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Retorno de la primavera


Fuente:
palermonline
Sección: palermo de primavera
Fecha: 22 de Septiembre de 2008

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Una cumbiera

La "fauna urbana" festeja la llegada de la primavera

Floggers, emos, cumbieros, rollingas y demás tribus adolescentes se congregan en Palermo, para recibir la estación que anticipa al verano. Por ahora, todas las tendencias conviven en armonía
Aunque el tiempo no acompaña, miles de adolescentes llegaron a los lagos de Palermo para recibir a la primavera y festejar el Día del Estudiante.

(Palermonline Noticias del Barrio de Palermo lunes 22 de Septiembre de 2008)

Retorno de la primavera

Es 21 de septiembre, día en que vuelve la primavera, la gente sale a calle, a caminar, a los parques, a comprar, a mirar y a encontrarse. Y cuando nos encontramos -ya sea con un texto, ya sea, como en primavera, especialmente, con los demás-, alcanzamos una mayor conciencia, plenitud, una mayor realización que nos confiere el vínculo con nuestro entorno.

Hay una exhibición natural, o bien normal, o bien, normalizante, atinente a un ciclo de la naturaleza que nos presta sus elementos como símbolos significativos. De los árboles brotan las hojas, crecen las flores, el clima es cálido. Las personas renovamos -un mínimo- el vestuario, salimos más a los ámbitos externos y manifestamos una mayor tendencia a exhibirnos.

Es una exhibición en que se recupera la actividad, nos prestamos al juego de rivalidad y regocijo, buscamos un modelo con el cuál identificarnos y sobresalir sobre los demás, en torneo de competencia para alcanzar ciertos trofeos, que tienen que ver con ser vistos, notados, envidiados, amados o deseados. Esto hace a un pavoneo sano a donde la presencia corporal cobra mayor importancia; pensemos en los gimnasios, piletas y circuitos atléticos en que abundan los que buscan renovarse físicamente.

Es una mañana, después de la noche de invierno. O no es nada de esto y es todo lo demás, lo que Mallarmé, el poeta francés del siglo diecinueve, en su gesto poético de significar las cosas por su contrario, denunciaba como una temporada enfermiza del año, que provoca en el poeta el hastío y el cansancio -pensemos en nuestros emos y góticos-; o bien, es todo lo demás y todo esto a un mismo tiempo, en lo que podemos llamar coexistencia de subjetividades.

Hay quienes sostienen que la independencia de la mujer actual: profesional, activa, filosa, figura de la tipología social actual,, hace que el encuentro amoroso, social y laboral con "ella" sea para el hombre privativo de un rol privilegiado que, clásicamente, el sistema cultural asignó para él, en el cuál él deseaba, él trabajaba, brillaba por su labor y la mujer era el objeto deseado, que brillaba sin necesidad de actividad visible y representaba para él ante quién traer los frutos de la tarea laboral -el sueldo, en la relación de dependencia, y los honorarios en la profesión liberal-, que requería de nuestra fuerza e inteligencia. Pareciese que en este momento las mujeres se abocaron a conseguir el lugar que el hombre había ostentado en sus "mejores épocas", por llamarle de un modo..

En la estructura clínica de siempre, la mujer "de antes" era normalmente aquejada de histeria, que era el modo de quienes la padecían de sostener el deseo y la actividad de la figura viril: esa famosa forma de ofrecerse a él, mediante sugerencias, para despertarlo en su deseo, para una vez logrado el propósito figurado, escabullírsele y que él quedase con la sensación de perder el objeto de amor y culto; lo cuál a algunos en su primera juventud los llevaba a mal calificar a chicas sanas de su entorno como que eran "unas histéricas", por ciertas actitudes que guardaban una lejana afinidad con esta clase de estructura clínica.. En otros, esto constituía una delicia, en que el hombre mantenía la fortaleza y se sacrificaba, y la mujer era buscada y aceptaba, o no, las ofrendas que traía aquél.  Hoy la histeria, así, en estos términos "gráciles" está pulverizada.

Lacan decía que cuando algo parece no manifestarse, cuando no se habla de algo, por más que se lo nombre a medias o a cuartas partes, su aparente inexistencia puede ser signo, o bien de una verdadera desaparición o extinción del ente en cuestión, o bien el supuesto contrario, en que ese algo está más presente que cuando se sabía que estaba.

En definitiva, bajo el último modo descripto, el inconsciente es eso con presencia intensa que nadie dice que existe, bajo efectos de censura y represión. Admitamos como posible que la mujer occidental de hoy día está desplegando una nueva estrategia de la histeria, de la cuál no se habla -porque de eso no se habla- y si se habla, no se le conocen los modos: una estrategia exitosa, diríase en términos de política empresarial discreta.

La mujer "tradicional" instalaba un ritmo, un camino, que el hombre, activo, tenía que respetar en sus reglas, ya que lo contrario podía lanzarlo a un verdadero abismo. La pregunta es si en este momento hay, o no hay estrategia.

Si no la hay, entonces la histeria, sin perderse necesariamente, se instala de otro modo, se diluye y se recompone en otra cosa, que es preciso dilucidar, clasificar, desclasificar, solidificar, y en eso está el psicoanálisis en este momento de crisis, junto a otros dilemas. Si en cambio en este escenario sin reglas aparentes hay estrategia, caracterizada por su presencia silenciosa, casi sigilosa, entonces sigue habiendo histeria, que divide y clasifica lo que es permitido y lo que no: esto es deseable, lo otro no; esto cuenta con respetabilidad, esto otro es vulgar.

Pero todo esto, este modo de discernir lo deseable y lo no deseable, el modo de excluir y de incluir, según los caracteres de cada idea, todo esto suena a codificación, suena a reglas, cuando, en vistas de nuestra actual mujer pro-activa, estaríamos hablando de una estrategia de la no regla, una histeria de la no diferenciación; esto implica que la estructura histérica está confrontando con las reglas, por alguna clase de insatisfacción que prevalece frente a la regla del viejo macho latino o el hombre de nuestra época, y por la cual ella reclama, mediante sus estrategias, algo que hay que descubrir.

Un ejemplo interesante, citado por algunas colegas en revistas especializadas, algo usualmente, es el de las cultura china, en que la mujer ocupa rangos de importancia, por una cuestión muy importante que es la tradición. No hay que ser un  avispado ni gran avezado para darse cuenta de la importancia de la mujer en los restaurantes y almacenes chinos que uno pueda frecuentar. Por demás, en la Grecia Antigua, la mujer, nos dice Lacan en su Libro Octavo del Seminario, era temperamental, sabía reclamar por lo que consideraba era de su derecho, en tanto que el hombre, se sabe, buscaba la filosofía y no tanto el aspecto político, reclamativo de la vida en la Ciudad-Estado griega..(Si bien, es de notar, los políticos eran hombres.)

Otro ejemplo lo encontramos en ciertas especies del reino animal, en que la hembra guarda primacía sobre el macho. Los animales son interesantes en esto que no hay una ley que los unifique, y que encontramos, marcadamente en la selva, "grupos" con diversas reglas, a donde el macho y la hembra ocupan diversos roles, funciones y estatutos según el ordenamiento específico a cada grupo, más que en uno de índole general que unifique toda la diversidad.

Así, si bien hay patriarcados, entre los leones, los vacunos y otras especies, y matriarcados, entre las abejas, las hienas y otras especies, en otros el espíritu gregario cede a la individualidad, que es el caso de los tigres, en que el encuentro entre macho y hembra es esporádico, lo necesario para dar a concebir, luego de lo cuál cada uno hace su propio camino, sin necesidad del otro: algo a no confundir con el concepto del "amigo con derecho a  cama" o "amiga  con disponibilidad en la cama" de ciertas prácticas, comunes y no totalitarias de nuestra cultura, ya que entre estos felinos el hecho de la concepción, el continuar la especie, hace a la esencia de la reunión de cuerpos, y en las prácticas humanas aludidas, es mayor el rasgo del placer individual el que rige la actividad amorosa, y no el rol generacional de dar perpetuidad a la especie humana.

El ejemplo de lo animal es riesgoso en cuanto nos impliquemos en un juego de identificaciones "instintivas", creyéndonos paralelos, simétricos en un plano cultural, a las demás especies; provechoso, en cambio, como metáfora. Si nos atenemos a lo comparativo, lo metafórico no literalizante, podemos también concebir una sociedad humana actual y argentina en que haya diversos grupos con prácticas diversas en cada grupo, así como los tigres se rigen según ciertos patrones, los leones con otros, las abejas con otros, los peces los suyos. Pero esto nos ayuda a comprender la diversidad en lo social desde un método de acercamiento, ya que las comparaciones nos acercan a la comprensión del problema y su solución, pero no agotan ni lo uno ni lo otro.

Si la ley es verbo, por demás el verbo vive en la materia, y el gesto como expresión es, si no significante, sí significable: susceptible de significación mediante una convención. Por ejemplo, el guiño de ojo: [anticuado] gesto de seducción.

A veces, simplemente es que uno tenía una basurita y nada más. Entonces se da la posibilidad de la ambivalencia de sentidos, perfecta siempre para formar algún síntoma. Un paciente un día me dijo que su novia le había guiñado el ojo y que esto le resultó chocante. Llegamos a la conclusión de que el gesto había significado muchas cosas, inesperadas, y torció el rumbo de toda una serie de expectativas: provocó desilusión. -El problema era mucho más que un gesto, pero lo comprehendía y connotaba-.

Así como el gesto, en general, el propio cuerpo y la perturbación de las funciones fisiológicas son significantes: son manifestaciones de un decurso dado del verbo en la materia. Lo mismo, si proseguimos el análisis, pasa con todo, hasta la propia arquitectura, pero no estamos en esto, que es de mayor complejidad. La aparente falta de normativa, la aparente falta de regla en lo social, cierta incoherencia de las teorías "progre" que no hacen al progresismo -ya que lo dijo un deportista, la pelota no se mancha-, que en su exageración aportan expresiones peligrosas para lo más elemental de la salud física y moral, y veamos en esto la clínica de las adicciones, de la imposibilidad de amar, del consumo irrefrenado de bienes, del todo vale; todo esto son aspectos que por demás parecen ser el riesgo en que caemos -y del cual nos curamos- para poder afrontar, transformados, la próxima parte de la historia, o la histeria, en que no sabemos, pero sí esperamos, con cierta angustia, quiénes, y sobre todo cómo vamos a ser. Esto es la angustia del encuentro, en este sentido, del encuentro con el futuro, expectativa que genera el tiempo presente. No estamos cambiando un tonito, un colorcito vago y poco definible, si no que el cambio no se reduce a minimizaciones y abarca una cantidad inmensa de expresiones, tan cotidianas y concretas como éstas, y hace a una nueva normativa.

La primavera nos presenta estos aspectos que hacen a la renovación vincular, aspecto inmediato que transfigura los aspectos históricos del encuentro del sujeto con la cultura. Un misterio da propósito a resolver estas contradicciones, que es misterio que hace exitosa a la clínica, que hace al misterio del encuentro entre hombre y mujer y que es tal: el misterio de porqué uno se encuentra con otro, desde que es lo que provoca la necesidad de acercarse a ese otro: para respetarle su ley y sus bienes, esto es, en la relación de subordinación al padre; para pelearle el lugar, o simplemente amagarle con humor, en el juego de prestancia, rivalidad y regocijo con los pares; o bien porque ese otro es el lugar que motiva la rivalidad, en el juego de amor.

Y en primavera, que nos aporta el enigma problemático de la fecundidad, que opera como verdadera llamada de amor, que se expresa en el juego de mirar, de no preocuparse si me miran, de mostrar y no importar tanto qué sino dejarse mostrar no importa a quién, -y en esto las mujeres no cambiaron, gracias al Señor, y dan sustento a cierto narcisismo masculino -siempre son las que nos compran las mejores camisas-- el misterio y lo que provoca en lo más cotidiano abren de nuevo el juego a donde la búsqueda de la pareja no hace poco.


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