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La paja no es como el trigo: Eros en Grecia a Eros en internet. Los adolescentes pasan 87 horas por año buscando material porno en la red.


Fuente:
Palermonline
Sección: Palermo paja lisa y llana
Fecha: 17 de febrero 2009

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La masturbación, tanto la masculina como la femenina, es la estimulación de los órganos genitales con el objeto de obtención de placer sexual, pudiendo llegar o no al orgasmo. El verbo "masturbar" hace referencia a la práctica de la masturbación. Generalmente se entiende que se trata de una práctica sexual hacia uno mismo, aunque también se admite el uso del mismo verbo para la estimulación realizada sobre los genitales de otra persona con los mismos fines placenteros (como ocurre en la masturbación mutua).

La masturbación suele realizarse con las manos o mediante el frotamiento de los genitales contra algún objeto adecuado. Cada día es más común el uso de los llamados "juguetes sexuales" para obtener este tipo de excitación.

Se atribuye a Sigmund Freud el descubrimiento de que la masturbación es algo común en la infancia. Pero tiene en su contra haber creído y mantenido hasta una edad avanzada que la masturbación adulta era la causa de una de las formas de neurosis conocidas por aquel entonces bajo el nombre de neurastenia, equivalente en la actualidad a la llamada fibromialgia o fatiga crónica.

Sin embargo, debemos más al conocimiento de la sexualidad humana en la actualidad a un coetáneo suyo: Havelock Ellis. Este autor no sólo señaló que la masturbación era común en los hombres, sino que también se trataba de una práctica habitual en las mujeres de todas las edades.


(Palermonline Noticias del Barrio de Palermo 17 de febrero de 2009)

Los chats, el correo electrónico y las redes sociales son la principal actividad semanal frente a una computadora, indicó un estudio realizado entre mujeres y hombres El trabajo fue realizado por CyberSentinel, una fabricante de software británica que permite a los padres bloquear y monitorear el uso de internet en una computadora. Para los resultados se tomó en cuenta el comportamiento de 1.000 jóvenes, divididos en mitades iguales entre hombres y mujeres.

Según los resultados, los adolescentes están una hora y 40 minutos por semana visitando pornografía en la web. Las páginas dedicadas a la estética y la pérdida de peso le siguen en importancia, con una media semanal de una hora y 35 minutos.

Luego vienen las web de cosméticos y cirugías, a las que les dedican una hora y 8 minutos por semana. De acuerdo a los investigadores, los resultados muestran que los jóvenes buscan cumplir con ciertos estándares de belleza que les son impuestos, más precisamente, los relacionados con el aspecto físico. En igual sentido, agregan que los adolescentes ven más sencillo encontrar información relacionada con el sexo en la web que preguntando a sus padres.

Pese a todo lo anterior, el trabajo demostró que el chat, el e-mail y las redes sociales son las actividades más frecuentes frente a una computadora. Los adolescentes pasan unas nueve horas semanales utilizando esos canales para comunicarse con amigos y establecer nuevas amistades.

Eros en Grecia Decimos Grecia y salta desde un archivo imaginario una escena idílica y altamente improbable: un prado florido al borde de un bosque, junto a arroyos de agua transparente, bajo un cielo que lastima la vista de tan azul y luminoso; entre los arbustos, los faunos persiguen alegremente a unas ninfas bajo la atenta mirada de un centauro; más acá, un grupo de hombres de porte noble y atlético discuten amistosamente sobre la composición última del universo mientras unas jóvenes de belleza imposible danzan desnudas en ronda alrededor de un dios travieso y regordete, identificado por sus pequeñas alas y su arco y sus flechas: el impredecible Eros.

Lamentablemente, lo cierto es que hemos de descartar de inmediato toda esta escena. La Arcadia no era exactamente un Valle de Canaán, los faunos no servían a Eros sino a Dionisios (la naturaleza bestial y salvaje) y si seguían a las ninfas era seguramente para violarlas, los hombres no eran todos nobles ni atléticos y si tenían tiempo de charlar animadamente era porque había esclavos que hacían su trabajo, las discusiones más abstractas sobre el principio de la realidad tenían frecuentemente una inmediata dimensión política, las mujeres no eran libres de andar danzando por donde quisieran y, en particular, Eros no era el arquero angelical que pretendió la barroca plástica helenística.

¿Pero, entonces, quién era Eros?

La etimología del nombre no es clara. Homero no se refiere a él en ningún momento, ni en la Ilíada ni en la Odisea. Su primera aparición es en manos de Hesíodo, quien lo presenta surgiendo directamente del Caos primordial, junto con Gea y el tenebroso Tártaro. Hesíodo lo llama, además, "el más hermoso entre los dioses inmortales, que afloja los miembros y cautiva de todos los dioses y todos los hombres el corazón y la sensata voluntad en sus pechos". Cuando se desprenden Erebo y la negra Noche del Caos, es Eros quien los une amorosamente para que de tal unión nazcan el Eter y el Día. Gea, por su parte, quien, por haber surgido al mismo tiempo que Eros, no está, al menos en un principio, bajo su dominio, engendra sin unirse a nadie (Hesíodo dice: "sin mediar el grato comercio"), a las Montañas, al Ponto ("estéril piélago de agitadas olas" y al estrellado Urano. Pero pronto acaba la independencia de Gea y, sucumbiendo al influjo erótico, se acuesta con Urano, alumbrando luego a Cíclopes, Monstruos y Dioses. Eros aparece, pues, aquí, como un principio cosmogónico y teogónico. Es el impulso que une lo dual, produciendo a la vez lo múltiple. Es una de las fuerzas constitutivas de todo lo real.

Como tal era adorado en Tespia, en forma de una piedra sin tallar (¿acaso un aerolito?... no lo sabemos). Sólo posteriormente sufre la antropomorfización característica del arte griego. Esta fuerza fundamental de la naturaleza, entonces, asegura la multiplicación de lo finito y la continuidad de las especies, así como la misma cohesión interna del Cosmos. Es importante no perder de vista esta doble y complementaria función de Eros: es lo que une y lo que multiplica.

En este sentido de unificador de todo lo diverso y creador de lo ilimitado es identificado a veces con Zeus. Por cierto, una característica del genio griego es su proliferación de tradiciones y leyendas aparentemente contradictorias, que ha llevado a preguntarse a más de un helenista de qué modo y hasta qué punto creían los griegos en sus mitos (pregunta que implica cierta incomprensión radical del pensamiento mítico crecida desde una civilización que entendió el creer a partir de la literalidad de un texto).

Así, encontramos a Eros en diversas genealogías recogidas por los mitógrafos, que lo hacen hijo de Hermes y Afrodita, de Ares y Afrodita, o de Hermes y Artémis. En general, si los resúmenes mitológicos no lo aceptan como hijo de Afrodita, al menos entienden como evidente que habitualmente acompañaba a esta diosa, lo cual resultaba conveniente, pues lo es que el deseo (o el amor) acompañe al placer y a la belleza.

En su Poema, Parménides de Elea hace decir a la Diosa innominada que le revela las sendas de la Verdad y de la Opinión, que Eros es "primerísimo entre todos los dioses" (B.13). Y no es ajeno a su carácter "la divinidad que todo lo gobierna, pues por doquier ejerce dominio sobre el odioso parto y el apareamiento, impulsando a la hembra a unirse al macho y, a la inversa, al macho a la hembra" (B.12). Por cierto, el hecho de que la función cosmológica última del deseo sea remitida a la reproducción no excluía para los griegos la diversidad de las tendencias de los individuos entre sí, independientemente de su género.

Eros es caprichoso, arbitrario, temible. Ni los hombres ni los dioses están a salvo de su influjo. Por lo tanto, ninguna manifestación erótica podía ser en sí condenada. De hecho, si alguien se impusiera el papel de juez de Eros, se expondría a sus venganzas. El mismo Apolo sucumbió a la magia de Eros que infundió en él, para resarcirse de ciertas burlas del dios solar, una incontenible locura amorosa hacia una ninfa que jamás le habría de corresponder.

Y allí iba corriendo el divino auriga, por los bosques, fuera de sí, desesperado, bajo las carcajadas de Eros, detrás de la aterrorizada Dafne. También Empédocles de Agrigento subraya la importancia de Eros al colocarlo, junto con Eris (la Discordia) y con los cuatro elementos (agua, aire, fuego y tierra), como principios fundamentales de todo lo que hay. La separación (por Eris) y la unión (por Eros) de los cuatro elementos forman todo ente.

Pero, según Empédocles, la diferenciación, la multiplicidad, implica una caída que más tarde o más temprano deberá ser subsanada por Eros al reunirse finalmente todo lo diverso en lo Uno de lo que todo surgió y a lo que ha de regresar. Imaginen aquí los entusiastas aplausos de Plotino ante esta colosal prefiguración de lo que la cosmología actual entiende como historia del Universo, entre un "Big Bang" y un "Big Crunch".
Por el profesor Ricardo Alvarez


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