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imanes para autos camionestas y utilitarios Iman Palermo de San Benito ha sido un nombre cuyo origen permaneció oculto por más de un siglo y medio. Siempre se lo asoció a un santo que nada tenía en común con el propósito que tuvo Rosas al bautizar una gran porción de las tierras del bañado de Palermo.

Fuente:
palermonline
Sección: Palermo de San Benito
Fecha: 8 de julio de 2008


Brigadier General Don Juan Manuel de Rosas

Por Carlos Fresco

El día en que Palermo se asoció con San Benito


Juan Manuel de Rosas compró su primera quinta de Palermo un 12 de enero, día de San Benito Biscop.


Para Bautizarla, mantuvo el nombre del lugar en primer término y le agregó el del santo de la fecha, según costumbre de la época. Resultó así Palermo de San Benito



Quizás el nombre de Palermo de San Benito, con el que Juan Manuel de rosas bautizó a su quinta de Palermo, haya sido uno de los que más interpretaciones dispares recibió por parte de los historiadores y los costumbristas. Pareciera como si se hubieran visto obligados a descubrir su origen porque sí, sin buscar los antecedentes necesarios, pero en cambio apelaron a los artilugios de la imaginación y a ciertas tradiciones orales dudosas, dando por resultado una serie de inexactitudes que se fueron transmitiendo de boca en boca, de página en página y de libro en libro, distorsionando para siempre una verdad que como tantas otras de nuestra historia se tergiversan por obra y audacia de copistas.


Hubo también quien lo invirtió usándolo como San Benito de Palermo, respetando la nominación de este santo, y así, también, se titularon libros que tratan sobre la quinta de Juan Manuel de Rosas y hasta se le dio ese nombre a la estación del ex ferrocarril Bartolomé Mitre, hoy denominada 3 de Febrero.


Manuel Bilbao (1871-1935) en sus Tradiciones y recuerdos de Buenos Aires  escribió en el capítulo Palermo de San Benito que "En 1836 don Juan Manuel de Rosas adquirió de diversos propietarios los terrenos en que edificó su casa y formó sus parques. Entre esos terrenos había uno que tuvo una pequeña capilla bajo la advocación de San Benito, por lo que Rosas dio a su nueva propiedad el nombre de Palermo de San Benito".


Rosas no compró en 1936 los terrenos para formar su quinta. La primera compra  la hizo en 1838 y tardó diez años en adquirir el resto, en total 36 fracciones de tierra o quintas o chacras, como se las denominan en las distintas escrituras. En ninguno de esos terrenos existió una capilla que haya estado bajo la advocación de San Benito. Esto se hubiera sabido por los detalles que se anotaban en las escrituras, como era el caso de las construcciones que existían, de qué material estaban hechas, el número de piezas que tenían, etcétera.


La única capilla que existió en las tierras que compró Rosas era la de los franciscanos en la Calera, hoy el barrio de Belgrano, y estaba consagrada a Nuestra señora de la Concepción .


Esa capilla databa aproximadamente de 1730. Posteriormente fue abandonada y devuelta al culto en 1824. Pero en 1842, que es cuando Rosas compró la Calera , ya no se celebraba allí ceremonia religiosa alguna. Otra capilla que estaba cercana a su quinta era la de los Cueli, en avenida Las Heras y Ugarteche, luego de Polidoro Coulin, pero esas no fueron tierras de Rosas y en ella no había una imagen de San Benito de Palermo.


Por ello nunca pudo Juan Manuel de Rosas dar el nombre de Palermo de San Benito a su propiedad con el argumento que esgrime Bilbao.


Más adelante, en el mismo capítulo, en el siguiente párrafo dice: "Palermo, decía Sarmiento, permítaseme llamar por su nombre de familia al parque legalmente 3 de Febrero... llamóle Rosas Palermo de San Benito a su morada y vastísimo parque adyacente, porque así le plugo o acaso para darle forma a alguna de esas crueles ironías cuyo estado recto él se guardaba para sí. San Benito de Palermo es un santo negro. Llamóle Palermo de San Benito a la casa que construía con una arquitectura de estancia, casa y galpones".


Esta cita de Sarmiento que incluye Bilbao no aclara más las cosas, por el contrario, las confunde, ya que el sanjuanino, quizás aún no liberado de las pasiones políticas, da por sentado que Rosas impuso ese nombre por un capricho más de él, y al mencionar a San Benito de Palermo cae en el error de ignorar, por lo menos en esta circunstancia, el nombre de Palermo ya impuesto a esa zona por una muy antigua tradición, aproximadamente desde el año 1600, por las tierras que allí tenía Juan Domínguez Palermo . Entonces, el pobre San Benito de Palermo quedó aquí mencionado pero sin que se lo pueda asociar como fuente de inspiración que sirviera a la determinación que tomó Rosas.

Historias descabelladas

La imaginación de Pastor Servando Obligado (1841-1924) supera lo novelesco. Así, en el capítulo Palermo 1849 de Tradiciones Argentinas , a una pregunta del apasionado ministro inglés Enrique Southern a Manuelita, mientras cabalgaban por los alrededores de la quinta


- ¿Por qué llamar Palermo de San Benito?
Obligado teje una intrincada historia que desconcierta completamente a quien quiera tomarlo como pilar para una recreación de la historia del lugar: De tal interrogación tomó pie la gallarda amazona para dar una lección de historia a galope al británico moscardón que la mareaba como su antecesor con insípida galantería y melosidades a media lengua. Los representantes de Su Majestad Británica parecían traer por entonces la doble misión de halagar al tirano y obsequiar a su hija.


-Fue -contestó- porque la suegra de Torrecillas, dueña del primer terreno adquirido por tatita aquí, llamaba Arroyo de Palermo a éste cuyas excavaciones se han prolongado hasta frente las casas. Habiendo viajado por Sicilia, se le antojaba semejante en algo al de su capital, llegando en su fantasía a divisar cual un pequeño Etna en erupción, al elevarse sobre la torre de la Recoleta humo  de quema en los mataderos, y azulado mar de Sicilia en este inmenso río cuya opuesta orilla no se divisa. Desde el regreso de la expedición al desierto acampó aquí la última de sus divisiones, aumentada cuando el bloqueo de los franceses, por ser campamento estratégico para ocurrir, ya en defensa de la ciudad, o en previsión de cualquier desembarque sobre la costa. Torrecillas adquirió el terreno más inmediato a la actual quinta de Unzué, a cuyo costado corría casi exhausto el arroyito Palermo. Hacia el opuesto extremo, sobre la barranca de Corvalán, cerca de la Calera de los Franciscanos, un viejo vecino había levantado la pequeña capilla a San Benito, para que sus negros esclavos no carecieran de misa los domingos.

De la unión de estos nombres encontrados en los confines de la propiedad combinóse el de Palermo con que fechaba Rosas su correspondencia, más que de la tradición siciliana que la espiritual Manuelita refiriera al inglés que andaba perdiendo los estribos por ella.


Más allá de que Manuelita haya relatado este hecho burlesco para recrear su ánimo ante el británico moscardón que la mareaba, lo cierto es que Torrecillas nunca fue dueño del primer terreno que adquirió Rosas en Palermo.


La primera quinta  que compró (en realidad eran tres quintas unificadas por una escritura pública ) se la vendió Juan Bautista Peña, según Obligado compañero de banco de Juan Manuel en el colegio de Francisco Argerich, Defensa 70 de la vieja numeración (entre Alsina y Moreno). Esa quinta estaba delimitada por la avenida Figueroa Alcorta; una línea paralela a la avenida Sarmiento 90 metros al noroeste (esta línea pasa por el Planetario); la avenida Casares y las vías del ferrocarril ex Bartolomé Mitre, línea a Tigre (en la época de Rosas, el río de la Plata). Parte de esa quinta fue, en su momento, ocupada por el circuito KDT; parte la ocupa hoy la Escuela de Conducción y Tránsito del Automóvil Club Argentino, y la cruza en su extremo noroeste la avenida Sarmiento.


Los dueños anteriores de estas tres quintas unificadas fueron: María de la Cruz Salces, su esposo Ycario Peres, Julián Gándara como albacea del finado Benito Clemente Posadas, que venden a Ramón Giles . Rafaela Giles de Schuster, que hereda la quinta de su padre Ramón Giles,  y su esposo Guillermo Teodoro Schuster venden a Francisco Cabral  y éste a Juan Bautista Peña . Estos fueron los dueños de dos de las quintas. La tercera quinta fue de Mariano de Irigoyen que la obtuvo por documento extrajudicial; se la vendió a Eusebio Ugarte  y éste a Juan Bautista Peña . Como se puede ver Torrecillas no aparece en la lista de los que fueron propietarios de esta primera fracción que compró Rosas.


En el plano de Sourdeaux (circa 1850) aparece un E. Torrecillas  ocupando la fracción de tierra comprendida por la Avenida del Libertador, avenida Sarmiento, avenida Las Heras y avenida Escalabrini Ortiz , antes Canning; y en la época de Rosas era conocida como el Camino del ministro inglés, porque sobre dicho camino tenía su residencia el mencionado representante británico.


El arroyo Palermo que lo da como bautizado por la suegra de Torrecillas no existía en la época en que Rosas compró la primera quinta. El prolongó una pequeña entrada de agua que había en dicha quinta, y formó un arroyo que hizo llegar hasta el estanque de material que estaba frente a la casona ubicada en la esquina de avenida Sarmiento y Del Libertador, donde se emplaza el monumento a Sarmiento. Pero ese arroyo Rosas lo construyó aproximadamente seis años después de que compró la primera quinta, por lo que no hay coincidencias ni de propietarios ni de tiempos con lo que expone Obligado al respecto.


Por otra parte, el relato que hace para demostrar la procedencia del nombre de Palermo, como producto de la fantasía nostálgica de la suegra de Torrecillas, queda como algo realmente incomprensible ante el preciso trabajo realizado al respecto por Miguel Sorondo .


El nombre de Palermo, dado a esa amplia zona en la que Rosas tuvo su extensa quinta, data de una muy antigua tradición, aproximadamente desde 1600, por las tierras que allí tenía Juan Domínguez Palermo.


La chacra sobre el río Gran Paraná que Juan de Garay adjudicó a Miguel Gómez, uno de los primeros pobladores de Buenos Aires, correspondía a la suerte número siete del repartimiento de las tierras denominadas de pan llevar o del Monte Grande.
Estas tierras donde se encontraba la suerte de Miguel Gómez fueron las que se conocieron con el nombre de Palermo. Tal denominación se hizo extensiva a los bañados de la costa desde la zona de la Recoleta hasta donde hoy se encuentra el Tiro Federal Argentino, en Núñez, cuyo predio correspondió al lote número 26 que compró Rosas y la escritura  dice que la quinta está ubicada "en el bañado de Palermo del otro lado del Maldonado".


El nombre completo del adjudicatario de la suerte número siete era Miguel Gómez de la Puerta y Saravia. En esta suerte cultivó vid y plantó árboles frutales. Una de sus hijas, Isabel Gómez de la Puerta se casó con el vecino Juan Domínguez Palermo, que ya vivía en Buenos Aires en 1590. Fue este Palermo que dio nombre a la zona en cuestión y que perdura hasta hoy.


Por 1609 compró tierras linderas a las de su suegro y, entre otras actividades, se dedicó a su explotación.


En el texto de Obligado aparecen también alteradas las ubicaciones de los predios cuando dice: Torrecillas adquirió el terreno más inmediato a la actual quinta Unzué, a cuyo costado corría exhausto el arroyito Palermo .
El terreno de Torrecillas era lindero por el noroeste con el de Polidoro Coulin y tenía por límites la avenida del Libertador, la Raúl Scalabrini Ortiz  , avenida Las Heras  y Ugarteche. La quinta de Saturnino Unzué estaba ubicada en avenida del Libertador de por medio y hacia el sudeste. Hoy forma parte de Palermo Chico, y había sido de Rosas. Eran las fracciones  números 32 y 36 que él había comprado. Estaban separadas  del resto de las tierras que conformaron Palermo de San Benito. Y por allí no pasaba el exhausto arroyito Palermo.


Parte de este arroyo puede aún verse, que pasa bajo un pequeño puente, cercano a la avenida Berro, al costado de esa hermosa construcción que cuando se hizo el parque Tres de Febrero fue destinada para comodidad de las nodrizas que concurrían allí para estar reparadas y amamantar a los pequeños.


El arroyo corría casi paralelo a la avenida Sarmiento aproximadamente unos 125 metros al sudeste.


Esa quinta de Torrecillas que Obligado menciona, pero emplazada donde se explicó, fue alquilada por Rosas y allí tenía un centro de reclutamiento de tropa. En los partes que enviaba a sus ayudantes la menciona como cantón de Torrecillas para dar el destino del personal o al hacer envíos de materiales .


Cuando Obligado se refiere a la barranca de Corvalán es la quinta que el 29 de noviembre de 1843 compró Candelaria del Cerro , casada con Rafael Corvalán, hijo del edecán de Rosas, el general Manuel Corvalán, y de Benita Merlo y Basavilbaso . Ese establecimiento de chacra, que así figura en la escritura, se componía de 26 cuadras cuadradas. Hoy, sobre parte de él se encuentra el Club Belgrano, que fue la casa donde vivió el matrimonio Corvalán-Cerro. Lindaba por el noroeste con la Calera.
Allí no había ninguna capilla levantada a San Benito por un viejo vecino como dice Obligado; sí existía por ese año de 1843, cuando Candelaria del Cerro compró la chacra vecina a la Calera, el edificio de la que había sido la capilla de los franciscanos que trabajaban dicha calera. Esa capilla, como se dijo, había sido consagrada a Nuestra Señora de la Concepción.


Evidentemente, ante tantas inexactitudes no puede tomarse como cierta la aseveración que hace Obligado al decir que "de la unión de estos nombres encontrados en los confines de la propiedad combinóse el de Palermo de San Benito".

El conflicto con Francia

En esos días, cuando Rosas compró la primera quinta, comenzaba el conflicto con Francia. El 4 de enero moría en su casa César Hipólito Bacle, el litógrafo suizo nacionalizado francés, reconocido por sus grabados e impresiones de retratos de ilustres personajes de la época, así como de costumbres y cartografía, dueño de la Imprenta del Comercio, que la tenía a cargo su hijo Augusto. Rosas lo tuvo encarcelado durante seis meses, acusado de espía. Intervino el cónsul de Francia en su defensa, pero Bacle siguió engrillado. Su salud se deterioró hasta casi perder la razón, y pocos días antes de su muerte le dio la libertad, sin explicación alguna.


Cuatro días más tarde, el 8 de enero, Rosas le contestaba al vicecónsul francés Aimé Roger que desconocía sus pretensiones de que los franceses residentes en Buenos Aires fueran tratados igualitariamente respecto de los derechos que se les otorgaban a los residentes ingleses, de acuerdo con el tratado que se había firmado en 1825, por el cual se exceptuaba a los súbditos británicos de prestar servicios militares. El tratado lo había rubricado el gobierno del general Juan Gregorio de Las Heras. Además, Rosas no le reconocía su jerarquía de cónsul y, por intermedio del oficial mayor del Ministerio de Relaciones Exteriores, le comunicó a Roger que el gobierno de la Confederación no le contestaría oficialmente sus notas anteriores y que tampoco le serían aceptadas nuevas demandas.


Con esto comenzaba el conflicto de la Confederación con Francia. Por ese entonces, Rosas estaba próximo a cumplir cuarenta y cinco años.


Respeto por el santoral

La herencia cultural española dejó muy arraigada en el país la costumbre de dar por nombre  al recién nacido el del santo que correspondía al día del alumbramiento.
Es interesante, al respecto, reproducir el texto que sobre Vida y escritos de Francisco Javier Muñiz, con comentarios de Domingo Faustino Sarmiento, se publicó en Escritos Científicos, Ciencias Naturales Argentinas: "Francisco Xavier Thomas de la Concepción Muñiz, nació el 21 de diciembre de 1795, en el partido de la costa de San Isidro, pago del Monte Grande, según lo acredita su fe de bautismo, siendo hijo de don Alberto Muñiz y de doña Bernardina Frutos, ambos de familia de viso. El almanaque reza el nombre del apóstol Santo Thomas el día del nacimiento del niño, siendo entonces regla dar al recién nacido el nombre del santo que la Iglesia conmemora ese día. En los primitivos tiempos de la conquista, las ciudades nuevamente trazadas seguían la misma regla, como San Juan, San Felipe, a no ser que recordasen el nombre del fundador, que entonces se las bautizaba con el nombre de su santo.


Los jesuitas en sus misiones llevaron al exceso esta nomenclatura cristiana y jesuítica; además prevaleció hasta 1795 en la familia de Muñiz el nombre de Francisco Javier, santo de la Compañía, que nada tenía que ver al parecer con las fechas de nacimiento ni de bautismo, lo que prueba que provino la preferencia de una devoción de familia.
Esta primera propiedad es la que da el nombre de Palermo de San Benito a toda la zona que ocupaban sus tierras. Para designarla así siguió un criterio ya impuesto, de raigambre muy española y que lo aclara el texto sobre Vida y escritos, de Francisco Javier Muñiz, con comentarios de Domingo Faustino Sarmiento, que se publicó en Escritos Científicos, Ciencias Naturales Argentinas: dice que "siendo entonces regla dar al recién nacido el nombre del santo que la Iglesia conmemora ese día. En los primitivos tiempos de la conquista, las ciudades nuevamente trazadas seguían la misma regla, a no ser que recordasen el nombre del fundador que entonces se las bautizaba con el nombre de su santo.


"Los jesuitas en sus misiones llevaron al exceso esta nomenclatura cristiana y jesuítica; además prevaleció hasta 1795 en la familia de Muñiz el nombre de Francisco Javier, santo de la Compañía, que nada tenía que ver al parecer con las fechas de nacimiento ni de bautismo, lo que prueba que provino la preferencia de una devoción de familia. Estas predilecciones sirven para demostrar la corriente de las ideas prevalentes en ciertas épocas, como entre los israelitas se encuentra la terminación el, en Manuel, Rafael, Ismael, Samuel, que recuerda con veneración un atributo del Dios Eloi, cuyo nombre se conserva en el árabe Allá, Dios.


"San Francisco Javier era un santo jesuita de más prestigio por entonces que el apóstol Santo Tomás, o era a causa de haber sido expulsados los jesuitas de América veinte años antes lo que hacía conservar los nombres de sus santos a guisa de protesta.
"Todavía es más forzado el tercer nombre de la Concepción, que de ordinario no se aplica a varones. Pero era empresa de la Compañía elevarla a dogma de la Iglesia, enseñando el Bendito alabado (en sustitución de la Oración Dominical) a creer en la Inmaculada Concepción, recién ahora declarada dogma por la Iglesia, aunque de antiguo viniese reconocida como doctrina piadosa".


Rosas nació un 30 de marzo. Ese día se celebra la fiesta de San Juan Clímaco, por eso recibió como primer nombre el de Juan.
A su madre se la llamó Agustina por primer nombre por haber nacido un 28 de agosto, día de San Agustín obispo.


Su padre, León Ortiz de Rosas, fue bautizado con ese nombre por haber nacido un 11 de abril, día de San León papa. Su hermano Prudencio, por haber nacido un 28 de abril, día de San Prudencio y San Vital.


Juan Manuel de Rosas alteró un tanto ese principio impuesto por sus mayores de que el primer nombre debía ser el que correspondía al santo del natalicio.
Respetó el santoral pero dando como primer nombre el que por alguna circunstancia  ya estaba como impuesto de hecho o por simple elección, y agregó, como segundo, el del santo de su natalicio.


Así procedió con sus hijos: Rosas era devoto de Jan Bautista; la natividad de este santo se celebra el 24 de junio. Por muy pocos días el primer hijo y varón del matrimonio Rosas-Escurra no nace en esa festividad, lo hace cinco días más tarde, el 29 de junio, que es la fiesta de San Pedro y San Pablo. Así, el primogénito pasó a llamarse Juan Bautista Pedro. Su tercer nombre respetaba el orden del santoral.


En las últimas horas del 25 de marzo de 1816 nació su segundo hijo, era una niña. Esto sucedió en el día de la Encarnación de Nuestro Señor Jesucristo, que también era el aniversario del nacimiento de la madre de la criatura, doña María de la Encarnación.
La precaria salud de la recién nacida obligó a bautizarla de urgencia. Rosas le dio por nombre María de la Encarnación, respetando el santoral con el de la Encarnación. En las primeras horas del día siguiente, 26 de marzo, murió.


Manuelita nació un 24 de mayo, día de San Robustiano Mártir y San Florencio Confesor, por lo que fue bautizada como Manuela Robustiana; Manuela por su bisabuela, Manuela Rubio y Díaz, casada con Clemente López de Osornio.


Rosas, respetuoso de esa costumbre, no dejó de aplicarla cuando de elegir nombres se trataba. Al formar su quinta en Palermo lo tuvo muy en cuenta. Mantuvo el nombre de Palermo  en primer lugar porque así se llamaba la zona y así figuraba en las escrituras de todas las quintas que compró: "en el bañado de Palermo". El segundo nombre,  San Benito, lo agregó porque él compró la primera quinta, donde pasaba sus días de descanso con su mujer e hijos, el 12 de enero de 1838, que es cuando se celebra San Benito Biscop. De esta conjunción del nombre del lugar y del onomástico correspondiente al día de la compra, Rosas formó el tan discutido Palermo de San Benito.


En el Almanaque Federal para el año bisiesto del Señor,   de 1848, aprobado por el Ilustrísimo Señor Obispo Diocesano Doctor Don Mariano Medrano y Cabrera y autorizado por el Excelentísimo Señor Gobernador y Capitán General de la Provincia, Encargado de las Relaciones Exteriores, General en Jefe de los Ejércitos de la Confederación Argentina, Brigadier Don Juan Manuel de Rosas, figura el 12 de enero como el día de San Benedicto Obispo.


        Rosas fechaba en Palermo de San Benito correspondencia particular, órdenes militares y documentos públicos. Entre esa correspondencia se encuentra una carta dirigida al general San Martín, fechada el 20 de mayo de 1846 pero la data se completaba con La Encarnación en Palermo de San Benito.


        Probablemente agregó el primer nombre como un homenaje a su mujer, la que hacía ya 8 años que había muerto. Pero no hay coincidencia de la fecha de la carta con la fecha de la muerte de ella ni con su nacimiento, como para interpretar ese agregado por algún aniversario.


        Quizás podría pensarse que esa carta la escribió en la primera casa que estaba en la primera quinta que compró  ese 12 de enero de 1838, casa a la que solía concurrir con su mujer y sus dos hijos en los primeros meses de ese año. Encarnación murió el 20 de octubre de 1838. Y como un homenaje a ella denominó con su nombre y el de Palermo de San Benito a esa primera quinta. Esto es sólo un pensamiento sin asidero documental. Lo extraño es que no se encuentre mayor cantidad de correspondencia   con esa data.

Quién es quién

San Benito Biscop fue un monje anglosajón y uno de los principales propagadores del cristianismo y del monacato en Gran Bretaña. Nació en 628 y murió en 690. Fue el continuador de la obra comenzada por San Agustín de Canterbury en Inglaterra.
Sirvió cuando era joven en la corte de Oswin, rey de Northumberland. La abandonó en 653 para ir a estudiar teología en Roma. Tomó el hábito de monje en el célebre monasterio de Larins.


De Roma llevó a su patria gran cantidad de reliquias, cuadros y libros y reclutó arquitectos, artistas y obreros especializados con los que eprendió la construcción de las abadías de Jarrow y de Wearmouth, en la diócesis de Durham, y fue el que introdujo allí el canto gregoriano y las ceremonias de la Iglesia romana.
En sus muchos viajes reunió una preciosa colección de autores griegos y latinos, y compuso un tratado de la celebración de las fiestas, así como diversas obras litúrgicas, hoy perdidas.


A él se debe en gran parte la consolidación de la fe cristiana en Inglaterra.
Su fiesta se celebra el 12 de enero.


San Juan Clímaco, que por él Rosas recibió Juan como su primer nombre, es siempre representado con una escalera. La escala al Paraíso fue un libro muy popular en la Edad Media, que logró para su autor, Juan el Escolástico, el sobrenombre de Clímaco, por el que es generalmente conocido. No se sabe el origen de este santo; posiblemente fue originario de Palestina y se dice que fue discípulo de San Gregorio Nacianceno.


A los 16 años se unió a los monjes establecidos en el Monte Sinaí. Guiado por su padre espiritual, llamado Martirio, dejó el monasterio y se instaló en una ermita cercana aparentemente para acostumbrarse a dominar la tendencia a perder el tiempo en ociosas conversaciones. Cuando tenía treinta y cinco años de edad, abrazó por completo la vida eremítica en Thole. En este retiro, el santo pasó cuarenta años. Tal era su reputación, que San Gregorio el Grande, que ocupaba entonces la silla de San Pedro, escribió al santo abad pidiéndole sus oraciones y enviándole camas y dinero para el uso de los numerosos peregrinos que acudían al monte Sinaí. Había llegado a los ochenta años cuando entregó su alma en la ermita que le había sido tan querida.
Además del Climax, como se titula su Escala al Paraíso, San Juan dejó otra obra: una carta escrita al abad de Raithu, en la que describe las obligaciones de un verdadero pastor de almas.

San Benito de Palermo

Esta es otra historia. Y no tiene nada que ver con la quinta de Rosas en Palermo.
Dos años antes de que Rosas comprara en el bañado de Palermo el primer lote con una modesta casita en él, y cuando aún no había encargado al ingeniero Nicolás Descalzi que levantara un plano de las quintas existentes en todo el bañado y las que estaban sobre la barranca, del otro lado de lo que hoy es la avenida Las Heras, en ese tiempo conocida por camino del medio o camino de los arenales, formó un puesto de hacienda, como lo llamaba él, en el sur de la Provincia de Buenos Aires, en la margen izquierda del río Salado, que denominó San Benito de Palermo  y la marca con que individualizaba el ganado se llamaba San Benito. El mayordomo de las haciendas de San Benito de Palermo era Pascual Peredo, el mismo que para el Rincón del Rosario, Los Cerrillos y Constitución.
Esto demuestra que no existe relación alguna entre la denominación que le dio a la quinta en los bañados de Palermo con el nombre del santo con que bautizó mucho tiempo antes su hacienda, y destaca además el error que suelen cometer muchos escribidores al denominar como San Benito de Palermo la casona y esa gran extensión de tierra que Rosas formó en Palermo.

Benito de San Filadelfo

En realidad, San Benito de Palermo se llama Benito de San Filadelfo. Llamado también San Benito el Negro, por el color de su tez, y el Moro, por ser de padres esclavos africanos, y de Palermo, por haber residido en esta ciudad. Nació en San Filadelfo (hoy San Fratello), sin duda en honor al santo), Sicilia.
Hasta los 21 años fue pastor y labrador. Fue hallado un día en el campo por el ermitaño Jerónimo Lanza, hombre reputado, y por consejo de éste vendió su par de bueyes y se retiró al eremitorio de Santa Doménica, donde vivía el padre Jerónimo.
Una vez por día se alimentaba con escasas hierbas y un poco de agua y tuvo por vestido un ropaje de hojas de palma.
De allí pasó con sus compañeros al valle de Nazzara, luego al árido y frío de Maneusa; en seguida a Monte Pellegrino, donde el virrey de Sicilia les hizo construir una capilla y un depósito para agua.
En 1562 fue encargado por sus compañeros de soledad de la dirección del eremitorio de San francisco. Cuando Pio IV reunió a los ermitaños de dicho nombre a la orden franciscana, Benito se dedicó a reformar la observancia en varios conventos. Por último habitó en el de Santa María, junto a Palermo. En 1578 fue, a pesar suyo, hecho guardián del convento sin saber leer y siendo sólo hermano.
Luego fue vicario, maestro de novicios y murió el 4 de abril de 1589 siendo cocinero.
Fue canonizado por Pio VII. Su fiesta se celebra el 3 de abril.
Los esclavos de raza negra lo tomaron por patrón y protector.


Un largo silencio

Palermo de San Benito ha sido un nombre cuyo origen permaneció oculto por más de un siglo y medio. Siempre se lo asoció a un santo que nada tenía en común con el propósito que tuvo Rosas al bautizar una gran porción de las tierras del bañado de Palermo.


Allí formó su extensa quinta y construyó la casona que fue su residencia. Entre sus muros invisibles parecerían haber quedado encerrados catorce años de historia desconocida de un barrio tan grato para los porteños, asiento de uno de los gobiernos más discutidos y oscuros que tuvo el país.


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