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Malba Cine Malba Literatura

Fuente:  palermonline
Sección: Palermo malba
Fecha: 04 de junio 2009

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PROGRAMACIÓN JUNIO O9

1. CURSO

Memorias del futuro. Por Martín Groisman

Viernes 12, 19, 26 de junio, y 3 de julio de 18:00 a 20:00. Biblioteca. Costo: $160. Jubilados y estudiantes con credencial: 10% de descuento.

Viajes por el espacio y el tiempo, descubrimiento de mundos imposibles, seres con extraños poderes, autómatas con vida propia, cuerpos con extensiones artificiales, máquinas fantásticas, sociedades casi perfectas.

¿De qué modo la visión delirante de los paisajes del futuro descriptos por la literatura de “ciencia ficción” anticipa fenómenos que en la actualidad pertenecen al campo de la realidad cotidiana?¿Cómo la arquitectura, el diseño, la medicina, la organización social, las formas culturales, adoptan los argumentos de la literatura?¿De qué manera las fantasías y alucinaciones expresadas en los relatos de ficción del pasado retornan en el presente como los paradigmas dominantes del discurso tecno-científico?

Programa

Clase 1. Pretérito Pluscuamperfecto: Sociedades del futuro / utopías realizadas / el diseño y la cultura global

Aldous Huxley: Un mundo feliz (1932) / George Orwell: 1984 (1949) / Ray Bradbury: Fahrenheit 451 (1953) / W. Gibson: Neuromante (1984)

Clase 2. Pasado imperfecto: Autómatas, robots y clones / la construcción de la inteligencia y el sueño de la vida artificial

E.T Hoffman: El hombre de arena (1817) / Mary Shelley: Frankenstein (1831) / Philip K. Dick: ¿Sueñan los androides con ovejas eléctricas? (1968)

Clase 3. Presente continuo: Fantasmas en la máquina / magia y animismo

HG Welles: La máquina del tiempo (1895) / Adolfo Bioy Casares: La invención de Morel (1940) / Rodolfo Walsh: “La máquina del bien y del mal” (1968)

Clase 4. Futuro anterior: Paradojas del espacio-tiempo / viajes fantásticos por mundos imposibles / la construcción de lo real

Jonathan Swift: Los viajes de Gulliver (1726) / Lewis Carroll: Las aventuras de Alicia en el país de las maravillas (1866) / Jorge Luis Borges: El aleph (1949) / Arthur C. Clarke: 2001, una odisea espacial. (1968)

Martín Groisman (Buenos Aires, 1960). Realizador, docente e investigador en medios audiovisuales y sistemas interactivos. Lic. en Psicología (UBA), profesor titular de Medios Expresivos 1 y 2 en Diseño Gráfico (FADU/UBA). Director del Posgrado en Diseño Digital (FADU/UBA), profesor titular de Arte Multimedial 1 en Artes Multimediales (IUNA). Ha publicado (en coautoría): Apuntes Pixelados (2007), Cultura digital, comunicación y sociedad (2004) y El medio es el diseño (2000).

2. CURSO DEL CENTRO DE ESTUDIOS ARIADNA

Estudios de mito y religión. Las máscaras de Dios: Mitología Oriental (la tradición de la India). Por Leandro Pinkler

Lunes 8, 22 y 29 de junio, y 6, 13 y 20 de julio de 10:30 a 12:00. Biblioteca. Costo: $240.

El curso se desarrollará sobre la lectura del libro de Joseph Campbell Las máscaras de Dios: Mitología Oriental para circunscribirse al tratamiento que hace de la tradición de la India. Se presentarán los núcleos fundamentales de la sabiduría de la India: Hinduismo y Budismo.

La concepción de “mitología” de J. Campbell tiene el sentido profundo de sabiduría primordial (sophia perennis) e incluye tanto aspectos de las fuentes tradicionales sapienciales, como las de historias sagradas que constituyen la identidad de una cultura.

Leandro Pinkler es licenciado en Letras por la UBA, docente auxiliar de la cátedra de Lengua y Cultura Griegas de la misma universidad. Miembro del grupo de investigación CONICET, profesor asociado de la Fundación Centro de Estudios Psicoanalíticos, director del Centro de Estudios Ariadna y codirector de la revista El hilo de Ariadna.

3. CURSO DEL CENTRO DE ESTUDIOS ARIADNA

Dante: la Divina Comedia. Por Pablo Williams

Lunes 8, 22 y 29 de junio, 6 y 13 de julio de 19:00 a 21:00. Biblioteca.

Costo: $200.

En el límite entre dos épocas, la Divina Comedia evoca un cosmos cerrado, finito, geocéntrico, jerárquico, rebosante de armonías simbólicas, y enmarcado y compenetrado por la trascendencia, donde el sujeto encuentra siempre un espejo, y que ampara en su escena a una historia ordenada por un relato definitivo. Pero la Comedia también es el poema de un mundo que se fragmenta violentamente en sus instituciones sociales, políticas y religiosas y en sus saberes teológicos y filosóficos.

Dante, fundador de la autoconciencia literaria europea, centrado en una literatura pensada ya como universal, desafía con su giro estético a nuestras seguridades nihilistas al proponernos la idea, inesperada tanto hoy como en su tiempo, de una belleza que salva.

A partir de este marco, el curso abordará la figura de Dante y la Divina Comedia a través de temas como la experimentación y creación lingüística, la estructura poética y literaria, el ordenamiento moral y la cosmografía, el pensamiento filosófico-teológico y el pensamiento poético, el personaje del peregrino y el personaje-poeta, entre otros.

Pablo Williams Crítico literario y traductor. Ha publicado en revistas especializadas trabajos sobre literatura latina, italiana y francesa (Virgilio, Dante, Petrarca, Pascoli, D’Annunzio, Chateaubriand, Baudelaire) y sobre la proyección de Dante en Latinoamérica. Ha traducido poesía y ensayo del italiano y del francés (Divina Comedia y Rimas de Dante Alighieri y obras de Pascoli, Sinisgalli, Zanzotto, Agamben, Claudel, Valery). Ha dictado conferencias y cursos sobre Dante en la Universidad de La Plata, en la Universidad de Salta, en la Academia Nacional de Ciencias, en el Centro Psicoanalítico Argentino.




4. ADELANTO JULIO

Ciclo de lecturas - LA VOZ PROPIA

Miércoles 15 de julio a las 19:00. Auditorio. Entrada libre y gratuita.

Inauguran el ciclo de lecturas: Juan Sasturain, Carlos Gamerro y Lucía Puenzo.

Segundo año del ciclo de lecturas La voz propia. De julio a octubre, malba.literatura propone tomar contacto con doce narradores argentinos de distintas generaciones, emergentes y consagrados. Los autores leerán textos propios y luego conversarán sobre sus obras con Elsa Drucaroff.

Juan Sasturain (González Chaves, 1945). Escritor, guionista y periodista. Es autor de las novelas Manual de perdedores I (1985) y II (1987), Parecido S.A. (1991), Los sentidos del agua (1992), La lucha continúa (2002), los volúmenes de relatos Zenitram (1996), La mujer ducha (2001) y Picado grueso (2006), y los ensayos La patria transpirada (2006) y Buscados vivos (2004), entre muchos otros. Es guionista de la historieta Perramus, dibujada por Alberto Breccia, que obtuvo el Premio Amnesty Internacional 1988. En 1990 recibió el Premio Internacional Semana Negra de Gijón por su relato "Con tinta sangre". Colaboró en diversos diarios y revistas, creó las revistas Feriado Nacional y Fierro. Dirige la colección de literatura policial Negro Absoluto y conduce, por Telefé, el programa de/con/sobre libros Ver para leer, ganador del Martín Fierro y del premio Fund TV.

Carlos Gamerro (Buenos Aires, 1962). Es escritor, traductor, licenciado en Letras por la UBA. Sus publicaciones incluyen las traducciones de obras de W. H. Auden, Harold Bloom y William Shakespeare. Es autor de las novelas Las islas (1998), El sueño del señor juez (2000), El secreto y las voces (2002) y La aventura de los bustos de Eva (2004), el libro de cuentos El libro de los afectos raros (2005) y el ensayo Ulises, claves de lectura (2008), entre otros. En 2007 fue Visiting Fellow en la Universidad de Cambridge y en 2008 fue invitado al International Writing Program de la Universidad de Iowa.

Lucía Puenzo (Buenos Aires, 1976). Publicó las novelas El niño pez (2004) y Nueve minutos (2005), La maldición de Jacinta Pichimahuida (2007). Escribió y dirigió telefilmes, documentales y miniseries. En el 2007 estrenó su primer largometraje como directora, XXY, sobre el despertar sexual de una adolescente hermafrodita, a la que le siguió El niño pez (2008).

Elsa Drucaroff (Buenos Aires, 1957). Escritora, crítica literaria, periodista y docente de la Facultad de Filosofía y Letras de la UBA. Publicó las novelas: La patria de las mujeres (1999), Conspiración contra Gûemes(2002) y El infierno prometido (2006) y cuentos en diversas revistas y antologías. Publicó los ensayos Mijaíl Bajtín, la guerra de las culturas (1995) y Roberto Arlt, profeta del miedo (1998) y próximamente la novela La última investigación de Rodolfo Walsh. Fue columnista de libros en radio y publicó innumerables artículos en revistas especializadas y medios argentinos y extranjeros. Actualmente está terminando un ensayo sobre la narrativa argentina actual, posterior a la dictadura. Dirigió "La narración gana la partida", volumen 11 de la Historia Crítica de la Literatura Argentina (2000) que se está publicando bajo la dirección de Noé Jitrik.

(Palermonline Noticias del Barrio de Palermo 04 de Junio de 2009)





PROGRAMACIÓN JUNIO 09

1. Ciclo

Los amigos del Mal

Programadores invitados: Agustín Masaedo y Pablo Marín

Durante todo el mes

2. Estreno nacional

Parador Retiro

(Argentina, 2008), de Jorge Leandro Colás

Viernes a las 20:00 y sábados a las 18:30

3. Film del mes XLII

Iraqi Short Films

(Argentina, 2008) de Mauro Andrizzi

Viernes y sábados a las 22:00

4. Continúa - Estreno internacional

Del tiempo y la ciudad

(Of Time and the City, Reino Unido, 2008), de Terence Davies

Sábados a las 20:00 y domingo a las 17:30

5. Continúa | Film del mes XXXVIII

Historias extraordinarias

(Argentina, 2008), de Mariano Llinás

Domingos a las 19:00.

El film tiene una duración de cuatro horas y se proyecta con dos intervalos de 10 minutos.

6. Grilla de programación





Gracias por su difusión. Contacto de prensa: Guadalupe Requena T +54 (11) 4808 6507 | grequena@malba.org.ar | prensa@malba.org.ar |

*Solicitar imágenes en alta definición.

Malba - Fundación Costantini | Avda. Figueroa Alcorta 3415 | C1425CLA | Buenos Aires, Argentina | T +54 (11) 4808 6500 | F +54(11) 4808 6598/99 | info@malba.org.ar | www.malba.org.ar


1. Ciclo

Los amigos del Mal

Programadores invitados: Agustín Masaedo y Pablo Marín

Durante todo el mes.

¿Por qué el Mal? Una primera respuesta es fácil y demasiado tentadora como para rechazarla: ¿por qué no? La segunda, necesaria, se basa en la importancia de hallar algunas claves –cinematográficas, en este caso– para la comprensión más justa y la apreciación más sincera no tanto de lo “malo” sino de lo malo. Categoría objetiva, más que juicio de valor, lo malo atraviesa la historia del cine por caminos de tierra, muchas veces abandonados o sin salida. Desde nociones más o menos tradicionales como “arte termita” o “películas de medianoche”, los títulos de esta selección responden, en mayor o menor medida, a nichos de lo malo como el objeto de culto (The Rocky Horror Picture Show), lo fracasado (Golpe al corazón), lo fallido (Rock hasta que salga el sol), lo desbordado (From Beyond, Critters 2), lo generacional (Los bicivoladores, Muchacho lobo), lo trucho (Frankenstein conquista el mundo, Infierno en el cosmos) o lo impuro (Greaser’s Palace). Todas coordenadas estéticas que no tienen –¡líbrennos!– nada que ver con el gusto por eso que suele llamarse equívocamente “bizarro”: en cada una de estas clasificaciones existe un amor sincero por el cine; existe la necesidad, existe la convicción de que el cine debe hacerse, agitarse y moverse como se pueda, en un sentido casi vitalista.

A su vez, el hilo visible que une a muchas de estas películas es la experimentación con –y el cruce de– los géneros que, a veces con absoluta seriedad y otras con espíritu lúdico, se dio en (los márgenes de) Hollywood desde fines de los años ’60. “De-generaciones 70/80” habría sido otro título posible para el ciclo. Pero esos movimientos, temblores y mutaciones no sucedieron en el vacío, y ahí están también Marihuana o Reefer Madness, resignificadas por los primeros cultistas, o el eje del mal Castle-Corman dejando intuir líneas genialógicas rastreables hasta en maravillas contemporáneas de toda contemporaneidad (Carretera perdida).

Por último, hay un pequeño grupo que se resiste a cualquier justificación ajena al placer que puede proporcionar(nos / les) su visión en pantalla grande: Criaturas celestiales, Aprile, Los amantes del Círculo Polar. Rabiosa, amorosamente autorales, representan algo así como la válvula de escape ante tanto terror(ismo) audiovisual.

Pero tres cuartos del nombre de este ciclo es “amigos de” y aquí, a riesgo de convertir esto en un discurso de aceptación del Oscar, debemos dejar constancia de nuestro agradecimiento eterno al gran Alberto Fuguet, co-responsable de un mini-homenaje al Cineclub de Cali (que es ante todo una forma de recordar a Andrés Caicedo, ese mejor amigo que el tiempo nos impidió tener); a los críticos Juan Manuel Domínguez y Juan Pablo Martínez y a los músicos/cinéfilos/poetas Javier Sisti Ripoll, Antolín y Mora Sánchez Viamonte, que nos dieron diez manos enormes y entusiastas con las reseñas de las películas, y a los demás artistas de Laptra, musicalizadores de excepción para películas excepcionales. Y, por supuesto, a Fernando Martín Peña, sin cuya amistad y generosidad (y sin su cierto grado de locura para aceptar graciosamente cada uno de nuestros dislates) nada de todo esto tendría la menor importancia.

Agustín Masaedo / Pablo Marín

Películas

Marihuana (EUA, 1936) de Dwain Esper, c/Harley Wood, Hugh McArthur, Pat Carlyle, Paul Ellis, Dorothy Dehn, Richard Erskine. 58’.

Perpetrador de algunas exploitations pioneras como Maníaco sexual o Cómo desvestirte frente a tu marido, Dwain Esper (1894-1982) merece al menos una reivindicación tardía por haber mantenido viva la llama de Freaks de Tod Browning, aunque lo haya logrado gracias a sus cuasi-delictivos modos de distribuir y publicitar películas (se dice que atendía el teléfono con un “¡Voy a demandar!”). Marihuana, reinventada como clásico camp en los sesenta, es la obra cumbre (la sima, no la cima) de Esper y su esposa y guionista Hildegarde Stadie. En nombre de la moral y de un afán educativo inverosímil, el dúo juega a catalogar los nefastos efectos del cannabis sobre una chica bien: orgías, homicidios, embarazos no deseados y, sobre todo, el irreprimible deseo de meterse al mar completamente desnuda.

Reefer Madness (EUA, 1936) de Louis Gasnier, c/Dave O'Brien, Dorothy Short, Warren McCollum, Lillian Miles, Carleton Young, Thelma White. 67’.

Financiada por un grupo religioso bajo el título Tell Your Children, el destino de culto de Reefer Madness empezó a gestarse en la turbia mente de Dwain Esper. El director de Marihuana la re-montó, agregó unos cuantos inserts deshonestos, le puso un título con gancho y voilá: “Una obra de moral mojigata, filmada sin el menor lujo, que hace equilibrio entre escenas de bailoteo enloquecido, deliciosamente gratuitas, y apartes didácticos de figuras de autoridad” (J. Hoberman). Una pareja de castos hermanos se topa con otra de traficantes, y aun con otra de porristas perdidos, y el mero contacto entre ellos desata una avalancha de locura, violación, crimen y suicidio. Comedia involuntaria servida en bandeja, en una de las primeras “películas de medianoche” que levantaban humareda y carcajadas en los ‘70.

Dos extraños se casan (When Strangers Marry, EUA-1944) de William Castle, c/ Kim Hunter, Robert Mitchum, Dean Jagger, Neil Hamilton, Lon Lubin, Milt Kibbee. 66’.

“No es tan lograda como Pacto de sangre ni tan brillante como Laura, pero está mejor actuada y mejor dirigida... que ninguna.” Quien se entusiasmaba así con la quinta película de Castle no era otro que Orson Welles. Este compacto thriller psicológico clase B cuenta la historia de una recién casada que llega a Nueva York a buscar a su marido, viajante de comercio y posible asesino. En una atmósfera urbana típicamente noir, se desarrolla una caza del hombre de suspenso sostenido –y de la que participa un joven Robert Mitchum, reeditando el clásico castleano del macho contra el intelectual– que prueba que el arte de Castle trascendía por mucho los gimmicks y efectismos varios con los que alcanzó la fama.

Rock hasta que se ponga el sol (Rock All Night, EUA-1957) de Roger Corman, c/Dick Miller, Abby Dalton, Robin Morse, Richard Cutting. 62’.

La fiebre de sábado por la noche atacaba a la juventud mucho antes de Travolta y su glamour de brillantina inofensiva. Roger Corman, que siempre fue un cineasta de la vanguardia más austera y realista, sea cual fuere el mundo disparatadamente extraordinario que sus producciones intentasen describir, la empujó con otros pocos rebeldes hacia las pantallas a fines de los ‘50. Los cinco días que tardó en filmar esta historia de música y violencia (el afiche incluía la prometedora consigna “Algunos tienen que bailar, algunos tienen que matar”) es a su vez prueba suficiente de una estética de trinchera que desarrolló por más de cuatro décadas detrás de cámara. En su chatura grisácea y acartonada, completamente imperfecta, Rock All Night es la prueba de un talento terrible que todavía espera su verdadero lugar en la historia del cine.

El vuelo de la flecha (Run of the Arrow, EUA-1957) de Sam Fuller, c/ Rod Steiger, Sarita Montiel, Brian Keith, Jay C. Flippen, Charles Bronson, Ralph Meeker. 86’.

Posiblemente la mejor prueba del talento versátil de Fuller (que, con la excepción notable del crítico Manny Farber, ni siquiera sus defensores reconocieron en su momento, colocándolo en el mejor de los casos en la categoría de “buen salvaje”), El vuelo de la flecha es un western crepuscular, épico sin esfuerzo, romántico cuando quiere, furioso por supuesto. Uno que comienza en el punto decisivo de la mitología americana, con la rendición del General Lee tras la batalla de Appomatox. El soldado sureño O’Meara se niega a aceptar la deshonra de la derrota y viaja al Oeste, donde rehace su vida entre los sioux. Pero el ejército construye un fuerte en las tierras de la tribu y O’Meara debe decidir de qué lado estará cuando se desate la inevitable violencia.

Homicida (Homicidal, EUA-1961) de William Castle, c/Jean Arliss, Patricia Breslin, Glenn Corbett, Eugenie Leontovitch, Alan Bunce, Richard Rust, Snub Pollard. 87'.

“¡UNAS PALABRAS DE ADVERTENCIA! Por favor no reveles el final de esta película o tus amigos te matarán; ¡SI ELLOS NO LO HACEN, LO HARÉ YO!”. (frase clásica de William Castle para acompañar la difusión de otra de sus pequeñas películas gigantescas). Si la trama de Homicida (y de Camisa de fuerza y de muchas de sus otras películas) se alimenta de las so(m)bras de Psicosis y Hitchcock en general, el talento de Castle estuvo en intensificar los alrededores de la película en sí. En transformar la sala de cine, la proyección y la imaginación sin barreras de su público de matinée en un gesto estético inigualado hasta el día de hoy.

La ley del hampa (Underworld U.S.A., EUA-1961) de Sam Fuller, c/Cliff Robertson, Dolores Dorn, Beatrice Key, Robert Emhardt, Larry Gates. 99’.

El título de este relato de ascenso y caída gangsteril se lo debe Fuller a la película homónima (en castellano; en inglés se llama Underworld a secas) de Josef Von Sternberg de 1927, la primera del género que vio en su vida; muchos de sus elementos, a las convenciones del cine de gángsters, de Scarface a Alma negra, o a materiales tan disímiles entre sí como El conde de Montecristo, la tragedia griega y Batman. Lo demás, se lo debe (im)pura y exclusivamente a su capacidad para pintar del negro más feroz ese submundo del hampa que escala Tolly Devlin en la lenta venganza contra los asesinos de su padre; para contar su cuento amoral con la frontalidad de un traficante de drogas escolar que dice “la punta de una aguja no tiene conciencia” y la violencia de un tiro metido entre ceja y ceja.

Los pistoleros del atardecer (Ride the High Country, EUA-1962) de Sam Peckinpah, c/Randolph Scott, Joel McCrea, Mariette Hartley, Ron Starr, Edgar Buchanan. 94’.

La segunda película de Sam “si se mueven, maténlos” Peckinpah es un western de manual ejecutado por el alumno más temperamental –bordeando lo inestable– de la generación norteamericana surgida de la televisión durante los ‘50 y ’60. Joel McCrea, como el ex sheriff Judd, es contratado para llevar un cargamento de oro desde A hasta C, pasando por B, un territorio peligroso hasta para el demonio. Es por eso que convoca a Randolph Scott y su compañero joven para que lo ayuden, sin saber que ellos quieren el oro más que cualquier otra cosa. En el medio, infaltable, se les sumará una mujer desesperada que trata de escapar de su pasado.

Delirio de pasiones (Shock Corridor, EUA-1963) de Sam Fuller, c/Peter Breck, Constance Towers, Gene Evans, James Best. 101'.

Para investigar un crimen ocurrido en un manicomio, el periodista Johnny Barrett se hace pasar por loco. Pero el plan que idealmente lo conducirá al Pulitzer, lo lleva en cambio peligrosamente cerca de la locura real. Como se ha observado, este film negrísimo dice poco sobre la demencia y todo sobre el lado oscuro de América. La paranoia atómica, el racismo (encarnado en un negro que cree pertenecer al Ku-Klux-Klan), las guerras (de la de Secesión a la Fría, parando en todas), el comunismo, son sólo algunas de las cuestiones contra las que Fuller arremete desbocado, como si el corredor del título fuera una pista de bowling y su cámara una bola, pero de demolición.

Aleluya las colinas (Hallelujah the Hills, EUA-1963) de Adolfas Mekas, c/Peter Beard, Martin Greenbaum, Sheila Finn, Peggy Steffans, Ed Emshwiller. 88’.

“Concebido como una comedia romántica, [Aleluya las colinas] es una parodia sin inhibiciones. Desde D.W. Griffith a Antonioni, pocos se salvan del gag, ni siquiera el distante Kurosawa”, observaba muy acertadamente el texto publicado por el Instituto Di Tella con motivo de la primera proyección nacional de este film algo maldito, a mediados de los ’60. Ya que si hay algo que sobresale todavía hoy de la película de Adolfas Mekas, a más de cuatro décadas de su realización, es su entusiasmo por burlarse de toda la historia del cine, por desafectarla y liberarla de su condición artística más solemne. Se verá en copia nueva, realizada a partir del negativo original conservada por el Museo de Arte Moderno de Nueva York y recientemente adquirida por la Filmoteca Buenos Aires.

Frankenstein conquista el mundo (Furankenshutain tai chitei kaijû Baragon, Japón-1965) de Ishirô Honda, c/Nick Adams, Tadao Takashima, Kumi Mizuno, Yoshio Tsuchiya, Koji Furuhata. 90’.

Uno de los tres kaiju eiga (película de monstruos) que protagonizó el americano Nick Adams –amigote de James Dean y Elvis que los siguió hasta el otro lado, propulsado a base de pastillas– para la productora japonesa Toho, cuenta la lucha de colosos entre un Frankenstein oportunamente agigantado y un monstruo subterráneo llamado Baragon. De hecho, su título literal es “Frankenstein contra el monstruo subterráneo Baragon”. ¿Y cómo llegó la invención de Mary Shelley hasta aquí? Elemental: unos científicos nazis entregan el corazón del monstruo a los nipones, con tanta puntería que el músculo vital está en Hiroshima cuando cae la atómica, y... pasan cosas hasta el duelo de titanes, razón última y casi única de un film como éste, que resulta prodigiosamente emocionante. Ah, y también está la banda de sonido, que... bueno, mejor escucharla.

Marihuana (Maryjane, EUA-1968) de Maury Dexter, c/Fabian, Diane McBain, Kevin Coughlin, Michael Margotta. 95’.

El mismo año en que Sonny Bono se despachaba desde el corto educativo Marijuana con un increíble alegato antiporro (increíble porque sus ojos al rojo vivo dicen justo lo contrario de su discurso), otro cantante, la estrella juvenil Fabian, aparecía como el profesor cool pero no-tan-hippie que media entre el director del colegio y los rebeldes con causa (la verde hierba, cuál otra) en esta ficción. Pero más allá de lo inofensivos que lucen hoy sus pandilleros supuestamente temibles, esta producción de la American International Pictures –famosa por sus films clase B para adolescentes y por producir el “ciclo Poe” de Corman– sorprende con un guión efectivo, diálogos sensatos y decisiones cinematográficas inteligentes, y vuela bien lejos del sensacionalismo tan usual en la drugxploitation.

La balada del desierto (The Ballad of Cable Hogue, EUA-1969), de Sam Peckinpah, c/Jason Robards, Stella Stevens, David Warner, Slim Pickens. 121’

Entre 1969 y 1970, Peckinpah dirigió y estrenó La pandilla salvaje y La balada del desierto, los dos pilares centrales y complementarios de su universo cinematográfico. Por un lado, la violencia despiadada de un mundo frente a todo lo considerado viejo y por otro la resistencia (existencialista en su fatalismo) de esa raza al borde de la extinción frente al avance de un nuevo régimen social, implacable. Cargada de una atmósfera solitaria digna de Melville o del último Ford, La balada del desierto es la historia de un forajido vuelto a nacer, una venganza y una posibilidad de triunfar en la vida. Es también, como todo film de Peckinpah, la historia de un fracaso.

El sol rojo (Soleil rouge / Sole rosso, España / Francia / Italia-1971) de Terence Young, c/Charles Bronson, Toshiro Mifune, Alain Delon, Ursula Andress, Capucine. 112’.
Si alguien todavía piensa que todos los western son iguales, que vea El sol rojo, entonces, y se convenza de la mentira más grande y tonta de la historia de la habladuría cinematográfica. La razón para que un ladrón como Charles Bronson cabalgue junto a un samurai como Toshiro Mifune en una búsqueda frenética para evitar morir y suicidarse, respectivamente, es bien lógica: el primero atracó con su pandilla un tren en el que iba el segundo, custodiando una espada sagrada, regalo del embajador japonés al presidente norteamericano. En el medio de todo, la pandilla traicionó a Bronson y los dos decidieron salir a recuperarla antes de que sea muy tarde para ambos. Y si creen que la dupla Bronson-Mifune no es lo suficientemente disparatada, sepan que el villano no es otro que Alain Delon.

Greaser's Palace (EUA, 1972) de Robert Downey, c/Allan Arbus, Luana Anders, Albert Henderson, George Morgan. 91’.
Luego de romper todo lo rompible en la de por sí destructora comunidad cinematográfica neoyorquina de los ’60 con sus películas genialmente pobres y turbias, Robert Downey Sr. consiguió un millón de dólares para filmar su historia de Jesús de Nazareth. El crítico del New York Times Vincent Canby escribió al estrenarse esta película que su director –efectivamente, el padre del actor de Iron Man–, “aunque estuviese la mayoría de las veces atrapado financieramente, permanecía dispuesto de esa manera lunática que caracteriza a la aristocracia de tontos y de cineastas”. Y aunque Greaser’s Palace haya sido su película más cara es, también, la más extrema en su búsqueda de una nueva idea del cine. Una capaz de tirar todo lo anterior por la borda.

The Mutations (Inglaterra, 1974) de Jack Cardiff, c/Donald Pleasence, Tom Baker, Brad Harris, Julie Ege, Michael Dunn. 92’.

Para el momento en que el británico Jack Cardiff dirigió su última película, de las más de diez que realizó desde comienzos de los ’50, ya era uno de los directores de fotografía más prestigiosos y celebrados de la industria (Narciso negro, Las zapatillas rojas, Bajo el signo de Capricornio). Lo curioso y visionario de The Mutations es que no tiene ni un fotograma prestigioso o celebrado y que es, más bien, la obra de alguien que está en contra de todo eso. Un profesor de día/científico loco de noche trata de cruzar a la raza humana con la vegetal. Sin razón ni motivos claros, todo en la película se mueve por la necesidad caprichosa de no quedarse quieto: la gente joven corre, el científico acciona sus palancas, los cuerpos mutan.

Traigan la cabeza de Alfredo García (Bring Me the Head of Alfredo García, EUA-1974) de Sam Peckinpah, c/Warren Oates, Isela Vega, Emilio Fernández, Gig Young. 100’.

De todas las películas radicales protagonizadas por ese abanderado del arte termita que fue Warren Oates (La pandilla salvaje, Two-Lane Blacktop, Dillinger) esta sin duda es la más sangrienta, la más negra y sudorosa. Todo empieza con un hacendado mexicano que pide la cabeza de un hombre, un par de cazadores de recompensas que salen a rastrearlo y un don nadie (Oates, siempre) que sabe dónde encontrarlo. Y todo termina con la misma gracia fúnebre de lo imposible: entre acero, pólvora y una sensación de desencanto irreconciliable. En el medio de todo eso es donde la poética cinematográfica de Peckinpah alcanza la pureza más contaminante.

The Rocky Horror Picture Show (Inglaterra, 1975) de Jim Sharman, c/ Tim Curry, Susan Sarandon, Barry Bostwick, Richard O'Brien, Jonathan Adams. 100’

Una comedia musical desfachatada, de tema sci-fi y estilo andrógino –como la Inglaterra bajo la influencia bowieana que la parió–, que “empezó como un homenaje afectuoso a las películas de trasnoche, y terminó siendo una película de trasnoche adoptada afectuosamente”, en palabras de su director. Tan afectuosamente que conserva el récord de haberse proyectado todas las semanas durante 30 años consecutivos, generando en el camino un fenómeno sin igual de participación del público. En el fundamental libro Midnight Movies (coescrito con J. Hoberman), Jonathan Rosenbaum lo explica, para variar, perfectamente: "TRHPS abordó algo intrínseco a la historia del cine durante al menos medio siglo: el misterioso fenómeno del culto al cine en sí mismo.”

Contacto diabólico (Communion / Alice, Sweet Alice, EUA-1976) de Alfred Sole, c/Linda Miller, Mildred Clinton, Paula E. Sheppard, Niles McMaster, Jane Lowry, Rudolph Willrich, Brooke Shields. 98’.

Tan sólo cuatro películas en diez años dirigió el arquitecto Alfred Sole antes de decidir pasarse a tiempo completo al diseño de producción, entre amargas quejas por el estado de la industria hollywoodense y lamentos por no haber permanecido en su pueblo natal filmando con sus amigos, como Waters o George Romero. De ese puñado de films, sobresale este thriller de terror religioso que le debe menos a El exorcista que a la admiración de Sole por el cine de Hitchcock. Ángulos de cámara expresionistas y una atmósfera sórdida, atormentada y tormentosa enmarcan un relato de precisión inusual y furibundo anticatolicismo (y ubicado, significativamente, durante la presidencia de JFK), acerca de una niña con severos problemas de conducta... y un cuchillo demasiado a mano.

Harlan County U.S.A. (EUA, 1976) de Barbara Kopple, largometraje documental. 103’.

La épica cinematográfica trasladada al terreno documental –de la mano de una de las cámaras más sueltas y lacerantes surgidas de la explosión del cine directo norteamericano (Leacock, Drew, Pennebaker, Maysles, etc.)–, Harlan County U.S.A. marca un antes y un después en la historia del activismo audiovisual. Filmada en condiciones completamente independientes, casi guerrilleras, la película de Kopple sigue desde adentro los trece meses de la huelga sindical de los mineros de Kentucky sin temerle a nada, decidida a llegar hasta las últimas consecuencias, incluso cuando eso signifique perder el control creativo. Ya lo dijo Herzog: el cine no es estético, es atlético.

Squirm (EUA, 1976) de Jeff Lieberman, c/Don Scardino, Patricia Pearcy, R. A. Dow, Jean Sullivan, Peter MacLean. 92’.

De todos los bicharracos, reales o inventados, que habitan las películas de terror, los que conducen el ataque al género humano en Squirm deben ser los más inusuales: las lombrices. Sí, vulgares anélidos de jardín, pero que –nos enteramos por este film, algo así como una versión de Los pájaros para autocines–, al exponerse a una descarga eléctrica salen a la superficie terrestre convertidos en bestias carnívoras insaciables. Absurda premisa muy bien explotada por el director / guionista Lieberman, quien trabaja su ópera prima con un sentido del humor lo bastante torcido como para esquivar el camp. Las lombrices –ver para creer– provocan auténtico terror, reforzado desde la banda sonora (en la que no falta la siniestra cancioncita infantil en una noche de tormenta) por el chillido de ultratumba que acompaña su paso viscoso pero devastador.

La última locura de Mel Brooks (Silent Movie, EUA-1976) de Mel Brooks, c/Mel Brooks, Marty Feldman, Dom DeLuise, Sid Caesar, Harold Gould, Ron Carey, Bernardette Peters. 87’.

Es posible que el nombre de Mel Brooks hoy se asocie apenas al par de comedias fallidas sobre Robin Hood y Drácula de los ’90; en el mejor de los casos, al que generalmente se considera su mejor film, El joven Frankenstein. Pero allá en los ’70, el buen Mel ayudaba a definir posibilidades y límites de una nueva forma de parodia cinematográfica. Esta meta-película que sigue a Mel Funn (primer protagónico del director en un trabajo propio) y sus secuaces (el gran Marty Feldman y el recientemente fallecido Dom DeLuise) intentando hacer el primer film mudo en 40 años, y tratando de sumar en el camino a figuras como Burt Reynolds, Paul Newman o Liza Minnelli, es una buena muestra de su inventiva visual –y, paradójicamente, sonora– puesta al servicio de una batería imparable de gags.

Piraña (Piranha, EUA-1978) de Joe Dante, c/Bradford Dillman, Heather Menzies, Kevin McCarthy, Dick Miller, Keenan Wynn, Barbara Steele, Belinda Balaski, Paul Bartel, Bruce Gordon. 92’.

Muchos años antes de su divina comedia (todos de pie: Gremlins 2), Piraña se subía, con una ayudita financiera del tío Corman, a la explotación pesquera del Tiburón de Spielberg. Pero Dante saqueaba esos planos con la camarita metida en el agua y el terror creado desde el montaje (bichos de caucho abajo, gente con cara de que le comen algo arriba) por todo lo alto, duplicando la apuesta original: todo aquí está empapado de autoconciencia, desde ese videojuego con el fichín del tiburón al comienzo, hasta las pirañas de goma que constituyen una amenaza manipulada genéticamente por el Gobierno. El pequeño Dante aún no ilustrado: pelear contra la ley y que la ley gane; afilar los dientes / termitas para masticar una cinefilia que mira al sci-fi de los 50, y jugar a ser Spielberg disfrazado de Corman.

Infierno en el cosmos (Starcrash, Italia / EUA-1978) de Luigi Cozzi, c/Marjoe Gortner, Caroline Munro, Christopher Plummer, David Hasselhoff, Joe Spinell. 94'.

¡La Star Wars italiana! Sí, éste es uno de los tantos rip-offs que se hicieron de la saga de Lucas, un año después del estreno de La guerra de las galaxias. Y es a la vez el mejor y el más divertido. El Han Solo de esta película posee una porra importante, la princesa Leia, llamada aquí Stella Starr (nombre que compite cabeza a cabeza con "Martillo Hammer" en la categoría "nombre más redundante de la historia"), viste atuendos sospechosamente similares a los que Carrie Fisher usaría cinco años después en El regreso del Jedi y Luke Skywalker... ¡es David Hasselhoff! Pero detrás de todo el disparate (y de unas líneas de diálogo desopilantes) tenemos a un director (Luigi Cozzi, quien supo trabajar con Dario Argento) que conoce y ama al género, y que logra algunas imágenes realmente bellas.

Deathsport (EUA, 1978), de Allan Arkush y Henry Suso, c/David Carradine, Claudia Jennings, Richard Lynch, William Smithers, Will Walter. 82’.

Una producción de Roger Corman, un nuevo disparate embriagador de pretensiones artísticamente comerciales (y viceversa): en el futuro, siglos después de la guerra que acabó con la civilización esta que tenemos ahora y que dejó un paisaje sospechosamente similar al de La guerra de las galaxias (filmada un año antes), un dictador que maneja la Ciudad Helix captura a dos guerreros para que practiquen en su estadio el deporte mortal, sospechosamente similar al de Rollerball, que da título al film. Ver a David Carradine en una moto mortífera, diseñada por un científico insano y ensamblada por un chapista sin licencia, es todo lo que motivó a Corman a dar luz verde a una película abyecta por donde se la mire. Y es hoy un motivo importantísimo para verla.

Alien, el octavo pasajero (Alien, EUA-1979) de Ridley Scott, c/Tom Skerritt, Sigourney Weaver, John Hurt, Yaphett Kotto, Harry Dean Stanton. 117’.

No es difícil simpatizar con los polizones; tipos duros que se cuelan en un tren o un barco rumbo a lo desconocido, acompañados de la idea romántica del vagabundo sin ley y sin futuro, repletos de buenas historias y sabios consejos, amigos de los niños y enemigos de las escuelas o la policía. “Los enemigos de la sociedad son amigos nuestros”, decimos. Salvo que el polizón no sólo sea enemigo de la sociedad, sino de nuestra civilización, nuestro planeta, nuestra raza. Alien, el octavo pasajero, es un parásito galáctico que aprovecha un casual encuentro con la nave terrestre Nostromo para infiltrarse en busca de un nuevo mundo donde reproducirse, no sin antes intentar aniquilar a sus tripulantes uno por uno. Y es el polizón al que más miedo nos da cruzarnos.

Furia (The Fury, EUA-1980) de Brian de Palma, c/Kirk Douglas, John Cassavetes, Carrie Snodgress, Amy Irving, Charles Durning. 118’.

Prácticamente realizada a la par de Scanners, de David Cronenberg, con la que comparte mucho más que el solo hecho de filmar gente que explota por el aire, Furia es una de las películas más intensas y personales del período dorado de Brian de Palma. Película-persecución atravesada por la magia cinemática del mejor alumno tramposo de Hitchcock, sigue a Kirk Douglas, que interpreta a un ex agente de la CIA, en búsqueda de su hijo mentalista secuestrado por su antiguo compañero (Cassavetes) con fines militares. La travesía avanza, la gente muere y el ambiente se enrarece fotograma a fotograma, hasta culminar en el sinsentido más perfecto, orquestado por un cineasta que nunca le temió a nada.

Los hermanos Caradura (The Blues Brothers, EUA-1980) de John Landis, c/John Belushi, Dan Aykroyd, James Brown, Cab Calloway, Ray Charles. 133’.

En el Chicago hiperbólico de los hermanos Jake y Elwood Blues (nacidos de la primera fiebre de Saturday Night Live y encarnados en el expansivo Belushi y el keatoniano Aykroyd), reunir a "la banda" para pagar las deudas de su viejo orfanato es una misión divina; las chicas despechadas la emprenden a bazucazos; una persecución involucra –entre patrulleros, soldados, comandos, tanques, helicópteros y nazis de Illinois– a más efectivos que un superclásico. Y mientras los blancos móviles de Jake & Elwood describen una parábola / canción de redención que va de la cárcel al Rock de la cárcel, el reverendo James Brown, Cab Calloway, Aretha Franklin, enormes y negros y bluseros, bailan y hacen bailar como posesos a feligreses, parroquianos, presidiarios y todos los que osemos cruzarnos en su camino.

¿Y… dónde está el piloto? (Airplane!, EUA-1980) de Jim Abrahams, David Zucker y Jerry Zucker, c/Robert Hays, Julie Hagerty, Robert Stack, Leslie Nielsen, Peter Graves, Lloyd Bridges, Kareem Abdul Jabbar. 86’.

El absurdo disparado como bala de cañón al corazón de la cinefilia y las construcciones audiovisuales de turno, nunca volvió a ser lo mismo desde ese Hiroshima llamado Top Secret!, la Capilla Sixtina con la que el triunvirato ZAZ y sus vacas con botas subieron a los cielos de la comedia. Antes de llegar a esa clase (ejecutiva), el trío ya había tanteado las alturas en ¿Y… dónde está el piloto?, puntapié inicial de esos ‘80 donde los ZAZ reinarían, apuntado a la entrepierna del cine catástrofe. San Leslie Nielsen, con la pistola aún sin desnudar, es el Mesías de este –por esos años– imposible hecho película, en el que la mojada de oreja a Tiburón, a John Travolta, a John Wayne, a Isaac Newton, al género (humano), ¡a la cultura popular, qué tanto! se transforma en una de las más bellas artes.

Scanners - Los amos de la muerte (Scanners, Canadá-1980) de David Cronenberg, c/Jennifer O'Neill, Stephen Lack, Patrick McGoohan, Lawrence Dane, Michael Ironside, Robert Silverman. 103’.

Diez años antes de su adaptación de El almuerzo desnudo, Cronenberg ya había visitado un capítulo de la novela de Burroughs para su aporte al por entonces en boga tema de la telepatía, telequinesis y demás poderes de la mente (Furia, El resplandor). Como los senders de Burroughs, los scanners forman una organización para dominar el mundo; uno de ellos es el único que puede detener al renegado Revok, villano inolvidable, actuado por Ironside con la misma energía maníaca del Jack Nicholson joven. La oscura pesadilla de Scanners se mueve entre dos de las escenas más recordadas de la obra del canadiense (ésta fue la penúltima película de DC en su país natal, y su complicadísima producción una de las razones para cruzar la frontera): la explosión tremebunda de una cabeza y el impactante, brutal, y aun así ambiguo duelo final.

La niebla (The Fog, EUA-1980) de John Carpenter, c/Jamie Lee Curtis, Adrienne Barbeau, Janet Leigh, John Houseman, Hal Holbrook. 89'.

A La niebla no le fue demasiado bien en el momento de su estreno. El éxito de Halloween había dejado al público con ganas de sangre y de asesinos seriales (los estudios escucharon y unos meses después de La niebla se estrenó la primera Martes 13, y el resto es historia). Eso le jugó bastante en contra a esta película, un cuentito de fantasmas bien a la antigua, que apuesta más por los climas y no tanto por la sangre. De hecho, luego de los test screenings, Carpenter tuvo que rodar un par de escenas que incluyeran algo de sangre. Vista hoy, es una de las películas más aterradoras, virtuosas, y redondas del director que, no conforme con ser todo eso, también tiene la que tal vez sea la mejor banda de sonido compuesta por JC.

Golpe al corazón (One from the Heart, EUA-1982) de Francis Ford Coppola, c/Frederic Forrest, Teri Garr, Raul Julia, Nastassja Kinski, Lainie Kazan, Harry Dean Stanton. 107’.

Largamente despreciado, acusado de catástrofe artística y comercial, el primer film de Coppola tras Apocalypse Now sólo debería hacerse cargo del segundo ítem. Cierto es que fue pensada como una pequeña producción de 2 millones y costó 26; cierto es que su desempeño en la taquilla no cubrió ni el 5% de esa cifra; cierto que el director debió declararse en bancarrota. Pero los logros estéticos de este adulto drama musical que sigue a una pareja a través de una larga Noche de la Independencia, rozan lo sublime: algunos de ellos son la extraordinaria banda sonora de Tom Waits; la artificiosa plasticidad del Strip de Las Vegas recreado íntegramente en estudio; y el montaje virtuoso que funde o desune en el mismo plano a Hank y Frannie, sin necesitar para ello más que luces (de neón) y sombras.

Rambo (First Blood, EUA-1982) de Ted Kotcheff, c/Sylvester Stallone, Richard Crenna, Brian Dennehy. 97’.

John Rambo volvió de Vietnam con algo más que su boina verde y su medalla de honor del congreso. Trajo consigo una carga no material pero de un peso capaz de transformarlo de un segundo a otro en una bola sin manija, una garrafa temblorosa, un tanque de guerra. Lamentablemente (para ellos), el Sheriff Teasle y sus muchachos deciden hacerle pasar un mal rato mientras atraviesa su pueblo montañoso, confundiéndolo con un vago más. Lo que sigue es un “vago” que masacra a las autoridades locales y regionales de todas las maneras habidas y por haber. En su salvaje desprecio por las fuerzas del orden, Rambo constituye uno de los films antibélicos más originales y atrapantes del Hollywood post-Vietnam.

Comiéndose a Raúl (Eating Raoul, EUA-1982) de Paul Bartel, c/Paul Bartel, Mary Woronov, Robert Beltran, Susan Saiger, Richard Paul. 90’.

Paul y Mary descubren por accidente la salida a todos sus problemas financieros: citan a hombres swingers en su departamento para matarlos (con una sartén por la cabeza) y robarles lo que sea que lleven en su billetera. O por lo menos ése parece ser el plan por un tiempo. Con un estilo a mitad de camino entre el trash colorinche de John Waters y el cinismo negro del Corman de La tiendita del horror, la película más exitosa de Paul Bartel (1938-2000) unió ambas tradiciones en un camino despojado hacia la práctica de un cine comercial realizado casi anti-comercialmente, sin medios pero tampoco con ganas de conseguirlos. Una película casera y masiva, de uno de esos personajes atípicamente brillantes de Hollywood que sólo se valoran cuando ya no están.

La zona muerta (The Dead Zone, EUA-1983) de David Cronenberg, c/Christopher Walken, Brooke Adams, Tom Skerritt, Herbert Lom. 103’.

Algo cotidiano (lamentablemente cotidiano, esto es) que dispara algo inusual, paranormal: un accidente automovilístico, un coma de cinco años, un don psíquico para ver la vida de los demás mediante un apretón de manos. Y los estilos inquietos de Stephen King y David Cronenberg que se vuelven uno solo, inseparables bajo la presencia impávidamente macabra de un Christopher Walken en las cimas de su arte. Confidencias que desembocan en asesinatos en serie y campañas políticas que culminan en detonaciones nucleares en el medio de la Norteamérica más básica y engañosa. Esa que retrató King a lo largo de gran parte de su obra y a la que Cronenberg regresaría años más tarde con Una historia violenta.

El sur (España, 1983) de Víctor Erice, c/Omero Antonutti, Sonsoles Aranguren, Icíar Bollaín, Lola Cardona, Rafaela Aparicio, Aurore Clément. 95’.

Tres largometrajes realizados en tres décadas distintas componen prácticamente la totalidad de la obra de Víctor Erice. Diez años después de El espíritu de la colmena y nueve antes de El sol del membrillo, El sur es el centro de esa filmografía, extraordinaria por todos los motivos posibles. La filmación fue interrumpida por el productor Elías Querejeta cuando se había rodado menos de la mitad del guión, porque “ya había allí una obra coherente y acabada”. Vaya si tenía razón: en esta elegía de luz y misterio (que, aunque no importe mucho, trata más que nada de la relación entre un zahorí callado y su hija a través de los años), de una belleza que duele y emociones inefables, el cine roza, como pocas veces lo ha hecho, la esencia de lo eterno.

Los bicivoladores (BMX Bandits, Australia-1983) de Brian Trenchard-Smith, c/David Argue, John Ley, Nicole Kidman, Angelo D’Angelo, James Lugton, Bryan Marshall, Brian Sloman. 88’.

El documental Not Quite Hollywood (2008) nos descubrió el demencial mundo de la Ozploitation, la versión australiana del “destape”: sexo enfermizo, ultraviolencia gratuita y sangre de todo tipo y factor corriendo por las pantallas de la isla durante los ’70 y ’80. Alto en el cielo de ese cine salvaje, brilla el nombre de Trenchard-Smith, insaciable alquimista de fórmulas imposibles como la del perro atómico, el leprechaun asesino o la fusión de Apocalypto y Parque Jurásico (en Aztec Rex). Y también culpable del debut cinematográfico de la Kidman con este film de aventuras ATP –toda una rareza para la rarísima Ozploitation– que tiene algunas persecuciones muy logradas (¡una por los toboganes de un parque acuático!) y humor camp a rolete, y que es un viaje de ida, haciendo willy, a la nostalgia ochentosa.

Muchacho lobo (Teen Wolf, EUA-1985) de Rod Daniel, c/Michael J. Fox, James Hampton, Susan Ursitti, Jerry Levine, Matt Adler, Lorie Griffin. 91’.

Hay numerosas películas americanas sobre chicos populares (y no) en la escuela secundaria. Muchacho lobo se inscribe en esa tradición, en sus cimientos: a mediados de los ‘80, al lado de las emblemáticas películas de Molly Ringwald (El club de los cinco, La chica de rosa), encontramos a Michael J. Fox interpretando a Scott, un joven olvidable en los pasillos de su colegio. Hasta que una noche descubre que, debido a su herencia genética, puede convertirse en un hombre (muchacho) lobo. Gracias a su nueva condición animal, Scott se vuelve la estrella del equipo de baloncesto, lo que lo lleva a la popularidad y a comenzar una vida desenfrenada (memorable la escena en que baila sobre el techo de una camioneta en movimiento, con el himno californiano de los Beach Boys Surfin’ USA de fondo). Y sobre el final queda la enseñanza esperable, aunque nunca de más, sobre ser uno mismo y valorar a los amigos de verdad.

Desaparecido en acción 2 (Missing in Action 2 - The Beginning, EUA-1985) de Lance Hool, c/Chuck Norris, Soon-Teck Oh, Steven Williams, Bennett Ohta, Cosie Costa. 96’.

En El ocaso de una vida, la breve y demoledora aparición de Buster Keaton dotaba, si es que eso fuera posible, a su leyenda de una melancolía nueva, una que redefinía o reafirmaba lo singular no sólo de Keaton sino de su cine, de su era, de su imposibilidad de ser presente. En el otro rincón –el no canonizado–, el bigote color whisky de Chuck Norris, otro que hizo del físico y de las condiciones de producción contemporáneas algo imposible de separar de su figurita (una de acción, pegada con plasticola), aparecía en Pelotas en juego para levantar –literalmente– el pulgar a la lectura sentida, berreta y celebratoria de aquel pateaculos que mataba “chinorris” en Vietnam. Desaparecido en acción 2 demuestra que el cine descartable, el que ríe, aún no conoce la terrible novedad. Que así sea.

Re-Animator (EUA, 1985) de Stuart Gordon, c/Jeffrey Combs, Bruce Abbott, Barbara Crampton, Robert Sampson, David Gale. 86’.

Entonces Stuart Gordon dijo: “Ya hay demasiadas películas de vampiros”. Y allí fue, primero a la biblioteca a leer Herbert West: Reanimador de H. P. Lovercraft, y después a gastarse 24 galones de sangre falsa para hacer este cover gore, salvaje y fuera de norma, de Frankenstein. El resultado: una criatura que ¡está viva!, sí, mucho más allá de los difuntos ‘80. Hasta podría decirse que Re-Animator es el sueño del doctor West: una película que sobrevive aún cuando a muchos de sus ingredientes se les haya pasado la fecha de vencimiento: científicos que explotan, actuaciones tan agudas como los sintetizadores de la banda sonora, tetas, gatos del más allá en heladeras verdes y jeringas flúo. Un cine que, aunque muchos lo den por muerto, sigue haciendo volar globos oculares.

From Beyond (EUA, 1986) de Stuart Gordon, c/Jeffrey Combs, Barbara Crampton, Ken Foree, Ted Sorel, Carolyn Purdy-Gordon. 85’.

Luego de Re-Animator, Stuart Gordon continuó interpretando a H. P. Lovecraft desde territorios tremendamente cinemáticos con esta película, protagonizada nuevamente por la dupla Combs-Crampton. En esta oportunidad, la doctora McMichaels (Crampton) decide continuar un polémico experimento científico para desarrollar la glándula pineal (el “tercer ojo”) que ha terminado con la muerte de su creador, el doctor Pretorius, y la encarcelación y casi locura de su asistente, el doctor Tillinghast (Combs). Del inconsciente infinito y aterrador, de la lucha entre el acá y el más allá, de máquinas resonadoras de un violeta intenso… de eso se trata From Beyond.

Critters 2 (Critters 2: The Main Course, EUA-1988) de Mick Garris, c/Terrence Mann, Don Opper, Cynthia Garris, Scott Grimes, Lindsay Parker. 93’.

Un millar de puercospines espaciales que devoran todo a su paso y se reproducen rápidamente ataca Groover’s Bend, un pueblo como cualquiera del centro de Estados Unidos. Los habitantes usan la iglesia como bunker. Los granjeros con camisa a cuadros, gorra de John Deere, trinches y antorchas, no parecen estar muy contentos con el plan que proponen el muchachito de la gran ciudad, el borracho y el hombre sin rostro que bajó de un plato volador y que les dice qué hacer en su propio pueblo. Los critters, por su lado, optan entre la carne viva o hamburguesas con queso, y sin huesos. De esa decisión quizá dependa su continuidad sobre el planeta Tierra.

Testigo fatal (Blue Steel, EUA-1990) de Kathryn Bigelow, c/Jamie Lee Curtis, Ron Silver, Elizabeth Peña, Louise Fletcher, Tom Sizemore. 102’.

El típico thriller de fines de los ‘80 y comienzos de los ’90, en el que un personaje es acosado por un asesino completamente demente. Pero claro, ésta es una película de la Bigelow, que venía de hacer el genial western vampiresco Near Dark, y aquí confirma que sabe trabajar con los géneros como pocos: lo que pudo haber sido un policial convencional y sin vuelo, se convierte en algo realmente aterrador. La directora logra construir grandes climas y mantener un suspenso constante, mientras estiliza la imagen al máximo mediante ralentis varios y una predominancia del azul del título. Jamie Lee Curtis está excelente como una mujer policía perseguida por un empleado de Wall Street con serios problemas psíquicos, y lo mismo puede decirse de Ron Silver (q.e.p.d.), quien interpreta al villano en cuestión.

El ejército de las tinieblas (Army of Darkness, EUA-1992) de Sam Raimi, c/Bruce Campbell, Embeth Davidtz, Marcus Gilbert, Ian Abercrombie, Richard Grove, Timothy Patrick Quill. 81’.

La última entrega de la trilogía (aunque Noche alucinante tenga más de remake que de secuela de Diabólico) que convirtió a Raimi en un referente ineludible del cine de terror post-1980 tuerce el volante hacia la comedia alocada, y viaja a una improbable Edad Media con el baúl repleto del humor patentado por Los Tres Chiflados y las fantasías animadas del pionero Ray Harryhausen. Quien conduce la desopilante travesía, por supuesto, es el Ash jugado con entrega total por Bruce “el mejor plano de cabeza del cine americano” Campbell, el antihéroe terco y arrogante que lucha contra su propio doble maligno, contra el cadáver de su novia, contra todos los esqueletos del viejo mundo, armado –casi nada– con un “palo de fuego” y un implante de motosierra.

Criaturas celestials (Heavenly Creatures, Nueva Zelanda-1994) de Peter Jackson, c/Kate Winslet, Melanie Lynskey, Sarah Peirse, Diana Kent, Clive Merrison, Simon O’Connor. 99’.

Inspirados por un hecho real ocurrido en Nueva Zelanda en 1954, Jackson y su compañera Fran Walsh elaboraron un guión concentrado en el singular, dramático vínculo entre dos jóvenes asesinas antes que en los aspectos sensacionalistas del caso. La eficacia en la descripción de los planos paralelos habitados por Juliet y Pauline –el real y “el Cuarto Mundo”, la fantasía que se habían creado para ellas–; un respeto religioso por datos como el diario de Pauline (la voz en off sigue letra a letra esas anotaciones); y, sobre todo, las actuaciones descomunales de las debutantes Lynskey y Winslet, les valieron a Jackson y Walsh, además de su primera nominación al Oscar y una reciente parodia en Los Simpsons, el reconocimiento general de que estaban para cosas más grandes, mucho más grandes, que las simpáticas comedias de terror clase Z que venían realizando hasta entonces.

Carretera perdida (Lost Highway, EUA-1997) de David Lynch, c/Bill Pullman, Patricia Arquette, Balthazar Getty, Robert Loggia, Robert Blake. 135’.

En su ensayo El arte de lo ridículo sublime, el filósofo Slavoj Zizek sostiene que la estructura bipartita de Carretera perdida trabaja con “la oposición de dos horrores: el horror fantasmático del pesadillesco universo noir de sexo perverso, traición y crimen, y la desesperación de nuestra gris, alienada vida cotidiana de impotencia y desconfianza.” Pero mejor dejar a Lacan de lado y adentrarse en la oscura ruta del surrealismo lyncheano, perderse en el laberinto de sueños de sus personajes, dejarse conducir por la perturbadora banda de sonido compilada por el Nine Inch Nails Trent Reznor y la música original de Angelo Badalamenti, espantarse ante la visión de un rostro blanco kabuki o una cabaña que se desincendia: dejarse conmover, ni más ni menos, por esta extraordinaria fuga hacia el abismo.

Los amantes del Círculo Polar (España, 1998) de Julio Medem, c/Najwa Nimri, Fele Martínez, Nancho Novo, Maru Valdivielso, Peru Medem, Sara Valiente, Víctor Hugo Oliveira, Kristel Díaz. 112’

Najwa Nimri y Fele Martínez habían coincidido, en 1997, en la película de Alejandro Amenábar Abre los ojos. Este cuarto largo de Medem –quien ya había destacado, con Vacas y La ardilla roja, en el poco fértil panorama del cine español de esos años– comienza justamente con los ojos de ella (Anna) bien abiertos, y él (Otto) reflejándose en ellos. A partir de allí, la historia de los amantes palíndromos se desenvuelve a lo largo de veinte años en círculos concéntricos, como una piedra cuando cae al agua –o como la caída a pique de un avión de papel con la frase de amor perfecta–, yendo y viniendo entre las ideas de azar y destino, entre la pasión arrebatada y el paisaje helado de un mundo que para ellos no significa nada sin el otro, entre Anna en los ojos de Otto y Otto en los ojos de Anna.

Aprile (Italia-1998) de Nanni Moretti, c/ Nanni Moretti, Silvio Orlando, Silvia Nono, Pietro Moretti, Agata Apicella Moretti, Nuria Schoenberg, Silvia Bonucci. 78’.

Continuando el autorreferencial camino de honestidad brutal emprendido en Caro diario, Moretti decidió atravesar los aspectos públicos y privados de su propia biografía al tiempo que retrataba descar(n)adamente a la Italia finisecular, su política, su prensa y su cine. Abril es el mes del nacimiento del hijo de Moretti y también el de las elecciones en las que la izquierda tiene, por una vez, chances de ganar: el cineasta tiene los nervios más a flor de piel que nunca, con el consiguiente beneficio de la comedia. Ahí están D’Alema increpado con el ya legendario “Dì qualcosa di sinistra!”, el “deber cívico” de documentar las elecciones, la emocionante secuencia de la cinta métrica, la desopilante de la peridural, y, todos de pie y a bailar, el musical del pastelero trotskista interpretado por el enorme Silvio Orlando.

>>>> JORNADA ESPECIAL

¡Laptra musicaliza!

Jueves 18 a las 20:00, 22:00 y 24:00

Desde hace un lustro, el sello discográfico/cooperativa (no sólo) musical Laptra le refresca la cara a eso que a falta de mejor nombre se conoce como “indie”. Con Él mató a un policía motorizado como nave insignia, desde La Plata zarpan regularmente melodías nuevas hechas por y para una generación inquieta, que recorren –a veces con desparpajo rockero, a veces con inocencia infantil– la amistad, los viajes, los amores difíciles... y las películas.

Prietto viaja al cosmos con Mariano, Reno y los Castores Cósmicos, Go-Neko!, Shaman y los Hombres en Llamas son algunos de los evocativos nombres propulsados por la escudería. Otros tres de ellos estarán el jueves 18 musicalizando sendos clásicos del cine mudo.

A las 20, Niño Elefante (virtuoso guitarrista de EMAUPM, tecladista analógico y melodista policromático) le pondrá calidez al documental pionero de Flaherty, Nanook el esquimal. A las 22, Antolín (cantautor futurista, poeta tímido y fundador de la truchigalería de arte Corazones de Bully) reunirá ad-hoc a Los Amigos del Mal para invadir, a lomo de dinosaurio, la fantástica El mundo perdido. Finalmente, a la medianoche, serán el oscuro optimismo de los 107 Faunos y sus telepáticos diálogos de guitarras los que vayan, risueños, tras las huellas de la obra maestra de Keaton, Sherlock, Jr.

Nanook el esquimal (Nanook of the North, EUA-1922) de Robert Flaherty, largometraje documental. 70’ aprox.

El mundo perdido (The Lost World, EUA-1925) de Harry Hoyt, c/Bessie Love, Wallace Beery, Lewis Stone, Sheldon Lewis. 100’.

Sherlock, Jr. (EUA, 1924) de Buster Keaton, c/BK, Kathryn McGuire, Ward Crane, Erwin Connelly, Jane Connelly, Joe Keaton. 50’ aprox.

www.laptra.com.ar




Cineclub de Cali

Andrés Caicedo iba solo al cine pero entendía que la experiencia era colectiva. Por eso sentía que si no hablaba de una película con otro, de alguna manera no la había visto. Sentía que una amistad cinéfila se fortalecía si un amigo invitaba a otro a ver algo que el primero había visto y el otro no.

Caicedo creía que el cine se veía pero también se escribía. Caicedo escribía de todas las películas pero muchos de sus escritos no eran críticas sino seducciones por escrito para que los asistentes del cineclub fueran a ver las películas de su vida, aquellas que había elegido para verlas en masa. Muchos de estos escritos del folleto de cineclub formaron parte del libro Ojo al Cine (así se llamó su revista) y de su autobiografía cinéfila póstuma Mi cuerpo es una celda. Si Caicedo supiera que, años después, su cineclub resucitaría en el Malba y en Argentina, sentiría que hizo su trabajo bien. Yo creo que sí, que lo hizo, que puede estar más que contento.

Alberto Fuguet

Fahrenheit 451 (EUA, 1966) de François Truffaut, c/ Julie Christie, Oskar Werner, Cyril Cusack, Anton Drifing, Jeremy Spenser, Bee Duffell, Alex Scott, Mark Lester. 111’.

François Truffaut hace una película sobre los libros. Su expresión es el cine, la más colectiva de las artes, por procedimiento y finalidad. Una película sobre la destrucción de los libros. Una sociedad ha llegado a una especie de régimen armónico por la vía del colectivismo. (…) Entonces llegó el día en que se decidieron, fueron necesarias muchas reuniones plenas e inclusive muchos sueños, pero lo hicieron: los libros entorpecen la marcha del progreso, hay que quemar los libros. Así, mediante el fuego, el elemento que todo lo modifica a su contacto, la palabra escrita fue borrada de la cultura del género humano. En lugar de la policía, el cuerpo de bomberos actúa en nombre de la paz. Por todas partes se anuncia tranquilidad pública. Boletín del Cine-Club de Cali (1971)

Infierno en el Pacífico (Hell in the Pacific, EUA-1968) de John Boorman, c/ Lee Marvin, Toshiro Mifune. 103’.

En Infierno en el Pacífico el conflicto se concretiza desde las primeras imágenes, y por la mera presencia de los actores. A un islote en medio del Pacífico van a caer un yanki y un japonés. USA y Japón están en guerra. La primera relación que se crea entre estos dos seres es el enfrentamiento, porque EN ellos (no SOBRE ellos) se produce la guerra. (…) Uno, el samurai; el otro, el militar yanqui, un todo formado por la democracia USA, el gangsterismo y el fascismo, atributos que él sabe utilizar de la mejor manera, él y sólo él, y siempre en nombre de la libertad y el enriquecimiento. (…) El amargo pacifismo moral de Boorman encuentra plena significación, aun en este tiempo nuestro latinoamericano en donde lo único que se necesita es tener la conciencia más limpia que ninguna, para que seamos nosotros los que tiramos la primera piedra. Revista Vivencias (Cali, 1971)

Más corazón que odio (The Searchers, EUA-1956) de John Ford, c/ John Wayne, Jeffrey Hunter, Vera Miles, Harry Carey, Jr., Olive Carey, John Qualen, Ward Bond, Natalie Wood. 119’.

El film se abre con el regreso de John Wayne al hogar. Regreso que como se verá después, no tiene nada de definitivo y cuando Wayne inicie su larga búsqueda quedará sobre la historia y sus protagonistas la gran ausencia del mundo familiar, ausencia que antepuesta al fiel cumplimiento del deber construirá los cimientos de este poema épico. (…) Una de las tantas obras maestras de John Ford y una de las últimas disertaciones sobre un personaje amado, perdido entre convicciones adquiridas con sangre pero ya inservibles, y al final siempre fuera de los nuevos vínculos. De allí la puerta que se abre al comienzo y la puerta que se cierra al final dejando afuera a John Wayne, no sería únicamente el comentario del creador sobre el destino de su personaje sino también símbolo de una obra que se cierra de manera perfecta. // Boletín del Cine-Club de Cali (sin fecha)

Bios programadores

Agustín Masaedo nació en 1978 en La Plata. Es periodista y escribe, más que nada, sobre cine en la revista El Amante y en el Diario Hoy de su ciudad. Con su amigo y camarada PM, editaron el catálogo del Bafici en 2007 y 2008 (año en que también hicieron lo propio con el daily Sin Aliento) y el del Festival Internacional de Cine de Mar del Plata en 2008, junto a su publicación, Bitácora.

Pablo Marín nació en 1982 en Buenos Aires. Escribe sobre cine desde hace pocos años para distintas publicaciones (La región central, Kilómetro 111, Cinemanía [q.e.p.d.]) y editó conjuntamente para los festivales de Buenos Aires y Mar del Plata todo lo que detalla AM en su biografía. Quien, en efecto, es su amigo y camarada.

2. Estreno nacional

Parador Retiro

(Argentina, 2008), de Jorge Leandro Colás

Viernes a las 20:00 y sábados a las 18:30

Desde el año 2003 funciona en Buenos Aires el Parador Retiro, un viejo galpón de piso de cemento y techo de chapa, que tiene como objetivo dar albergue a unos 200 sin techo.

Ubicado a pocos minutos del centro de la ciudad, el Parador aloja a lo más extremo y marginal de la población urbana y callejera: sin techo crónicos, tumberos, borrachos, drogadictos, psicóticos. Cada noche, confluyen allí sus problemas personales, los conflictos propios de la convivencia y el soñado anhelo de partir. Parador Retiro es un documental de observación, que registra en forma directa, sin entrevistas ni relatos, la actividad y la convivencia de este heterogéneo grupo de personas.

Jorge Leandro Colás

Nació en la Provincia de Río Negro, Argentina en 1976. Estudió Diseño de Imagen y Sonido en la Universidad de Buenos Aires y se especializó en cine documental. Escribió y dirigió varios cortometrajes, entre ellos, “La muerte y la brújula”, basado en un cuento de Jorge Luis Borges que participó en varios festivales internacionales. El documental “Parador Retiro”, su primer largometraje, acaba de recibir el apoyo a la postproducción de la Jan Vrijman Fund.

Premios y Festivales

Festival Internacional de Cine de Mar del Plata (2008)

Premio Competencia argentina.

Festival Internacional de Cine de Gualeguaychu (2009)

Premio ADN (Asociación de Directores y Productores de Cine Documental Independiente de Argentina) al mejor documental argentino.

Cinema du Reel-Festival Internacional de Cine Documental (2009)

Seoul Human Rights Film Festival (2009)

IDFA-Festival Internacional de Cine Documental de Amsterdam (2008)

Ficha técnica

Guión y Dirección: Jorge Leandro Colás

Productores: Marcelo Céspedes y Carolina M. Fernández

Empresas Productoras: MC Producciones SRL y Salamanca Cine

Fotografía y Cámara: Gabriel González Carreño

Edición: Salvador Savarese y Diego Arévalo Rosconi

Edición On line-Color-Tape to tape: Hernán Buffa

Sonido directo: Carlos Olmedo y Pablo Demarco

Diseño de sonido: Lena Esquenazi

BetaDigi / 84 minutos / Color

Argentina - 2008

3. Film del mes XLII

Iraqi Short Films

(Argentina, 2008), de Mauro Andrizzi

Viernes y sábados a las 22:00

Iraqi Short Films es una de las primeras grandes películas de la era youtube. Su recorrido internacional incluye los más prestigiosos festivales y salas de cine del mundo, desde su estreno en el FIDMarsella, hasta su reciente paso por el BAFICI, estando también presente en el Museo Pompidou y en el MoMA de Nueva York.

SINOPSIS

Iraqi Short Films es el resultado de una larga investigación de la propaganda generada por todas las fuerzas implicadas en el conflicto: los contratados de la seguridad privada, el ejército de ocupación dirigido por EE.UU. y las milicias que resisten la invasión.

Se cree que hay al menos 140 bandas armadas en Irak resistiendo la ocupación militar. Agrupados según las zonas de influencia, provincias, clanes y orígenes étnicos, estas bandas forman aproximadamente 25 milicias o pequeños ejércitos guerrilleros con militantes entrenados. La mayoría de estas milicias son apoyadas financiera y militarmente por algunas autocracias de Medio Oriente. Algunas son fuertes aliados políticos de EE.UU., pero al mismo tiempo necesitan controlar la influencia militar estadounidense en la región. Cada milicia cuenta con entre 500 y 1.000 miembros y, a cada uno, se le asignan tareas específicas: reclutamiento, financiación (recaudación de fondos), inteligencia, actividades de espionaje, informantes, expertos en construcción de bombas, operadores suicidas y soldados de infantería.

Desde la invasión dirigida por EE.UU. en 2003, el número de integrantes de las milicias aumentó dramáticamente. El 25% de ellos no son iraquíes y los llaman “combatientes extranjeros”. Entran al país cruzando las fronteras ilegalmente; la mayoría viene de Arabia Saudita, Libia, Yemen, Jordania, Egipto y también de África del Norte: Argelia, Marruecos y Túnez. La desastrosa ocupación de Irak habría creado un campo de entrenamiento ideal para que estos combatientes adquieran experiencia y confianza. Se supone que cuando termine la Guerra del Golfo, volverán a sus países de origen para empezar o continuar la Jihad (guerra santa), y allí derrocar monarquías y gobiernos laicos para establecer formas de gobierno compatibles con la ley islámica.

Estas milicias multinacionales que operan en Irak están mezcladas con la población civil. Cuando pasan a la acción, utilizan el ataque sorpresa: emboscadas con armas de fuego livianas o con armamento pesado como las ametralladoras soviéticas y fusiles AK 47, lanzacohetes (RPG, siglas en inglés), dispositivos explosivos improvisados (IED) y ataques suicidas (martirio).

Al-Madhi Army, Jaish Ansar al Sunna (Ejercito de los Protectores de la Fe “Sunna”), ISI (Estado Islámico de Iraq), Tawil Wal Jihad (Unificación y Guerra Santa) y Ansar al Islam (Protectores del Islam) son las milicias más activas en lo que se refiere a operaciones llevadas a cabo en territorio iraquí.

Estos grupos graban en video todas sus operaciones de guerra y usan el material como propaganda para el reclutamiento y como prueba de eficacia en el teatro de operaciones para conseguir armas, dinero y apoyo a su causa. La mayoría de las milicias tiene su propia oficina de producción y difusión de videos, con varias personas designadas para esta tarea específica. Hacen la posproducción y mejoran la calidad del material obtenido en las operaciones. También agregan el logo que distingue a cada milicia, y graban voces en off sobre la imagen con alabanzas, felicitaciones o instrucciones para otros combatientes. El miliciano que filma las operaciones de guerra siempre está oculto, alejado de la acción, y utiliza una cámara con zoom y teleobjetivos poderosos. Oculto en un lugar previamente designado para lograr la mejor toma posible, encuadra y filma un momento de la guerra.

El ejército de ocupación de EE.UU. tiene 180.000 soldados operando en Irak, apoyados por 700 soldados británicos y por algunos centenares de polacos y australianos. Estos últimos dos países están preparando su retiro para fines de 2008 debido a la derrota de sus gobiernos conservadores en las elecciones generales.

Además de ese número de soldados oficialmente declarado por el Departamento de Defensa de EE.UU., hay otra cantidad de agentes de inteligencia (no registrados) y empleados de seguridad privada, llamados “contratados civiles”, que trabajan para varias empresas privadas con fuerte influencia en Washington. Cada una de estas empresas de seguridad es un pequeño ejército privado, con miembros bien entrenados, armados y experimentados, como militares retirados o personal policial. Son contratadas para brindar seguridad y escoltar convoyes por las calles, autopistas o rutas alternativas, en Bagdad y en todo el país. Protegen y construyen intereses económicos occidentales como tuberías o puentes utilizados para transportar bienes y equipos, o conducen camiones en las zonas más conflictivas. También escoltan a políticos norteamericanos e iraquíes y a hombres de negocios de todo el mundo. Se cree que en total hay aproximadamente 100.000 agentes de seguridad privada en Irak, y no sólo vienen de EE.UU. sino también de Centro y Sudamérica, Australia, Gran Bretaña y otros países europeos, atraídos por un buen salario.

Los soldados estadounidenses y los agentes de seguridad privada también llevan cámaras a pesar de que el Departamento de Defensa de EE.UU. lo prohíbe. Algunas operaciones de guerra y ataques son filmados por motivos logísticos, análisis de combates o para usar como material de propaganda que se filtra a la prensa –si la operación es exitosa– para levantar el ánimo de los soldados y de la gente en EE.UU., y reclutar nueva tropa.

Pero los soldados estadounidenses no están autorizados para filmar la guerra. Lo hacen de todos modos, distribuyendo y transmitiendo imágenes sin permiso, violando las órdenes y las restricciones de sus superiores. Videos que muestran la verdadera guerra, con víctimas en ambos bandos, situaciones aterradoras y el horror cotidiano en el Irak ocupado.

Más información: www.iraqishortfilms.blogspot.com.ar

Mauro Andrizzi nació en Mar del Plata, Argentina en 1980. Estudió guión y se graduó de la ENERC (Escuela Nacional de Experimentación y Realización Cinematográfica), Buenos Aires, en el 2002. Mientras estudiaba, escribió varios cortometrajes: "Cuartito Azul" (1999), "Playa Terminal" (2000), "Tres versiones de un robo" (2000), "Vecinos" (2001) y la tesis "Lluvia" (2001). Después de recibirse, también fue guionista de algunos programas de TV en Buenos Aires.

Ficha técnica

Director: Mauro Andrizzi

Edicion: Mauro Andrizzi - Francisco J. Vazquez Murillo

Asesor técnico: Pepo Razzari

Argentina - 2008

94’

4. Continúa - Estreno internacional

Del tiempo y la ciudad

(Of Time and the City, Reino Unido, 2008), de Terence Davies

Sábados a las 20:00 y domingo a las 17:30

Terence Davies nació en Liverpool y vivió allí durante casi tres décadas. Mucho tiempo después, construye esta celebración de la mítica ciudad inglesa. Del tiempo y la ciudad es la más personal y melancólica de las elegías visuales jamás realizadas; en ella caben tanto los relatos, emociones y recuerdos de Davies como la gratitud a la tierra que determinó su presente y que ahora le permite explorar su pasado al contarlo.

Son la voz y la poesía del director las que se oyen mientras la cámara descubre, encantada, las calles y recovecos de la ciudad, sus fábricas y sus trabajadores; los paseantes, los apasionados, los desolados. Un archivo fílmico monumental (British Pathé, BBC, British Movietone News, Granada…) y una banda sonora igualmente original son los compañeros de Davies en la ruta de sus memorias. Y en la construcción del retrato íntimo de una ciudad-ícono que es mucho más que bandas de rock y clubes de fútbol, que obreros y lavanderías: Del tiempo y la ciudad muestra el rostro secreto de una Liverpool que tiene tanto para agradecer a Terence Davies como él a la ciudad.

Terence Davies se ganó el respeto de la crítica con la trilogía autobiográfica Children (1976), Madonna and Child (1980) y Death and Transfiguration (1983), a las que les siguieron, entre otras, Distant Voices, Still Lives (1988) y The House of Mirth (2000).

Ficha técnica

Dirección y guión: Terence Davies

Fotografía: Tim Pollard

Sonido: David Coyle, Steven Guy

Edición: Liza Ryan-Carter

Música: Ian Neil

Producción: Solon Papadopolous, Roy Boulter

Año: 2008

72’

5. Continúa | Film del mes XXXVIII

Historias extraordinarias

(Argentina, 2008), de Mariano Llinás

Domingos a las 19:00.

El film tiene una duración de cuatro horas y se proyecta con dos intervalos de 10 minutos.

malba.cine continúa exhibiendo el último film de Mariano Llinás, recientemente distinguido como “Mejor película latinoamericana 2008” por la Federación Internacional de la Prensa Cinematográfica (FIPRESCI).

Prólogo a Historias extraordinarias

He aquí, entonces, estas “Historias extraordinarias”. Aquí van; poco es lo que puedo agregar a sus más de cuatro horas de caudaloso relato. He escrito el film, lo he dirigido, actúo en él; comentarlo públicamente acaso sea un exceso difícil de perdonar. Intentaré, entonces, atenuar en lo posible esa demasía.

Como es sabido, el siglo XX ha sido testigo de un fenómeno extraño: Por primera vez, la idea de narración se ha visto divorciada de la idea de argumento. Contar algo ya no fue, necesariamente, contar una historia; el primitivo impulso de narrar se vio liberado definitivamente de ser una infantil serie de avatares y asombros y asumió como terreno de acción el Universo entero, aún en sus rincones menos memorables: Las distracciones, los olvidos, los equívocos, los lugares vacíos, los momentos en los que no pasa nada hicieron su fulgurante y orgulloso ingreso a la literatura y al cine. El argumento (que antes fuera la condición de posibilidad de todo relato) fue visto entonces como una veleidad de otros tiempos, como una mera coquetería ornamental. ¿Qué lugar ocupa entonces, en ese panorama escéptico, nuestra populosa novela cinematográfica? ¿Qué vienen a hacer a este viejo y cansado mundo sus ingenios y vericuetos argumentales ?¿Para qué? Pues bien: Nuestro propósito, nuestro desmesurado propósito, ha sido experimentar con los viejos dioses olvidados de la aventura y la intriga y, de algún modo, volverlos a la vida. ¿Es posible, aún en nuestros tiempos, desenterrar las grandes ficciones sin por eso ejecutar una acción nostálgica o anacrónica, un triste baile de máscaras decimonónico? Ese interrogante (que aún no me siento capaz de responder) ha sido lo que ha dado aliento al film. En el poema que sirve de prólogo a “Treasure island”, el mismo Stevenson se pregunta si aún son posibles las grandes historias de aventuras, si aún es posible para él ser lo que fueron los ignotos Ballantine, Kingoston o Cooper sin caer en el ridículo o la indiferencia. Pues bien, diremos nosotros, ¿Es posible, en estos borrascosos días, ser Stevenson?

Dos afanes rigen, según creo, el curso de estas historias: La felicidad de los viajes, la felicidad de narrar. Hemos evitado, según creo, la fácil tentación de plantear ambas actividades como análogas. Quien las haya ejercitado sabe bien que son muy diferentes, y que una cosa es la quieta y cerebral elaboración de tramas y de historias y otra la feliz serie de incomodidades que comporta el hecho de viajar, de dejarse llevar cada vez más lejos por las ciudades y los caminos. Stevenson (otra vez Stevenson) ha escrito “Con la lámpara encendida, junto al fuego que ríe, en el deshilachado atlas sigo recorriendo caminos interminables”. En efecto, el hombre de letras que, desde la tranquilidad de su mesa de trabajo sueña con distancias y tierras lejanas, y las comunica a otros muchos hombres igualmente sedentarios constituye una de las paradojas más felices de la literatura. Puedo decir, con orgullo no exento de vanidad, que esa paradoja no ha sido nuestra, que quienes hicimos este film hemos viajado, que los “caminos interminables” de la Provincia de Buenos Aires han sabido con insistencia de nosotros, y que los hemos recorrido de un lado a otro felices y apasionados, como buenos marineros. Viajar no ha sido para nosotros un hecho psicológico sino eufóricamente físico. Una palabra inglesa (esas palabras de las que el castellano nunca ha sido capaz) define, según creo, el espíritu que ha gobernado la ejecución de este film: wanderlust, la lujuria del vagabundeo, la avidez por el movimiento y la deriva. Esa ha sido nuestra única bandera: Demostrar y demostrarnos que la aventura y el riesgo son todavía territorios posibles para el cine. Que un film puede ser hecho en las rutas, y que ese infinito laberinto de rutas puede constituirlo.

Cuando yo era niño, mis fines de semana y mis vacaciones, mis lecturas de “Las mil y una noches”, de Doyle y de Verne, transcurrían en las afueras de un pueblo de campo. Mientras los libros me hablaban de Londres, de los de los mares de la China y los desiertos de Arabia, la realidad me imponía la melancólica y cotidiana llanura. Sé que de esa desavenencia nace hoy este film, pero me gusta pensar que es el dulce paisaje bonaerense el que acaba por imponerse. Que, si bien lo pueblan hechos maravillosos, misterios, inundaciones, incendios y fieras salvajes, esas excepciones pesan menos que cada uno de sus paradores desérticos, que sus rutas provinciales, que la música de las radios de pueblo, de los molinos, de los palomares y las casuarinas. A ese paisaje es que está consagrado el film, y creo hablar por mis compañeros al decir que ese es ya, y de ahora en más, nuestro paisaje. A ese repetido y hospitalario universo es a quien ahora, en nombre de todos, homenajeo, saludo y agradezco. ¡Salud, Mundo Universo! ¡Siempre de viaje!
Mariano Llinás

Septiembre de 2008
Sinopsis

El escenario es inicialmente trivial: el repetido paisaje de los pueblos de campo de la Provincia de Buenos Aires. Un paisaje de hoteles, de oficinas aletargadas, de estaciones de servicio, de rutas atestadas de camiones, de caminos de tierra solitarios y vacíos. En ese cosmos preciso y detallado, el film acomete tres historias paralelas. Las historias nunca habrán de cruzarse; no es la convivencia de sus personajes ni de sus argumentos lo que las relaciona. Sus puntos de partida serán clásicos. La primera: un hombre se ve envuelto por azar en una situación violenta en la que, sin quererlo, mata a alguien y debe ocultarse. La segunda: un hombre ocupa, en un lugar de trabajo, el puesto de otro, a quien no conoce y que acaba de morir. Ese otro, en quien nadie ha reparado nunca, se presenta como un enigma cada vez más complejo. La tercera: un grupo de hombres discute acaloradamente sobre un tema, vagamente científico. La discusión gana en intensidad hasta que acaba convirtiéndose en un desafío. Ese desafío enviará a un tercer hombre a un viaje que nunca acabará de comprender del todo. A partir de esos comienzos (comienzos que ya han transitado, en su momento, Hitchcock, Poe y Verne), el film se abre a una trama compleja y variadísima, de historias que llevan a otras, que se desdibujan y transforman, hasta conformar una suerte de enciclopedia de los tópicos de la aventura clásica: animales salvajes, viajes por el río, mapas con cruces e inscripciones, nombres de barcos, tramas detectivescas, personajes que desde el encierro resuelven complejos enigmas, personajes que creen resolver enigmas y se equivocan, mujeres enamoradas, mujeres espiadas a través de una ventana, mujeres nunca vistas pero imaginadas, establecimientos de campo abandonados como si fueran barcos después del naufragio, incendios, inundaciones, cartas que llegan de países lejanos para personas que han muerto, edificios fantasmagóricos en medio de la llanura. Las mismas cosas de siempre, pero distintas. Las ficciones de siempre, pero nuevas. Nuestro paisaje cotidiano, que ya no habrá de ser el mismo.
Ficciones

Historias Extraordinarias me recordó un libro que le gustaba mucho a Borges: Los tres impostores, de Arthur Machen. En él, dos personajes van envolviéndose en una red de relatos urdidos por otros tres (los impostores del título). Hechos de acontecimientos atroces, estos relatos tienen marcos precisos, son siempre referidos: hay alguien que los cuenta, o un volumen que los contiene. Sin embargo, contaminada por esas escuchas y lecturas, Londres empieza a devenir un territorio poroso, fronterizo, siempre crepuscular. En algún momento su carácter de falsificaciones se vuelve manifiesto, pero nada de su eficacia desaparece. Doble ausencia (de los acontecimientos fantásticos, de la credibilidad de los narradores) que lejos de disolver el efecto seductor lo refuerza, al presentar una suerte de ficción al desnudo. Borges: “El hecho de saber que los relatos de los tres personajes son imposturas no disminuye el buen horror que sus fábulas comunican. Por lo demás toda ficción es una impostura, lo que importa es sentir que ha sido soñada sinceramente”.

Los tres personajes que apuntalan Historias extraordinarias pueden no ser impostores, pero la apuesta del film por examinar los mecanismos de la ficción es análoga. Claro que el punto de partida acá es la relación entre imágenes y sonidos. Y antes que los tres personajes, existe un narrador omnipresente y con pretensiones de omnisciencia. Narrador (triple a su vez, en tanto se dispersa en las voces de tres actores) que refiere casi todo el film en un sutilísimo juego dialógico, entablando con la imagen relaciones de énfasis, de anticipación, de síncopa, de suplemento. Y que es siempre extremadamente asertivo.

Por otra parte, están las imágenes. Llinás ha optado por el mini DV, y ha construido una puesta en escena muy sensible a la textura del video y a las restricciones expresivas que este impone. Privilegiando lentes cerrados y sin perder nunca de vista que la imagen digital remite casi fatalmente al registro, logra planos que son a la vez precisos técnicamente y ambiguos en su significación. Tanto es así que, confrontada con ellos, la asertividad de la voice-over se adelgaza (se vuelve impostura en el sentido borgiano). Durante la secuencia con Lola Arias y Mariana Chaud, por ejemplo, oímos definiciones inequívocas acerca de la personalidad de las dos hermanas, de sus roles en la economía familiar, de su pasado y de sus expectativas. Tan seguro está el narrador de lo que enuncia que es inevitable ver en las imágenes otra cosa, distinta de lo que se nos dice, aunque oblicuamente solidaria. Esa otra cosa inefable es la irrupción de otro orden, el de la imagen cinematográfica. Los pequeños gestos, las pieles, el instante insignificante, el despilfarro de materialidad que comporta cada bloque de tiempo filmado, se vuelven más presentes. Esa brecha entre imagen y sonido también hace crecer la densidad del fuera de campo, que Llinás explota con inteligencia poética.

Hay entonces un discurso omnisciente mostrándose en su precariedad, y unas imágenes que por su cualidad de documentos se nos hacen más ficcionales. Sistema paradójico de relaciones que tiene como objetivo declarado contar unas Historias que son Extraordinarias.

Historias en plural, no sólo por su profusión, sino por la reticencia a totalizar. Hay una delicada pulseada con las expectativas. Se nos plantean tres historias, y nuestro reflejo de espectador tiene preparada la posibilidad de un cruce que no sucederá nunca. Llinás se instala en lo múltiple y prefiere desviar cada línea en lugar de ligarlas entre sí. Así como no se nos pide permiso para saltar de una historia a la otra, el pulso interno de cada una de ellas es parcialmente imprevisible. Si la historia de X., el inopinado homicida, parece prometer un thriller, pronto pasará a tenerlo como voyeur en un hotel de Azul durante semanas para finalizar con un encuentro romántico y la anónima reparación de una injusticia: su trayectoria no da exactamente aquello que promete, pero tampoco lo olvida. Explorar caminos laterales no implica ignorar la ruta principal. Se trata, una vez más, de matices.

Porque también es cuestión de matices la discriminación entre lo ordinario y lo extraordinario. En la historia de Y., por ejemplo, la vida del burócrata traficante de animales salvajes es extraordinaria. Pero no solamente por sus años nómades, sino también por los veinte años postreros, grises sólo en apariencia. Apariencia es la palabra clave: sustancia misma de la imagen cinematográfica, es la tierra que Llinás elige excavar para encontrar las riquezas que esconde. Ordinario/extraordinario es a la vez el espacio, la provincia de Buenos Aires. Como la Londres de Machen, pero acá con documentada irrealidad, se vuelve hospitalaria al misterio.

Después de esta película, habrá que filmar mejor y pensar mejor. Pero sus fórmulas no pueden ni deben copiarse. Más que sus procedimientos concretos, es la transparencia de su apuesta la que interpela a todos los films argentinos que le sigan, tanto a los industriales como a los artesanales, a los masivos como a los más resistentes. Porque la historia más extraordinaria de todas tal vez sea la de un film donde cada obstáculo (o ventaja) material es un problema formal, de modo tal que podemos ver los resortes de la ficción y pese a eso (o precisamente por eso) fascinarnos. Supongo que es lo que Borges llamaría “soñar sinceramente”.
Santiago Palavecino

Ficha técnica

Dirección: Mariano Llinás. Producción: Laura Citarilla; Imágenes: Agustín Mendilaharzu. Montaje: Alejo Moguillansky, Agustín Rolandelli. Dirección de arte: Laura Caligiuri. Música: Gabriel Chwojnik. Sonido: Rodrigo Sánchez Mariño, Nicolás Torchinsky. Diseño gráfico: Andrés Mendilaharzu, Paula eRRe. Guión: Mariano Llinás. Elenco: Walter Jakob, Agustín Mendilaharzu, Mariano Llinás, Klaus Dietze, Horacio Marassi, Eduardo Iaccono, Mariana Chaud, Lola Arias. Argentina, 2008, DV cam, Color. Duración: 245’.



6. Grilla de programación

Jueves 4

14:00 Dos extraños se casan, de William Castle

15:30 Fahrenheit 451, de François Truffaut

17:30 Los hermanos caradura, de John Landis

20:00 Infierno en el cosmos, de Luigi Cozzi

22:00 La niebla, de John Carpenter

00:00 Alien, el octavo pasajero, de Ridley Scott

Viernes 5

14:00 Comiéndose a Raúl, de Paul Bartel

16:00 Aprile, de de Nanni Moretti

18:00 Contacto diabólico, de Alfred Sole

20:00 Parador Retiro, de Jorge Leandro Colás

22:00 Iraqi Short Films, de Mauro Andrizzi

00:00 Re-Animator, de Stuart Gordon

Sábado 6

14:00 La última locura de Mel Brooks, de Mel Brooks

16:00 La balada del desierto, de Sam Peckinpah

18:30 Parador Retiro, de Jorge Leandro Colás

20:00 Del tiempo y la ciudad, de Terence Davies

22:00 Iraqi Short Films, de Mauro Andrizzi

00:00 From Beyond, de Stuart Gordon

Domingo 7

14:00 Marihuana, de Dwain Esper

16:00 Reefer Madness, de Louis Gasnier

17:30 Del tiempo y la ciudad, de Terence Davies

19:00 Historias extraordinarias, de Mariano Llinás

Jueves 11

14:00 Aleluya las colinas, de Adolfas Mekas

16:00 El sol rojo, de Terence Young

18:00 Criaturas celestials, de Peter Jackson

20:00 Nanook el esquimal, de Robert Flaherty +MV

22:00 El mundo perdido, de Harry Hoyt +MV

00:00 Sherlock, Jr., de Buster Keaton +MV

Viernes 12

14:00 Infierno en el Pacífico, de John Boorman

16:00 Traigan la cabeza de Alfredo García, de Sam Peckinpah

18:00 Los amantes del Círculo Polar, de Julio Medem

20:00 Parador Retiro, de Jorge Leandro Colás

22:00 Iraqi Short Films, de Mauro Andrizzi

00:00 Muchacho lobo, de Rod Daniel

Sábado 13

14:00 Homicida, de William Castle

16:00 Más corazón que odio, de John Ford

18:30 Parador Retiro, de Jorge Leandro Colás

20:00 Del tiempo y la ciudad, de Terence Davies

22:00 Iraqi Short Films, de Mauro Andrizzi

00:00 Y… ¿dónde está el piloto?, de Jim Abrahams

Domingo 14

14:00 Los pistoleros del atardecer, de Sam Peckinpah

16:00 Deathsport, de Allan Arkush y Henry Suso

17:30 Del tiempo y la ciudad, de Terence Davies

19:00 Historias extraordinarias, de Mariano Llinás

Jueves 18

14:00 Harlan County USA, de Barbara Kopple

16:00 The Mutations, de Jack Cardiff

18:00 Rock hasta que salga el sol, de Roger Corman

00:00 Rocky Horror Picture Show, de Jim Sharman

Viernes 19

14:00 Greaser's Palace, de Robert Downey

16:00 El ejército de las tinieblas, de Sam Raimi

18:00 Golpe al corazón, de Francis Ford Coppola

20:00 Parador Retiro, de Jorge Leandro Colás

22:00 Iraqi Short Films, de Mauro Andrizzi

00:00 From Beyond, de Stuart Gordon

Sábado 20

14:00 Squirm, de Jeff Lieberman

16:00 La zona muerta, de David Cronenberg

18:30 Parador Retiro, de Jorge Leandro Colás

20:00 Del tiempo y la ciudad, de Terence Davies

22:00 Iraqi Short Films, de Mauro Andrizzi

00:00 Carretera perdida, de David Lynch

Domingo 21

14:00 Furia, de Brian de Palma

16:00 Maryjane, de Maury Dexter

17:30 Del tiempo y la ciudad, de Terence Davies

19:00 Historias extraordinarias, de Mariano Llinás

Jueves 25

14:00 El vuelo de la flecha, de Sam Fuller

16:00 Shock Corridor, de Sam Peckinpah

18:00 La ley del hampa, de Sam Fuller

20:00 El sur, de Víctor Erice

22:00 Fahrenheit 451, de François Truffaut

00:00 Rocky Horror Picture Show, de Jim Sharman

Viernes 26

14:00 Frankenstein conquista el mundo, de Ishirô Honda

16:00 Testigo fatal, de Kathryn Bigelow

18:00 Rambo, de Ted Kotcheff

20:00 Parador Retiro, de Jorge Leandro Colás

22:00 Iraqi Short Films, de Mauro Andrizzi

00:00 Critters 2, de Mick Garris

Sábado 27

14:00 Scanners, de David Cronenberg

16:00 Piraña, de Joe Dante

18:30 Parador Retiro, de Jorge Leandro Colás

20:00 Del tiempo y la ciudad, de Terence Davies

22:00 Iraqi Short Films, de Mauro Andrizzi

00:00 Desaparecido en acción 2, de Lance Hool

 

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