento de los insumos continúa, seguramente que no es lo mismo para los grandes pools de explotación sojera bancarse este aumento combinado con un aumento de las retenciones, que para el chacarero que explota cien hectáreas.

Pero, ¿qué hay detrás de este conflicto que habíamos anticipado en nuestro artículo de comienzos de año? Básicamente podríamos decir que es un símbolo del fracaso de las iniciativas económicas que este, y gobiernos anteriores, vienen llevando a cabo.

El aumento de las retenciones tiene un solo objetivo:  aumentar la caja del gobierno para poder continuar gobernando como hasta ahora. Cualquiera sabe que con plata, gobernar es más sencillo. Se pueden comprar senadores, diputados y gobernadores de todos los colores. Y para que mentirnos, salvo algunas honrosas excepciones, el campo continúa siendo el único recurso que tenemos.

Lo que está en juego aquí, sin embargo, no es que se hace con el dinero que se recauda, solamente. Sino como hacer para que el Estado, más allá que use bien el dinero o no, tienda a diversificar la producción para poder competir en los mercados locales o internacionales. Y recaudar sus impuestos en varios y amplios sectores de la economía. Brasil, por ejemplo, tiene hoy el dólar a 1,60. Ha ido bajando desde tres a este precio paulatinamente como consecuencia de el aumento de las exportaciones agrícola-ganaderas e industriales.  Si esto ocurriese en la Argentina, por el contrario,  estaríamos aún más en el horno.

Cualquier idiota sabe que la acumulación del capital comienza en el campo. Así ocurrió en nuestro propio país antes de su industrialización, desde comienzos del Siglo XX en adelante. Exportábamos de todo. Vivíamos relativamente bien. Hasta que varios gobiernos, finalizando con la frutilla del postre menemista, liquidaron la industria primero, el país entero después.

Así que la fórmula es sencilla. En la medida que no se hagan proyectos serios que tiendan a que se reinviertan los excedentes del campo en otros sectores, hasta que no se diversifique la producción, no se restablezca el crédito, etcétera, no habrá posibilidades de soluciones de fondo. Y el campo, obviamente, se opondrá a ser la única vaca lechera. Menos aún si el proyecto es juntar guita para perpetuarse en el poder. O compartir negocios con los Moyano. Eso, seguro.

Los vecinos de Palermo, mientras tanto, seguiremos sin alimentarnos como se debe.
Los K están más menemistas que nunca. Serán castigados por las urnas.

 

 

Conflicto Agropecuario

Claudio Lozano

 

RECUPERAR LA SOBERANÍA ALIMENTARIA Y
MEJORAR EL PODER ADQUISITIVO DE LA POBLACIÓN

La presentación de medias verdades como si fuesen la verdad total y única, así como el expreso objetivo de oficialistas y opositores de adelantar la elección del 2009  subordinando a esto la resolución del conflicto agropecuario, termina por imponer discusiones falaces, promueve confrontaciones estériles y conduce el conflicto planteado a un peligroso camino sin salida. 

   Es una "verdad a medias" la formulada por la presidenta Cristina Kirchner, cuando en su discurso sostuvo el carácter redistributivo de las retenciones.   Verdad a medias, ya que si bien esto es cierto, el sentido de la redistribución (o sea, a quién se le saca y a quién se le da) se define en el contexto más general de la política económica y no en el instrumento específico de la retención.  No es lo mismo un sistema de retenciones articulado con la operatoria de una Junta Nacional de Granos, de Carne, de producciones regionales asociadas con un Estado que regula el abastecimiento del mercado interno y que controla el comercio exterior, que el esquema actual en el que las retenciones sirven para construir un "superavit fiscal" cuyo destino es el "pago de deuda pública", la compra de divisas para sostener la "cotización del dólar" y, por lo tanto, la renta de los exportadores y el aliento con subsidios al núcleo más concentrado de la economía.  Menos aún, si se articulan con compensaciones a los productores que -durante el 2007- ascendieron a $ 1.400 millones, de los cuales, más del 55 % se concentraron en apenas 10 empresas (Ejemplo: La Serenísima, Molinos Cañuelas, Molinos Río de la Plata, Aceitera General Deheza, Cargill, etcétera).  Así, cada una de ellas se apropió de $ 80 millones mientras 32.000 productores recibieron en promedio apenas $ 2 millones. 

No son las retenciones las que están en discusión.   Menos aún si se trata de retenciones móviles, si discriminan contra la soja y a favor del maíz y el trigo o incluso, si se aplican en un contexto donde los precios internacionales han subido por encima de las mismas.  Podrá discutirse la oportunidad, la magnitud, cómo se las segmenta para que impacten de manera diferencial según el tamaño y capacidad de los productores o cómo se coparticipan los recursos que con ellas se obtienen.  Pero es razonable su uso para captar rentas extraordinarios que surgen del movimiento de los precios internacionales y no del esfuerzo del productor, así como para diferenciar precios internos de internacionales.  Pero lo que no puede olvidarse es que es el contexto general en el que se aplican el que define el modo en que las mismas repercuten sobre los distintos actores de la actividad agropecuaria.  Actividad esta cuya diversidad es tal, que transforma en irrelevantes las afirmaciones que hablan de la "rentabilidad del sector", sin precisar entre quienes ocupan posiciones dominantes en este negocio (grandes propietarios, pools de siembra, exportadores, proveedores de insumos tecnología) y quienes tienen un lugar subordinado y de mayor debilidad.  Hablar de "rentabilidad del sector agropecuario" y no precisar (tal cual lo hizo la Presidenta) conduce irremediablemente a no entender ni dimensionar lo que está ocurriendo en las rutas y pueblos del país.  

Sostenemos, por lo tanto, que lo que está en debate no es el uso de las retenciones sino la ausencia de un Plan Nacional de Desarrollo Agropecuario que replantee el modelo "sojero" que se afirmó en la Argentina en los últimos 20 años.  Un modelo sojero que se sostiene en condiciones de alta concentración , expresadas en el hecho objetivo de que 936 propietarios controlan 35 millones de hectáreas, a razón de 38.000 ha cada uno, mientras casi 150.000 propietarios tiene 2.200.000 ha, a razón de 16 ha cada uno.    Concentración que se expresa, también, en la "nueva oligarquía" que se va consolidando  con no más de 2.000  productores que controlan más del 60 % del producido de la soja y que incluye, dominantemente, a pools de siembra, por lo tanto, a sociedades productivas que no necesariamente ejercen el control sobre la tierra  pero que manejan capital, insumos y que arrendando campos se transforman en jugadores principales del negocio agropecuario.  Nombres como Urquía (que tiene tren y puerto propio, además de una planta de biodiesel subsidiada por el Estado), Foganti, Olmedo o El Tejano son expresiones concretas que han dado vida incluso a un nuevo agrupamiento empresarial como AAPRESID.  

Modelo sojero que, además de destruir empleo (genera un puesto de trabajo cada 500 ha mientras que la economía familiar genera 35 puestos por cada 100 ha) y elevar el tamaño medio de las explotaciones (para que una unidad económica sea autosuficiente  se requieren más de 500 ha), tiende a especializar a nuestro país en la exportación de forraje (pasto-soja) con destino a países como China, India o la Unión Europea deteriorando actividades como la ganadería, lácteos, ovinos, porcinos, frutas, hortalizas y demás producciones regionales.

Modelo sojero que depreda el habitat   condenando a la muerte a las comunidades aborígenes y que incluso persigue y desplaza a punta de pistola a campesinos y aborígenes en la búsqueda por incorporar, a cualquier precio, nuevas tierras para la producción de soja.

Es la ausencia de políticas específicas que no se hagan cargo de estos problemas lo que explica la envergadura de los cortes que se realizan hoy a lo largo y a lo ancho del país.  En concreto, el Gobierno nacional está pagando el precio de la bronca acumulada de pequeños y medianos productores por la sociedad que desde hace 5 años mantiene con el "modelo sojero", con exclusivos fines fiscales.  Es por esto que no existió nunca un Plan Nacional de Desarrollo Agropecuario y que resulta casi "perverso" escuchar ahora (como dice el discurso oficial) que el aumento en las retenciones era la primera medida de una estrategia general, que no se pudo anunciar por el paro de las entidades del campo. ¿No era más fácil convocar a las entidades para plantearles la estrategia integral y luego hacer los anuncios?  ¿Si no hubo estrategia alguna en la dirección que se plantea, por qué habría que creer que esto es cierto?  Nadie puede, sensatamente, ver sólo a "responsables de la oligarquía" en las rutas. Está claro que son los pequeños y medianos productores los que están sosteniendo el conflicto.  Es falsa y mentirosa la consigna que pretende confrontar a un supuesto gobierno popular (el actual) versus el "campo oligárquico".  En la práctica, el Gobierno ha sido socio de la "patria sojera" durante los últimos cinco años y lo único que pretende es elevar su participación en la sociedad (más recursos fiscales), ya que avizora necesidades mayores en materia fiscal, habida cuenta de la crisis internacional. 

   Es cierto, y a nadie puede escapársele, que hay actores que pretenderán transformar el conflicto en lo que no es.  Cierto es también que hay organizaciones vinculadas al campo (por caso, la Sociedad Rural) con historial nefasto y golpista, así como sectores del "establishment" que buscarán que este conflicto sirva para "cercenar la experiencia democrática" y derechizar la gestión gubernamental.  Pero lo que resuelve y evita esta perspectiva es la capacidad de abrir una instancia de diálogo en base a dos objetivos que deben ser centrales:  

RECUPERAR LA SOBERANÍA ALIMENTARIA Y MEJORAR EL PODER ADQUISITIVO DE LA POBLACIÓN.  Esto exige la puesta en marcha de un Plan Nacional de Desarrollo Agropecuario capaz de agregar valor sobre nuestros recursos naturales (dejar de exportar proteínas vegetales y exportar proteínas animales), generar empleo, repoblar el interior facilitando el acceso de nuevos productores a la tierra, reforestar las zonas devastadas por la sojización, sanear las regiones infectadas por el uso de químicos de toda naturaleza y devolver a las comunidades aborígenes las tierras que le robaron en las últimas décadas.  

Claudio Lozano
Diputado nacional

 


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